Àlex Gubern
Embajador del independentismo
Iglesias ha acabado comprando a los comunes de Asens y a ERC el referéndum pactado y los indultos exprés, un propósito de distensión a martillazos
La elección de Jaume Asens como candidato de En Comú Podem en las últimas elecciones al Congreso ya prefiguraba que los comunes iban a trasladar a Madrid su perfil más soberanista, una decisión internamente criticada por el sector del partido que entiende que ... lo del nacionalismo, por no hablar del secesionismo, es incompatible con definirse de izquierdas. En ese momento quizás no se comprendió. Ahora queda claro que las piezas han encajado, y Asens en el Congreso, junto a su viejo compadre Pablo Iglesias en la Vicepresidencia, han acabado por conformar una dupla de embajadores independentista inimaginable hasta hace muy poco incluso para el secesionismo más excitado. Cónsules de la secesión, diplomáticos de la ruptura, Iglesias/Asens son dos aprendices de «maulet» ahora precisamente que algunos «indepes» en Madrid y en Barcelona se acuerdan con nostalgia de la vieja CiU.
Abogado histórico del movimiento okupa, fogueado como activista en la antiglobalización, Asens encarna como nadie la comunión entre lo morado y el independentismo sobrevenido; hasta coqueteó en un artefacto llamado Procés Constituent con la monja Forcades, gurú antivacunas convertida por un tiempo en apóstol «indepe». Nada que el lector de ABC esté obligado a recordar, pero sí un detalle para entender en qué extraños mares ha navegado el politiqueo catalán en los últimos años, entre lo temerario y lo lisérgico para acabar en lo delictivo. Asens, entre otros galones, como el de defender a Rodrigo Lanza, presume de haber asesorado a Puigdemont en su fuga: de ahí venimos en Cataluña, y hacia ahí vamos en la política «nacional».
Asens acudía al Congreso a ejercer de puente con el soberanismo, no era ningún secreto. En un papel intercambiable con Rufián, vende en frascos dos por uno la pócima de la plurinacionalidad, el referéndum pactado y los indultos exprés, un propósito de distensión a martillazos que Iglesias ha acabado comprando entero, uniendo su suerte, como capitán atado al timón, a la de quienes propugnan el desgarro territorial.La paradoja es que no son pocos en los comunes, por no hablar del PSC -donde este paquete, al menos una parte, se ve con buenos ojos pero a su debido tiempo-, los que creen que este «arreón» morado en cuestiones de lengua y, sobre todo, en lo relativo a la salida de los presos del 1-O, puede ser venenoso para sus expectativas electorales si se produce antes de los comicios del 14-F. Cuaja la idea de que una salida precipitada de los presos solo contribuiría a movilizar el voto constitucionalista, y no precisamente el del PSC. También el de ERC, aunque esto último con todos los matices. Queda claro, y en el partido de Miquel Iceta lo comienzan a ver con pánico, que el candidato de Iglesias, y por extensión el de Pedro Sánchez, es Pere Aragonès.
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