Contracrónica
El filósofo en el asfalto
Gabilondo es el único político en estas elecciones que puede mencionar a Kant sin resultar pedante
Caminante, no hay camino. Se hace camino al andar. Los versos machadianos podrían ser el lema de la campaña que acaba de iniciar Ángel Gabilondo , que ayer recorrió las calles de Alcobendas. Había más periodistas que público, pero eso no le incomodó al ... candidato del PSOE . No está en una carrera por el poder sino en una lucha contra los elementos.
Llega puntualmente a un pub irlandés llamado Saint Patrick's. No le espera una bandera roja sino un cartel verde que evoca las praderas de Irlanda. Se sienta con el alcalde y con varios colaboradores unos minutos para tomar un café. Y hace el gesto misterioso de colocar la mano unos centímetros por encima de la taza como si quisiera conjurar alguna amenaza.
Me topo con él, sonríe y deja caer una ironía: «Estoy en un momento muy difícil de mi existencia». Me dice uno de sus asistentes que anteayer recurrió a una cita de Séneca en un mitin. Gabilondo es el único político en estas elecciones que puede mencionar a Kant sin parecer pedante.
No en vano ejerció durante muchos años de catedrático de Filosofía en la Autónoma de Madrid . Antes había ingresado en los corazonistas, donde impartió clases en el colegio de Chamartín. Algunos padres de los alumnos le recuerdan como un defensa duro y leñero, pero siempre noble. El fútbol y los clásicos son sus dos grandes pasiones.
«¿Es Gabilondo el esclavo y Sánchez el amo? Puede que el candidato se sienta así, pero no lo demuestra»
Gabilondo es uno de los pocos políticos al que uno compraría un coche de segunda mano. No pierde la ocasión en su intervención en la plaza del pueblo de reivindicar un humanismo que define como «no dejar a nadie atrás». Aprovecha para prometer que, si gobierna, subirá en 400 euros las pensiones no contributivas .
Las calles de esta ciudad periférica de 116.000 habitantes están vacías. Tal vez sea por la hora de la mañana. Pero el candidato va entrando en los pequeños comercios. Charla con Graciela, la dependienta paraguaya de Rancho Tejano, una tienda de ropa, que le pide ayuda para el sector. Accede también a un establecimiento de ropa escolar, tal vez impulsado por su amor a la enseñanza.
El cielo está azul y la temperatura es tibia y agradable pese a que el termómetro de Amparo Asesores marca 40 grados. Gabilondo viste un traje de color azul oscuro, lleva corbata y sólo se quita la mascarilla para la intervención final.
Durante unos segundos hablamos de Foucault y de la filosofía francesa, pero se acerca un ciudadano para saludarle y la charla queda interrumpida. Me viene a la cabeza la idea de la conciencia desgraciada acuñada por Hegel, su filósofo favorito, que hace referencia al desgarro existencial. Esta noción la utilizó Hegel en su dialéctica del amo y el esclavo. ¿Es Gabilondo el esclavo y Sánchez el amo?
«Estoy en un momento muy difícil de mi existencia»
Puede que el candidato se sienta así, pero no lo demuestra. Su discurso es convincente, está bien estructurado y rehúye cualquier confrontación. Reprocha a Díaz Ayuso que calificase de «mantenidos» a quienes están en las colas del hambre.
Se refiere a la pandemia , a las políticas para sacar Madrid de la crisis, al progresismo centrado que no de centro que representa y a otras cuestiones. Pero responde a una pregunta con palabras que le salen del corazón: «Un debate como el de Telemadrid se prepara desde el momento en el que uno nace».
Y es que Gabilondo no concibe la política como un espectáculo ni una competición. Es una actividad que le permite sacar lo mejor de sí mismo. Lo cree y esa es su fuerza, aunque le consideren soso, feo y sentimental . Pero muchos de los madrileños que le aprecian y le respetan no le van a votar. Ese es su drama.
Señala que las encuestas están muy reñidas y que el resultado depende de los indecisos. «No pido el voto. Ningún demócrata es mi enemigo», asegura. Y pone a Alcobendas como ejemplo de una ciudad en la que todos conviven sin importar su origen o sus ideas.
El fallo del candidato
Si este país fuera Alemania y la política obedeciera a las leyes de la razón, Gabilondo ganaría las elecciones . Pero aquí hay pasión, emociones, golpes bajos. Y a eso no sabe jugar este hombre, al que su partido no le está ayudando. La duda metódica es si Sánchez le votará el próximo día 4.
No parece sentirse cómodo con la idea de que los comicios van a ser una partida entre dos bandos, una elección entre ese «comunismo o libertad» que plantea la presidenta. Su apuesta de una tercera vía resulta muy arriesgada en una comunidad tan polarizada por la pandemia.
Nada más llegar a Alcobendas Gabilondo ha saludado a los periodistas con este preámbulo: «Aquí estoy para que veáis que no soy un doble». Su partido le ha querido convertir en un avatar, pero él se resiste. Está ahí y defenderá la plaza.
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