impertinencias liberales
La pretensión del conocimiento
La sola pretensión de obtener unos beneficios no garantiza su consecución, como bien debería saber ya a estas alturas el presidente
F. A. Hayek tituló su conferencia de aceptación del Premio Nobel de Economía de 1974 «La pretensión del conocimiento», donde criticaba la intención de muchos economistas de aplicar métodos de las ciencias físicas para el análisis y las previsiones económicas. Volvería a ello en su última obra, «La fatal arrogancia». Paulino Rivero desconoce ambos trabajos y es una lástima. Solo así pueden entenderse algunas afirmaciones hechas por el presidente del gobierno regional. Por ejemplo, y tras una reunión con la Fecai —cabildos— y Fecam —ayuntamientos—, Rivero se mostró convencido de la utilidad de una comisión de expertos externos que trabajará en la elaboración de un documento en el que se definirá la reforma de la administración canaria a partir de dos premisas básicas, a saber, que no sobran municipios y que no despedirán trabajadores. Añadió en sus explicaciones que no sabía «cuál va a ser su coste», pero lo que sí sabía «es que va a producir un beneficio, porque la propuesta está encaminada hacia la obtención de ahorro en el coste público», afirmación notable que adolece de un ejercicio de fatal arrogancia. Sin precios, es imposible el cálculo económico y no parece tan evidente como pretende que, sin conocer los costes, puedan establecerse cuáles serán los beneficios. Por otro lado, la sola pretensión de obtener unos beneficios no garantiza su consecución, como bien debería saber ya a estas alturas el presidente.
Otro ejemplo; en un encuentro con empresarios turísticos del Sur de Gran Canaria, Rivero garantizó que su gobierno «no permitirá que los empresarios que no modernicen sus instalaciones perjudiquen al resto que sí lo ha hecho» y que estos últimos «tienen sus establecimientos llenos al 100%». Sin entrar a valorar las medidas que podría adoptar para obligar a empresarios privados, su afirmación de que el lleno sigue a la reforma tiene muy poca lógica en estos momentos, donde los establecimientos se han ocupado en función del desvío de turistas de otras zonas conflictivas y a unos precios medios bajos. Sí se podría estar de acuerdo en que es ahora cuando se benefician los establecimientos de más reciente construcción. Habría que pararse a pensar un momento —cualidad ausente en algunos políticos— para concluir que si fuese cierto que los establecimientos están llenos y a precios altos, muy tontos tendrían que ser los empresarios que, viendo esa oportunidad de ganancia, no acometiesen las reformas de manera inmediata con el fin de incorporarse a tan extraordinario festín.
Twitter: @antoniosalazarg
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