los martes, toros
La otra batalla del Ebro
Casi noventa comparecientes esperan su turno ante el Parlament en lo que va a ser la otra batalla del Ebro, aunque aquí los bandos y las alianzas en nada van a coincidir con el mapa político acostumbrado. Al tiempo
Artículos escritos por Ángel González Abad en ABC
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Desde la pasada semana han comenzado en el Parlament las comparecencias en el nuevo debate que se ha abierto en la cámara catalana sobre la prohibición de los correbous. O más concretamente sobre frenar tres modalidades de la tauromaquia popular: el correbous a mar, ... el toro ensogado y el toro embolado.
Para algunos puede que sea un debate menor, pero nada más lejos de la realidad en los pueblos del Delta, en donde la cultura del toro está en su ADN, más allá de las siglas políticas que los gobiernan. Y ahí comienza esta nueva batalla del Ebro, que nada tiene que ver con la situación agónica por la sequía que se vive en Cataluña.
El independentismo es hegemónico en toda la zona en donde el toro es el protagonista de la fiesta. Esta situación ya se vivió en 2010, cuando a la vez que el Parlament prohibió contra derecho las corridas de toros, blindó las manifestaciones del toro en la calle. Y así hasta hace unos meses, cuando desde Comuns y la CUP desempolvaron la cruzada urbana contra esa fiesta que se sigue viviendo con pasión en tantos pueblos catalanes. Ahí no han encontrado el apoyo de ERC y de Junts, cuyos alcaldes de las Tierras del Ebro se mantienen firmes en defender lo que exigen sus vecinos. Una larguísima lista de comparecientes se ha preparado para que, a favor y en contra, hagan el paseíllo ante sus señorías. Así hasta la decisión final, pasarán responsables municipales y comarcales, todas las asociaciones y peñas taurinas que dan vida a las fiestas de toros y en contra los antitaurinos encabezados por la inefable Aïda Gascón, tan conocida desde aquel debate del 2010.
Casi noventa comparecientes esperan su turno ante el Parlament en lo que va a ser la otra batalla del Ebro, aunque aquí los bandos y las alianzas en nada van a coincidir con el mapa político acostumbrado. Al tiempo.
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