Desde la raya
El velo
Ay, si la hermosa Masha Amini, asesinada a golpes en una comisaría de Irán por no llevar correctamente el hiyab, levantase la cabeza
Princesa del Siam
Con vosotras
Mientras el prófugo de Waterloo dispone de las leyes migratorias de España con un Gobierno de pantalones bajados a cualquier precio, a veces creo que voy a despertar de este mal sueño, esta incoherencia que es nuestro país.
Que todo es una broma del imaginario ... donde nada está donde debería, el mundo al revés, este silencio de los corderos que consiente. Esta España que impulsa el paso atrás de las libertades conquistadas en aras del supuesto progresismo.
Ocurría en la Universidad de Granada, atentando contra la pluralidad de pensamiento, la libertad de expresión; los mismos fascistas que dieron al traste con la Cátedra Multidisciplinar de Tauromaquia en Salamanca. Aquí habla quien yo quiero; y al que no, lo silencio, lo señalo, lo anulo. Estudiantes erigidos en policía moral, bien aborregados, bien adoctrinados.
Ocurre con las feminazis que defienden el velo, el hiyab, el burka. Esa cárcel por la que otras mujeres han muerto. Este insulto para las que decidieron no llevarlo y fueron asesinadas por sus propias familias en crímenes de honor. Que no es voluntario, que lo impone el imán, el padre, el marido, el hermano; que la que no lo lleva es maldita, es impura, indigna. Es mujer.
Ay, si la hermosa Masha Amini, asesinada a golpes en una comisaría de Irán por no llevar correctamente el hiyab, levantase la cabeza. Si entonces callaron, ahora escupen sobre su tumba.
Qué pronto se nos olvida aquella pareja de jóvenes asesinadas por ser lesbianas, por quererse sin trampas ni velos. Cómo os calláis cuando las niñas acaban la secundaria y no se las vuelve a ver, obligadas a casarse, cargadas de hijos.
Cómo matáis por segunda vez a las mujeres y niñas cristianas, a las minorías musulmanas alauitas que son víctimas de la cacería de una mala bestia del terrorismo islámico radical en Siria. Una mala bestia que nos vendieron en Europa como un líder honesto que pondría fin a la dictablanda donde convivían sin problema musulmanes, judíos y cristianos.
Hacéis bandera en defensa del velo tirando por tierra el ejemplo de tantas activistas musulmanas que se rebelan sacudiendo sus melenas al viento. Un gesto cotidiano que les puede costar la vida. Sacudir la melena, saberse mujer, proclamarlo al viento.
Vendisteis como adelanto social la supresión de los crucifijos en las aulas -lo normal en un estado laico- y ahora os manifestáis en favor de un elemento que priva de identidad, que prohíbe la belleza, que anula a las mujeres. Ni voluntario ni racial; un elemento de imposición religiosa que debería quedar reservado a sus cultos.
No me quiero imaginar a estas hordas si fuese la iglesia católica la que impusiese ese mismo velo a sus fieles. No hace falta. Más allá de la libertad y la dignidad de las mujeres, el problema, el auténtico velo, es el que lleváis en los ojos.
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