La tortuga de Aquiles
Los funcionarios aseguran contra las evidencias que los controles legales de la Generalitat eran perfectos

Cuenta Diógenes Laercio que Zenón de Elea, discípulo de Parménides, fue introducido en un mortero y machacado tras decirle la verdad a un tirano llamado Nearco. Pero el filósofo no ha pasado a la historia por su triste final sino por haber sido el padre ... de la famosa paradoja que se conoce como «La tortuga de Aquiles». Zenon sostenía que Aquiles nunca podría alcanzar a una tortuga que estuviera a un centenar de metros porque la distancia que los separa es susceptible de ser dividida en infinitos segmentos.
La paradoja apunta a la conclusión de que el movimiento no existe y que se trata de una percepción engañosa de nuestros sentidos. Pero el movimiento existe, como nos demuestra la experiencia cotidiana, por lo que el razonamiento de Zenón es una falacia.
Ayer el jefe de los servicios jurídicos de la Generalitat y la directora general de Contratos dieron un curso magistral en el Supremo para convencer de que la maquinaria administrativa para la que trabajan ejerce un absoluto control de los procedimientos y de los gastos.
Todo se ajusta a una perfecta legalidad y e s imposible desviar ni un sólo euro porque hay una indiscutible trazabilidad de todos los contratos, que son supervisados por una docena de funcionarios y departamentos, según su testimonio.
Frente a la demostración teórica de que el sistema no permite ningún tipo de fraude o irregularidad, está el hecho de que la Generalitat malversó decenas de millones de euros en el «procés». Y para constatarlo, no hay más que leer los informes del Tribunal de Cuentas.
No hay facturas de las urnas, la propaganda y el material de la consulta organizada por la Generalitat, pero el sentido común indica que no es posible creer la tesis de Turull de que todo sucedió de forma milagrosa. Como los efectos suelen tener sus correspondientes causas, parece lógico deducir que la Generalitat pagó de alguna forma lo que encargó a sus proveedores.
Lo mismo que un defraudador fiscal no deja constancia de los impuestos que evade en su declaración, el Govern borró todos los rastros de sus actuaciones ilegales. Esa es la explicación a una paradoja que no es más que una simple falacia.
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