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Testigo de cargo, un teatro donde la justicia no reside en la verdad, sino en la mejor historia

Es una obra de teatro que combina misterio y drama judicial escrita por Agatha Christie y basada en su relato corto homónimo

Fernando Guillén Cuervo, en 'Testigo de cargoj javIER NAVAL
Antonio Illán

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Testigo de cargo es una obra de teatro que combina misterio y drama judicial, magistralmente escrita por Agatha Christie y basada en su relato corto homónimo. Estrenada en 1953, esta pieza rápidamente se consagró como un clásico del género, gracias a su intrincada narrativa y los giros inesperados que son característicos de la autora. En este juego teatral, la verdad no pertenece a quien la dice, sino a quien logra contar la historia más convincente. Llevada al escenario con la calidad y el talento del excelente elenco de Producciones Teatrales Octubre, la obra garantiza dos horas de atención ininterrumpida, repletas de sorpresas, razonamientos lógicos, intuiciones brillantes, certezas engañosas y mentiras hábilmente tejidas. Estamos ante una obra maestra del teatro de misterio, no solo por su trama fascinante, sino también por la profundidad psicológica de sus personajes y su magistral manejo del suspense. ¡Sin duda, una joya para los amantes del género! Es un espectáculo teatral espléndido que revive el eterno teatro dialéctico, ese que fascina y nunca pasa de moda.

La trama de Testigo de cargo gira en torno a Leonard Vole, un hombre acusado del asesinato de Emily French, una acaudalada viuda que, poco antes de su muerte, lo había designado como su principal heredero. Leonard, con su encanto y actitud afable, genera dudas sobre su verdadera naturaleza, dejando su culpabilidad o inocencia en suspenso hasta el desenlace. La defensa de Vole queda en manos de Sir Wilfrid Robarts, un abogado astuto y experimentado que se enfrenta a un caso aparentemente imposible de ganar, cargado de pruebas circunstanciales y agravado por el sorprendente testimonio de la propia esposa de Leonard, Romaine. En un giro inesperado, Romaine actúa como «testigo de cargo», declarando en contra de su marido. Su enigmática personalidad, marcada por su frialdad y un aire de misterio, se convierte en un eje crucial de la historia. A medida que el juicio avanza, el caso se transforma en un juego de ingenio, manipulación y estrategia, donde cada movimiento es clave. La trama culmina en un desenlace sorprendente que no solo desafía las expectativas, sino que deja al público completamente atónito y desconcertado.

La versión deRoberto Santiago, bajo la dirección de Fernando Bernués, enriquece la obra con todos los elementos necesarios para destacar su inherente capacidad de mantener la tensión y el suspense en todo momento. Utilizando el formato del juicio como un escenario dinámico y lleno de dramatismo, esta adaptación se convierte en una experiencia cautivadora. Los diálogos, incisivos, ágiles y reveladores, atrapan de inmediato la atención del espectador. La autenticidad escénica y la verosimilitud alcanzadas por los actores con su sobresaliente desempeño, junto con los inesperados giros argumentales, generan un impacto emocional que mantiene al público en vilo. El desenlace, piedra angular de toda la estructura teatral, termina por culminar una experiencia teatral que el espectador disfruta en todo momento.

En una obra como esta, la interpretación se erige como el auténtico eje del éxito. Sin duda, el trabajo creativo y único de cada personaje es lo que diferencia esta función de otras, incluso de las conocidas adaptaciones cinematográficas. La sobresaliente interpretación coral brilla especialmente, ya que cada actor y actriz aporta una paleta de matices a sus personajes, desde los gestos más sutiles hasta la expresividad de la voz. Fernando Guillén Cuervo destaca con una originalidad única, perfilando un personaje de abogado que podría considerarse uno de los grandes papeles de su carrera. Isabel Stoffel, en el papel de Romaine, dota a su interpretación de un sello distintivo, una personalidad cautivadora y un porte escénico que domina cada situación. Por su parte, Bruno Ciordia, como Leonard Vole, consigue la difícil tarea de engañar al público, un logro que constituye el mayor elogio a su actuación. Adolfo Fernández, con simpatía, naturalidad y un impecable toque británico, da vida a sus personajes de juez y mayordomo con una soltura admirable. Aunque con menos protagonismo, también se destacan las excelentes interpretaciones de Markos Marín como fiscal, María Zabala en la piel de la procuradora, JoséComeán como inspector y Nerea Mazo en sus roles de pianista y novia de Leonard. Cada uno de ellos contribuye a un espectáculo inolvidable, donde los matices y el talento colectivo mantienen al público totalmente cautivado.

La puesta en escena, minimalista pero ingeniosa, se compone de una pantalla de proyección como telón de fondo y unos asientos estratégicamente dispuestos, logrando que la atención se concentre completamente en las interpretaciones de los personajes y en el desarrollo de la narrativa. Sin embargo, el espacio escénico diseñado por Fernando Bernués adolece de cierta indefinición, ya que el gran lienzo blanco ubicado al fondo del escenario pierde impacto visual. Sobre este lienzo, que actúa como un folio en blanco, se proyectan dibujos muy significativos y breves textos acompañados por el sonido del teclado de una máquina de escribir. Estas acotaciones escénicas cumplen la función de enmarcar la acción y aportar contexto. No obstante, su eficacia se ve limitada por dos problemas: el reducido tamaño de las letras y el breve tiempo en pantalla, lo que dificulta en gran medida su lectura y disminuye su aporte a la experiencia global del espectador.

Testigo de cargo es una obra que, por el tema que aborda, podemos considerar de absoluta actualidad, al poner de relieve las contradicciones y desigualdades de una «justicia injusta». La resolución del crimen que impulsa la trama sirve como un revelador escaparate de las miserias humanas. Agatha Christie, con maestría, despliega en su texto una rica variedad de personajes que encarnan diferentes aspectos de la condición humana, dejando entrever una clara crítica social dirigida, en principio, a la sociedad británica de la época, aunque fácilmente extrapolable a una dimensión universal y atemporal. El público, que llenó hasta el último asiento en el Teatro de Rojas, no dudó en expresar su entusiasmo de pie, con prolongados aplausos, reconociendo tanto la calidad del texto como el excelente desempeño interpretativo. Fue una de esas funciones en las que, por unanimidad, se celebró el arte escénico en su máxima expresión.

Título: Testigo de cargo. Autor: Agatha Christie. Versión: Roberto Santiago. Dirección y espacio escénico: Fernando Bernués. Intérpretes: Fernando Guillén Cuervo, Isabelle Stoffel, Bruno Ciordia, Adolfo Fernández, María Zabala, Markos Marín, José Cameán y Nerea Mazo. Iluminación: Ciru Cerdeiriña. Vestuario y caracterización: Elda Noriega (AAPEE). Música original y audioescena: Orestes Gas. Diseño audiovisual: David González. Producción: Producciones Teatrales Octubre. Escenario: Teatro de Rojas.

SOBRE EL AUTOR
ANTONIO ILLÁN ILLÁN

Licenciado en Filosofía y Letras. Catedrático de Enseñanza Secundaria de Lengua Castellana y Literatura. Escritor y poeta. Antonio Illán Illán es premio especial Teatro de Rojas 2024

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