Artur Mas golpea tres veces
Tras neutralizar al PSC y ERC con su gobierno transversal, prepara su sucesión y amplios poderes para su núcleo duro

Alguien de la vieja guardia socialista calificó hace tiempo a Artur Mas de «peregrino político» porque, según dijo, «empezó reflejándose en Clinton, después en Obama y ahora en Sarkozy». Mas nunca ha dejado de mirar al presidente americano, pues no en vano, sus «dircom» siempre se han inspirado en el marketing estadounidense. Incluso podrían verse semejanzas en esa apuesta por rodearse de asesores independientes en materia de economía y salud. Pero a quien realmente ha acabado emulando es a Nicolás Sarkozy, y no sólo en algunas políticas neoliberales, sino en el fichaje de un socialista para la Consejería de Cultura, Ferran Mascarell, quien ya fue titular de ese departamento en el gobierno de Pasqual Maragall.
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El PSC, que para seguir con los símiles náuticos que tanto gustan a Mas, quedó tocado en las urnas el 28 de noviembre, ha sido hundido con la «operación Mascarell», fraguada desde hace meses por el líder nacionalista a través del proyecto de Casa grande del catalanismo, una realidad gracias a la transversalidad de un ejecutivo autonómico en el que conviven soberanistas, independientes y un socialista. Hundido porque, con la incorporación de Mascarell, se aborta el intento de los socialistas de presentar a este ex miembro de Bandera Roja como candidato a la alcaldía de Barcelona en las próximas municipales.
«Transición nacional»
Y si la sociovergencia que propició la investidura de Artur Mas se ha instalado en la Generalitat, también lo ha hecho con todos los honores el soberanismo de la nueva Convergència postpujolista, dispuesta ha emprender el camino de la «transición nacional» de Cataluña mediante el derecho a decidir, un discurso en el que no se habla explícitamente de independencia, pero que neutraliza la oposición que ERC pueda hacer.
Consciente del peligro que conlleva convertirse en una mala copia de Esquerra, el «president» ha optado por esa tercera vía consistente en defender un pacto fiscal similar al del País Vasco y Navarra para lograr, ahora sí, una independencia que, según los nacionalistas, permitiría a esa comunidad salir de la crisis. ERC sólo puede objetar que en el plan de Mas no entre la celebración de un referendo de autodeterminación.
Con su nuevo equipo, Mas protege e impulsa a sus hombres de máxima confianza, como Germà Gordó, secretario del Gobierno, pues Presidencia acapara ahora la política exterior — las polémicas «embajadas» de dudosa utilidad—, deportes —selecciones catalanas—y medios de comunicación. En definitiva subvenciones y propaganda, áreas que se han convertido en canales de derroche público. Y pese a las promesas de austeridad de la Generalitat, para CiU resultará difícil renunciar a ese proselitismo.
Y aunque las tareas gubernamentales son las que ahora preocupan al dirigente convergente, éste no deja de mirar de reojo a un partido en el que, a pesar del reciente triunfo, prepara de forma incipiente el camino de la sucesión. Mas no puede volcarse en el control de CDC, pero ha movido fichas en este sentido. Tras la marcha de su mano derecha, David Madí, el hombre fuerte del partido sólo podía ser Felip Puig, con gran predicamento entre las bases convergentes, u Oriol Pujol, hijo del ex presidente catalán Jordi Pujol. Y no es un secreto que las relaciones entre ambos no son excelentes. Hay quien asegura que el proceso de designación del nuevo gobierno se alargó más de lo habitual precisamente por ello. Finalmente será Pujol, presidente del grupo parlamentario de CiU, quien se convierta en el hombre fuerte de Convergència y virtual sucesor de Mas.
Estos movimientos, afirman miembros del partido, se llevaron a cabo en absoluto secreto y sólo Duran Lleida, líder del socio menor de CDC, era informado puntualmente. A pesar de las quinielas, hubo pocos aciertos, casi todos correspondientes a los miembros de la vieja guardia de CiU que accederían al nuevo gobierno. Sobre las piezas claves del ejecutivo como Joana Ortega (Vicepresidenta), Andreu Mas-Colell (Economía) o los independientes, se supo tarde y, según algunos, después que otros candidatos rechazaran la oferta.
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