Rosa, de «Operación triunfo»: «No seremos cantantes de un solo verano; esto es para toda la vida»
Se llama Rosa, el próximo 14 de enero cumplirá veintiún años y es la favorita de los más de seis millones de espectadores que los lunes siguen las eliminatorias de «Operación triunfo». Desconoce la verdadera dimensión del fenómeno que protagoniza junto a sus compañeros de clase y asegura que es consciente, respecto a su suerte, «de que las cosas pueden cambiar; yo no hago nada para que la gente me adore, no lo entiendo».

Cada semana es, gracias al voto del público, la primera en salvarse de la quema y la poda del jurado de «Operación triunfo». Carece así del juicio de la industria discográfica, pero cuenta con el favor de la audiencia, lo más relevante en el medio televisivo. «Eso hace que me sienta bien, aunque esta situación tiene el lado amargo de ver cómo se van mis compañeros... Cada lunes espero que sea otro el afortunado, pero qué va, antes de salir al plató, los demás se dicen entre ellos: «otra vez la Rosa»», comenta la concursante granadina, centro de todas las miradas y escuchas en el programa más exitoso de la temporada y, también, el más caro del mercado publicitario, con precios por campaña que llegan a rozar los once millones de pesetas.
-¿Sabe lo que ocurre ahí fuera, cuánta gente los ve los lunes?
-No tengo ni idea, y tampoco me preocupa. Quizá cuando salga me impacte, pero mi único contacto con el público es a través de la gala, con la gente que acude al plató a aplaudir.
-Vigilada y grabada por las cámaras, ¿no se considera la nueva distracción del público?
-No somos el pasatiempo de nadie. Hacemos un trabajo muy serio, y no para un día o para dos, sino para toda la vida. Sabemos que este mundillo de la tele tiene ese lado de entretenimiento, pero nos esforzamos para no darnos cuenta de nada.
-En «Gran Hermano» había sexo, drogas legales y rock and roll. Aquí, ¿cómo se divierten?
-Sólo trabajamos. Nos vemos a la hora de la comida, de la cena, antes de dormir, y estamos reventados... No hay tiempo para más. Nos queremos, pero los besos nos los mandamos desde muy lejos. La única distracción es la película que nos ponen el sábado por la noche.
-Serán buenas, al menos.
-Sí, el otro día fue «Billy Elliot».
-¿Y telediarios?
-Los ponen, pero prefiero no ver las noticias porque suelen ser malas. Yo, a lo mío, a currar.
-¿No se siente un objeto en manos de la potente industria discográfica, capaz de fabricar un artista contrahecho y de laboratorio, listo para el éxito inmediato?
SIN DISFRACES
-Tengo la seguridad de que no vamos a ser cantantes de un solo verano... Nos enseñan para aguantar, para estar al pie del cañón toda la vida. No creo que estén intentando cambiarnos: nos enseñan técnica pura, pero el arte lo ponemos nosotros. Además, no sé cómo es la industria... Estoy empezando en esto y, cuando llegue el momento, le comentaré cómo me va.
-Sin tanta academia y menos parafernalia, los concursantes de «Lluvia de estrellas» lo hacen muy bien, y alguno ha llegado alto.
-Mis padres querían que me presentara, pero yo me negué siempre a ir a ese programa... Para salir en la tele tengo que hacer algo mío y ser yo misma, no una imitadora.
-Pero ustedes interpretan canciones ajenas.
-Sí, pero a nuestro estilo, sin tener que disfrazarnos de nada.
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