«Que no toquen a la sotillana»
ABC viaja al pueblo de los ancestros de Isabel Díaz Ayuso el mismo día que 4.000 personas piden ante la sede del PP de la calle Génova la dimisión de Pablo Casado y Teodoro García Egea
Editorial ABC | Casado, una dimisión obligada
La crisis del PP, en directo
Sotillo de la Adrada, cuna familiar de Isabel Natividad Díaz Ayuso en un domingo de febrero, soleado, tiene la paz del pueblo en el que los almendros han florecido a la sombra de las moles de Gredos. Después de manifestaciones a favor, alguna en contra, ... Sotillo de la Adrada es feudo ayusista en el hipotético caso de que el mapa de la Comunidad de Madrid se moviese un poco hacia el Oeste. En una avenida con Palmeras según se viene de Madrid, el sotillano de todas las edades se solea en esos instantes de paseo previo al aperitivo. Las cosas de Madrid no sólo se quedan en la Comunidad; por eso José María Aparicio le da al cronista hasta su número de DNI si este se lo pidiera preguntado por Ayuso, su hermano Tomás y Daniel Alcázar Barranco, el tercero en discordia. José María se sujeta a su cayado y, agarrándose en su esposa, se saca del bolsillo un llavero de Vox, gastado por el tiempo y los sudores. El gesto no puede ser más elocuente, pero Aparicio abunda: «Es la única (por Ayuso) que los tiene bien puestos, hablando en plata». Su esposa, Ángela García García, sonríe y asiente. Respecto a la coyunda del PP y Vox, nuestro interpelado es taxativo: «Que se unan y dejen de marear la perdiz, y te lo dice uno que no es afiliado a ningún partido». La octogenaria pareja, se despide con simpatía castellana, y se va del corazón a sus asuntos. En Madrid, a esa hora, 4.000 personas rodean la sede del Partido Popular exigiendo la dimisión de Casado y Egea. Acaso porque la política también tiene sus coincidencias. Y en domingo. Y en febrero.
Pero volvamos a Sotillo. Sotillo de la Adrada está edificada junto a una larga carretera que casi tiende a infinito. Llena de terrazas y de sotillanos más o menos habladores. Un veinteañero se medio espanta al ver las dos cámaras de ABC, no quiere dar su nombre («no puedo», confiesa) aunque con su compañero y los reporteros pega la hebra después. «Está consiguiendo todo lo que quiere», apunta. Su amigo Roberto, mientras, sí se deja grabar aunque poco aporta a esta encuesta de domingo. «Yo opinar no opino nada, soy apolítico». Aunque apostilla que Ayuso «es una chica muy agradable», que es la opinión con la que Roberto participa en el reportaje. No es un análisis sesudo, pero es que quien más quien menos habla de la «niña Ayuso» como una más. Y con retranca palpable de Pablo Casado y Teodoro García Egea.
Bar familiar
Caminar por Sotillo de la Adrada lleva indefectiblemente al bar familiar de los Ayuso, pero antes damos con Juan Luis Guerra (tal es su nombre), que cuenta una vaga historia de su trato con Díaz Ayuso en la que se mezclan ferias taurinas de los pueblos de alrededor y una exclamación de Juan Luis en defensa de la presidenta de la Comunidad de Madrid: «La conozco desde que estaba en la barriga de su madre; que nadie se meta con la sotillana». Juan Luis ofrece puritos después de su speech y se va a hacer lo que deba hacer en la mañana de domingo. Nadie conoce al tercero en discordia, Daniel Alcázar Barranco, insistimos, y los más viejos así, a tenazón, no lo ubican. Y eso que a fe se les ha preguntado por él.
Ayusista confeso
Y luego el bar familiar de los Ayuso, ‘La Laguna’. Un cartel electoral de la política mira de frente, algo desvencijado, al Bar Madrid, que echó el cierre. No obstante el restaurante está regido por un ayusista confeso, Miguel Ángel, gerente, que sigue en régimen de alquiler con el bar del Tío Paco «donde antaño se sellaban las quinielas». La parte de arriba del establecimiento está deshabitada, pero el cartel de Ayuso y una bandera del Real Madrid desafían el suave viento avileño. El propio gerente nos viene a presentar a sus clientes más televisivos. Uno arroja el ABC a la mesa de sus conmilitones con un «ahí tenéis el futuro de vuestro Casado». Con la portada bajo el volcán. Alguien cita la manifestación de Madrid y en el cercano centro de la tercera edad todos fantasean con conocer a la presidenta de una vez, un verano, que los visitó.
Ayuso tiene su feudo a cuatro pasos de la linde de la Comunidad de Madrid. Un local se intitula «2 de Mayo» y se va haciendo verdad un consejo que nos dieron a primera hora en el pueblo: «Nadie os va a decir nada». De momento, en el reportaje figuran los ancestros de la política y una sociología urgente de lo que opina su pueblo. Juan Luis Guerra, recuerden, hasta «daría la vida por ello».
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