La tecnología da vida a la medicina de urgencias
Desde el diagnóstico a la mejora de los procesos y la gestión, los proyectos empresariales innovadores ya marcan diferencias en una actividad en la que cada segundo cuenta
Una nueva app ayuda a valorar el nivel de dolor en las personas que acuden a Urgencias para mejorar su diagnóstico y atención

Las nuevas tecnologías han cambiado por completo las dinámicas de multitud de sectores y, como cabría esperar, los casos de uso en el entorno sanitario se han incrementado a una velocidad nunca antes imaginada. Quizá uno de los avances que se le vienen a la cabeza a cualquiera es la cirugía robótica, como la famosa máquina de precisión milimétrica DaVinci, pero hoy en día son muchas las innovaciones que se desarrollan dentro del mundo de la salud, estando en el punto de mira las situaciones de urgencia y emergencia, en las que cada minuto es crucial. Herramientas de gestión hospitalaria basadas en 'machine learning', dispositivos médicos mejorados, drones que portan desfibriladores… los ejemplos de aplicaciones abundan, siempre con la meta de ganar eficiencia en los procesos.
Para hacerse una idea, el tamaño del mercado de la inteligencia artificial en medicina se estima en 9.220 millones de dólares en 2023 y se espera que alcance los 29.240 millones en 2028, según un informe de Mordor Intelligence. El interés está ahí, por lo que desde diversos frentes emanan los proyectos.
Julianna Ribera, doctora en medicina y bióloga con más de 25 años de experiencia en gestión sanitaria a diferentes niveles, conoció a Ricard Gavaldà, catedrático del departamento de Computación de la Universidad Politécnica de Catalunya, y juntos pensaron que los datos que tiene el sistema de salud podían analizarse para lograr un impacto inmediato, así que en 2017 fundaron la spin-off Amalfi Analytics, cuyas soluciones consisten en la aplicación de inteligencia artificial para ayudar a los gestores del sistema de salud a mejorar la calidad asistencial optimizando el uso de los recursos disponibles.
Sobre la base del 'machine learning', uno de sus servicios es un predictor de actividad en urgencias, que trabaja sobre todo con el conjunto mínimo básico de datos (edad, género, diagnóstico, hora de llegada y salida…), una información que se actualiza cada 15 minutos y que permite a la empresa predecir cuántas personas llegarán a urgencias en diferentes horizontes temporales, con qué nivel de triaje, el porcentaje de pacientes que serán internados, etc. Seis hospitales españoles lo están probando y, como asegura Gavaldà, «aunque al principio eran escépticos, han aprendido a confiar en ello». La firma está ampliando la solución para que anticipe la actividad en distintos puntos críticos del hospital, prediciendo, por ejemplo, cuántos quirófanos se necesitarán la próxima semana. Asimismo, disponen de una herramienta que utiliza innovadores algoritmos para analizar los datos de las bajas y predecir futuros absentismos, de forma que se puedan tomar medidas preventivas para mejorar la planificación de los recursos humanos.
El consejero delegado explica que tienen una ambición global y que vender hospital a hospital no es escalable, por lo que su modelo de negocio se basa en alianzas con grandes empresas que ya tienen software funcionando dentro de los hospitales. «Una herramienta de 'business intelligence' rara vez ofrece predicciones fiables a futuro, por lo que la idea es que nos envíe los datos de los hospitales y nosotros le devolvamos las predicciones para cada uno de sus clientes», dice. En la actualidad cuentan con un partner en Francia, con acceso a 1.000 hospitales, con el que están haciendo la integración, y también buscan socios en España.

El investigador del grupo e-RLab del eHealth Center de la UOC, Oriol Yuguero, considera que tras el Covid se ha producido un salto exponencial en materia de salud digital y cree que en cuestión de cuatro o cinco años asistiremos a una explosión de herramientas que apoyarán en las urgencias. «La realidad virtual se puede utilizar para simulaciones y así prepararse de la mejor manera», comenta el experto.
En tiempos en que la inteligencia artificial acapara titulares día tras día, las organizaciones de salud ya prueban cómo puede servirles. Yuguero, que también es jefe del Servicio de Urgencias del Hospital Universitari Arnau de Vilanova (Lérida), cuenta que el centro trabaja en una herramienta basada en inteligencia artificial que se ofrece a los pacientes que llegan a urgencias con un nivel de gravedad bajo: «Responden a unas preguntas y la aplicación, por sus síntomas, les recomienda quedarse en el hospital o marcharse a un centro de urgencias de atención primaria». Una vez concluya la etapa de prueba, Yuguero piensa que podría usarse desde casa, cuando la persona dude si debe acudir a un servicio de urgencias hospitalario o no.
A principios de 2024, el mencionado hospital empezará un ensayo clínico para controlar a los pacientes con traumatismo craneoencefálico en el domicilio. «Como la mayoría de casos son leves, queremos monitorizar con una aplicación cada cierto tiempo sus constantes y su situación clínica, evitando que estén en un box de urgencias con ruido, en estancias sin ventanas, lo cual acaba provocando complicaciones más por el encierro que por el propio golpe en la cabeza», subraya. La idea se materializará en una app que se descargarían quienes cumplan determinados criterios.
La pandemia aceleró las soluciones de salud digital y desde entonces se suceden las iniciativas
Con proyectos en prueba y otros que son ya una realidad, nadie duda de las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías. La doctora Maite Maza, de la Secretaría de Innovación y Grupos de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), expone que «en los últimos años se han producido avances enormes en el modo de trabajar en urgencias apoyándonos en la tecnología, lo que ha facilitado muchos procesos y mejorado la seguridad del paciente». En concreto, afirma que los sistemas de telemedicina que pueden emplearse en el domicilio para controlar determinadas patologías crónicas o agudizaciones «van a marcar cómo manejamos estos procesos dentro y fuera del hospital». Maza agrega que los sistemas de datos compartidos e interconectados y la automatización, así como el análisis big data supondrán grandes cambios en la medicina de urgencias. «Y en cuanto a la formación, será muy interesante el uso de sistemas de simulación virtual», destaca.
Preguntada por la inteligencia artificial, explica que «puede proporcionarnos herramientas que nos ayuden en la toma de decisiones clínicas, aportar mejoras técnicas en sistemas de diagnóstico, generar alertas que puedan posibilitar la identificación de situaciones potencialmente graves, o mediante programas de gestión que faciliten la organización de un servicio en el que la demanda no es programada». A todo ello añade que cambiará la relación de los pacientes con sus autocuidados y que se empleen como sistema de consulta antes de decidirse a acudir a un dispositivo de urgencia, con los claroscuros que esto pueda conllevar.
Dispositivo autónomo
La propuesta de Dipneo está pensada para actuar sobre el terreno en casos de paradas cardiorrespiratorias extrahospitalarias. «En Europa hay cada año unas 700.000 y el índice de supervivencia medio es del 10%», recuerda el CEO de la empresa, Xavier Castells. Es por ello que están desarrollando un nuevo dispositivo médico, basado en un sistema patentado por Eurecat, que permite insuflar aire en el paciente de forma autónoma, siendo apto de utilizar tanto por parte de usuarios no expertos como de profesionales.
Como comenta el consejero delegado, las ventajas son múltiples: «Respecto a los insufladores basados en una bolsa manual, al ser autónomo libera manos para que la persona pueda realizar otra acción, además de evitar la fatiga. Por otro lado, nuestro dispositivo tiene tres niveles de colapso que se ejecutan automáticamente en función de las necesidades del paciente a través del control de las presiones de entrada y salida de aire, por lo tanto, es una ventilación mucho más eficiente que la manual». Y si se compara con los sistemas electromecánicos existentes, el de Dipneo es ligero (menos de un kilo) y de fácil manejo, a lo que se suma un precio entre dos y veinticinco veces más bajo, según asegura Castells.

Ahora la empresa está en la fase de diseño del dispositivo comercial para hacer las pruebas clínicas necesarias para la obtención del marcador CE, algo que prevén que ocurra a finales de 2025. «Queremos que al lado de cada desfibrilador esté nuestro dispositivo, por lo que nuestros clientes serán todos los que compran desfibriladores y también lo intentaremos en el mercado profesional (ambulancias, centros médicos)», indica el consejero delegado. En paralelo, la startup trabaja en mecanismos de apoyo a quienes se vean en la necesidad de atender a alguien en parada cardiorrespiratoria, lo que se materializa en la posibilidad de que el dispositivo de control del aparato médico autónomo se conecte a un 'callcenter' por videoconferencia con especialistas que hagan un seguimiento visual de todo el procedimiento de RCP.
Por tierra y aire, la innovación irrumpe para contribuir a salvar vidas. La firma sueca Everdrone protagonizó el año pasado un hito al enviar, en poco más de tres minutos, un dron dotado de un desfibrilador al punto exacto de la ciudad de Trollhttan donde se encontraba un hombre de 71 años en parada cardiaca, que después fue trasladado de urgencia al hospital, donde se recuperó por completo.

Para ayudar a las ONGs a afrontar los retos que están por venir, los diseñadores industriales Juan Sanz y Héctor Muñoz pusieron en marcha en 2021 Humanitaria –impulsada por el programa UNICEF Lab–, que como indica Sanz, fabrica «la primera cama humanitaria diseñada desde cero para facilitar el trabajo de las ONGs» y, por tanto, ofrece ventajas respecto a la alternativa que suele emplearse, las camas de camping. «Es básicamente una caja de cartón, lo que reduce en un 90% el coste de una cama humanitaria, un artículo esencial muy demandado cuyo precio medio oscila entre 100 y 200 euros. Esto debería disminuir significativamente la inversión anual de las organizaciones en equipamiento humanitario, estimada en más del 40% del presupuesto».
Fabrican a un ritmo de 1.000 unidades a la hora, lo que totaliza hasta 24.000 camas por día, «más del doble –dice Sanz– de lo que producen otros fabricantes de camas humanitarias en un mes. En su formato plegado, este producto extraplano y apilable (100 camas por palet) reduce el volumen y peso transportado, lo que permite transportar por primera vez cientos de camas por avión. El consejero delegado asegura que la cama se monta en cinco segundos. «Cuatro personas pueden montar 1.000 camas en 20 minutos», aporta como dato. Además, soporta hasta 350 kilos frente al mínimo necesario para cualquier cama humanitaria homologable, que son 150 kg.

La cama humanitaria ha sido desarrollada en una colaboración sostenida durante más de un año con Cruz Roja de Cataluña y los primeros cientos de unidades están en sus almacenes logísticos listas para los planes de salvamento previstos para la temporada de otoño-invierno. Según revela Sanz, organizaciones internacionales con presencia en EE.UU., África, Portugal, Francia, Ucrania y Japón se han interesado por el proyecto, por lo que están cerrando acuerdos de distribución para testar la solución en operativas humanitarias internacionales para 2024.
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