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Sociedad

La trampa de las nuevas adicciones en Córdoba: «Los bancos me empezaron a comer; compraba para todos»

Las compras compulsivas y los menores se cuelan en los nuevos perfiles de adicciones que trata la Asociación Cordobesa de Jugadores en Rehabilitación

Más de 200 cordobeses, el 80% veinteañeros, están en tratamiento por su adicción a los juegos 'online' y ruletas

El tratamiento pionero para menores adictos a las redes sociales está en Córdoba

Una mujer consulta una tienda de ropa 'online' desde su ordenador VAlerio Merino

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Eduardo y Amalia son nombres figurados. El primero tuvo graves problemas con las tragaperras. La segunda con las compras compulsivas. En ambos casos hace más de dos décadas. Los dos son pacientes de la Asociación Cordobesa de Jugadores en Rehabilitación (Acojer) la primera de España en su género, pues dio sus primeros pasos en 1988, impulsada por Antonio Álvarez, Agustín Santos y Francisco Gil.

Desde entonces, la lucha contra la ludopatía ha cambiado enormemente. De perfiles maduros con problemas con las máquinas de los bares o el bingo, se ha pasado a gente mucho más joven, convirtiéndose las apuestas en el 60% de los afectados a los que ayuda esta entidad.

«El perfil que tenemos hoy día está entre los 20 y los 30 años», explica el presidente de Acojer, Salvador Secilla. «En los últimos 25 años, al bingo o las tragaperras se han ido añadiendo los videojuegos, los juegos a través de internet, la adicción a las compras compulsivas, tenemos incluso adictos al tarot o al sexo; pero sobre todo están las apuestas deportivas, que son algo avasallador y criminal», precisa Secilla.

En este sentido, el presidente de la asociación reconoce que, en estos momentos, el 60% de los pacientes proceden de la adicción a las apuestas deportivas. El panorama, por tanto, ha cambiado muchísimo y a peor, hasta el punto de la puesta en marcha de terapias para menores, sobre todo por el caso de los videojuegos,que «están completamente vinculados al fracaso escolar». Otro porcentaje importante se lo llevan las compras, no por internet, sino presenciales.

Este es el caso de Amalia, especialmente curioso porque se traduce en una utilización obsesiva de las tarjetas de crédito, ya fueran de fueran de Carrefour, Corte Inglés, Cofidis o Cetelem. Y, junto a ello, una amplia gama de productos: «Lo mismo compraba ropa, que compraba oro, que escogía los mejores hoteles para irme de vacaciones, que me gastaba un dineral en el supermercado... y al día siguiente iba al supermercado otra vez».

Adicciones

Además, gran parte no era para su provecho, es decir, no compraba para ella, sino para su familia, como hijos o nietos. «Mi problema ha sido comprar para otras personas, para mí ha sido bien poco». Este punto no fue óbice para que la adicción se convirtiese en un verdadero problema: «los bancos empezaron a comerme», recuerda Amalia. «Mi hermano incluso tuvo que avalar un préstamo poniendo su piso para poder pagarlo todo».

Tras un primer intento en Acojer hace mucho tiempo, desde el pasado mayo ha conseguido estabilizar su situación, que estaba asociada también a un consumo inadecuado de alcohol desde la mañana. Dio el paso gracias a su hija y su hermana, después de años en los que su situación fue posible gracias a tejer una red de mentiras.

«Hemos sido especialistas en la mentira», afirma Eduardo, adicto a las tragaperras durante lustros, quien reconoce que dejarlo le costó «la misma vida». Sus gastos llegaron a ser enormes, hasta el punto de alcanzar los 600-700 euros en un día. «Lo que más me costó fue aceptar que tenía un problema, para mí lo tenían los demás».

«Para esta adicción no hay pastillas. No sólo me afecta a mí, sino a toda la familia. Engañamos, mentimos y ocultamos»

Su recuperación pasó por dejar el control del dinero en manos de su esposa y, por supuesto, por acudir a las terapias de Acojer porque «para esta adicción no hay pastillas como para el tabaco, las drogas o el alcohol». Eduardo llama la atención sobre los efectos de la ludopatía, «es un problema que no sólo me afectaba a mí, sino a toda la familia, es una enfermedad silenciosa, porque engañamos, mentimos y ocultamos».

Ambos consideran a Acojer como su nueva casa o familia, e igualmente llaman la atención sobre los pacientes que acuden a la organización, cada vez más jóvenes, como indicamos, por las apuestas o videojuegos. Pero crece la alarma con nuevas posibilidades: «las redes sociales están haciendo mucho daño, por ejemplo con la adicción al tik-tok», señala el presidente de Acojer, Salvador Secilla.

Todo ello está generando una situación distinta completamente a la de hace tan sólo 25 años. El bingo ha cedido este problemático testigo a las apuestas, juegos on-line o salones de juegos. «Estamos peleando David contra Goliath», afirma Secilla en este sentido, dando a entender que muchas empresas de juegos actúan como verdaderos lobbys, consiguiendo que la Administración claudique ante ellas.

El presidente de Acojer también advierte sobre un problema añadido: las deudas. Es frecuente que alcancen de media de 30 a 40.000 euros, y muchas veces con prestamistas, no con entidades bancarias. Ante todo ello se erigen las terapias de la organización, tanto individuales como colectivas junto a familiares. Sus efectos consiguen que el ludópata consiga salir de la adicción en un año o año y medio.

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