«Txapela», a la pantalla

ABC
MADRID. Distintas ciudades andaluzas -antes lo hicieron Madrid, el País Vasco o capitales de Castilla-La Mancha- han acogido estos días la proyección del documental titulado «La hija del mar», una cinta en la que se intenta recuperar la «memoria» del sanguinarion pistolero del «comando Goierri Kosta» Mikel Goikoetxea, alias «Txapela», asesinado en 1983 por los mercenarios de los GAL, cuando impunemente trabajaba como camarero en un bar del sur de Francia.
Según la sinopsis, el origen de la película está en el deseo de la hija del etarra, Haizea, de conocer a su padre a través del testimonio de quienes le trataron, ya que ella tenía dos años cuando fue tiroteado en la barra del bar de San Juan de Luz en la que se ganaba la vida dispensando «txikitos». «Txapela» coincidió en el «comando» con otros sanguinarios pistoleros, entre ellos, José Luis Eziolaza Galán, «Dienteputo», a quien se sitúa entonces en la dirección de ETA.
El 16 de junio de 1981 se encontraban en un piso de Zarauz cuando advirtieron que estaban siendo rodeados por la Policía. En su retirada, se ocultaron en el rellano de la escalera y cuando por ella subía la agente María Josefa García Sánchez, de 23 años, «Txapela» le disparó en la nuca y a bocajarro, provocándole la muerte en el acto. Los dos terroristas lograron huir y siguieron cometiendo atentados. Evidentemente, Haizea quedó huérfana de referencias de su padre, porque con toda seguridad, nadie fue capaz de contarle sus miserias. Y claro, ignorante ella, quiso recuperar la memoria de su padre. Pidió al realizador vasco Josu Martínez un documental basado en testimonios y, al final, le ha salido una película de ciencia ficción, en la que cualquier coincidencia del protagonista creado con la tozuda realidad es mera coincidencia.
Como botón de muestra, una de las convocatorias de la proyección, firmada por la denominada Corriente Roja: «Haize Goikoetxea es la hija de una transición no acabada. Hay muchos casos similares. No es sólo la historia de las víctimas del GAL, no; también es la de las hijas e hijos de presos y presas políticas, de las personas torturadas, de las desaparecidas, de las refugiadas, de las deportadas... ¿Cuantas son? ¿Cómo viven esa historia?». El documental -añadían- «es una parte de nuestra historia y no la podemos olvidar. Si lo hacemos, estaremos condenados a repetirla».
En otra reseña de la izquierda abertzale se afirmaba que el director «ha logrado transmitir de una forma conmovedora todo el drama humano que han sufrido y que sufren miles de vascos por el sólo hecho de adquirir un compromiso político con la liberación nacional y social».
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