Ruta suicida
¿Acierta Casado al cambiar de rumbo? Rivera se ha quedado a un suspiro del sorpasso y su trayectoria es emergente.

¿A qué pirado se le ocurre pensar que lo que pasó en las urnas el 28 de abril no va a tener consecuencias el 26 de mayo? Y si las tiene, ¿cómo mediremos cuáles son? Lo del CIS es material inservible porque el trabajo ... de campo de su macro encuesta es previo a que se celebraran las elecciones generales. Los 18.000 encuestados de Tezanos no sabían, cuando fueron entrevistados, si Vox era un peligro real, si Podemos se iba a hacer puñetas, si el PSOE seguía hipotecado por el apoyo independentista, si Ciudadanos bajaba o crecía o si el PP se partía la crisma. Y hete aquí, oh, sorpresa, que sin saber nada de eso ya habían decidido votar una cosa en abril y otra muy distinta en el mes de mayo. ¡Venga, hombre, a otro perro con ese hueso!
Según los resultados del 28 de abril, la llamada suma de las tres derechas superaba el 50% de los votos en siete de las 12 Comunidades donde ahora se celebran elecciones autonómicas. El PSOE perdía tres de sus feudos más preciados: Aragón, Extremadura y Castilla-La Mancha. Un palo, vaya. Pero la predicción del CIS es muy distinta. ¿Por qué? ¿Acaso los aragoneses o los extremeños, mientras se aprestaban a expresar un deseo mayoritariamente conservador en las elecciones generales reservaban para un mes más tarde la apuesta contraria? ¿Es razonable pensar que en Castilla y León la derecha va a perder en un mes 17 puntos? ¿O 9 en Madrid capital? ¿O más de 7 en Castilla-La Mancha? Cuando el chamán se pasa de copas la brujería no sirve para nada.
¿Acierta Casado al cambiar de rumbo? Desde el 28 de abril ha hecho todo esto: llamar extrema derecha a Vox, bajar el tono contra Sánchez después de haberse prestado a la escena del sofá, retirar a Aznar de la campaña en beneficio de Rajoy, desechar a Cayetana como portavoz parlamentaria, peregrinar a Galicia para ganar la indulgencia de Feijóo y forcejear con Rivera la primogenitura del centro. Que ese giro a la desesperada vaya a beneficiar al PP es algo que las encuestas aún no han podido predecir con suficiente fundamento. Hasta que no se publique alguna que se haya molestado en medir el impacto de esos ajustes en el electorado de la derecha no hay más remedio que recurrir al sentido común para arriesgar la respuesta.
La situación creada suscita varias dudas. Primera: ¿los votantes de Vox están mucho, poco o nada arrepentidos de haber contribuido a la victoria del PSOE? Muchos de ellos, casi un millón, ya saben que su papeleta sirvió para castigar al PP y para premiar a Sánchez, pero no para acercar a Abascal a posiciones de poder. ¿Están dispuestos a modificar su voto? Y si fuera así, ¿les anima a hacerlo el hecho de que Casado, después de haberles reñido, haya levantado el pie del acelerador de la crítica al sanchismo? Segunda duda: ¿hay desánimo en el electorado de la derecha? ¿Anida en él la tentación abstencionista en vista de la hecatombe sobrevenida? ¿Se producirá esa temida desmovilización que puede mandar al garete el resultado del partido de vuelta?
Y tercera duda: ¿el millón y medio de votantes que emigró de las urnas del PP a las de Ciudadanos el 28 de abril, se replanteará el apoyo a Rivera ahora que Casado ha decidido disputarle la legitimidad centrista? Pincho de tortilla y caña a que la respuesta a las preguntas primera y tercera está más cerca del no que del sí. Rivera se ha quedado a un suspiro del sorpasso y su trayectoria es emergente. ¿Quién prefiere apostar, si duda entre dos opciones, por la que va hacia abajo? En cuanto a la segunda pregunta, la de la abstención, en ella reside -creo yo- el meollo del asunto. Fragmentándose, la derecha se disparó un tiro en el pie y ahora puede dispararse otro en la cabeza si se rinde. ¿Lo hará? Hay veces que las pulsiones suicidas son irrefrenables.
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