buenos días, vietnam
A este lado del Pisuerga
Valladolid es un amor que va del blanco y negro al tecnicolor cada octubre cuando se inaugura Seminci

Venecia en blanco y negro como si la acabase de escribir Hemingway, Valladolid a color. Así es como empieza el otoño en Italia y aquí, sólo que uno lo dirige Paula Ortiz y el otro lo escribo yo. Una Venecia con los canales desiertos como ... si fuese la que siguió a la II Guerra Mundial en verdad, un Valladolid con el Pisuerga frío, como no puede ser otra manera. En aquella Venecia que escribió Hemingway, 'Al otro lado del río y entre los árboles', había escasez de casi todo, menos de glamour cuando el coronel Cantwell y Renata bebían Valpolicella, se enamoraban y cenaban en el 'Gritti'. Valladolid tiene glamour cinematográfico una vez al año con un otoño incipiente, que es volver a ponerle abrigo al personal. La gente cuando se pone un abrigo de paño todavía tiene la posibilidad de ser Cary Grant. Y damos todos, con el glamour del otoño a cuestas, un poco mejor a cámara en esta ciudad en la que Charlton Heston fue Rodrigo Díaz de Vivar, donde Bergman era Bergman y a Brad Pitt aún no lo conocía ni Dios en un 1991 en el que vino a presentar 'Thelma y Louise'. Fue entonces cuando en Valladolid se produjo un baby boom si atendemos a todas las vallisoletanas que juran por Snoopy que esa noche le hicieron ojitos y él les hizo el amor.
Y es verdad que Valladolid no es esa Venecia otoñal de Hemingway, esa en la que al coronel Cantwell se le escapa la vida, pero la apura de la única forma que se puede estirar, que es enamorándose. Por el contrario Valladolid es un amor que va del blanco y negro al tecnicolor cada octubre cuando se inaugura Seminci. Aunque este año el festival lo tiene complicado porque lo mejor que se puede ver en una sala de cine es la película que dirige la española Paula Ortiz y que no forma parte del festival. La película es ese estertor del mundo en el que todavía cabe una última ilusión, un primer amor, la literatura, la elegancia y el glamour que le falta a nuestro tiempo, ese que prolifera en medio de la pobreza, como cuando a Seminci la gente todavía sabía cómo hay que ir a un festival, digo aún más, al cine; de esmoquin. Aquella Valladolid en la que Orson Wells bebía ginebra de la madrugada….
En 'Al otro lado río y entre los árboles' tiene especial mérito el guion, que es más de Hemingway que si lo hubiese escrito el mismo Ernest con frases tan certeras como un directo de boxeo: «Llevo la muerte cosida en el forro de la ropa». De aquel libro dijo Tenesse Williams que era «la novela más triste del mundo en la ciudad más triste del mundo». Yo digo que Valladolid es una novela donde todavía cabe un amor largo por el que pasear enhebrados hasta encontrar un cine en el que ver la película de Paula Ortiz y devolverle a Europa el glamour que le falta.
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