Cumbre de jefes de estado de la ue
Merkel pugna por un cambio
La canciller apuesta por imponer medidas "legalmente inviolables" de cara a la reforma del Pacto de Estabilidad

La canciller federal Angela Merkel ha salido a la palestra europea sin ambages y está por ver si empuña la espada de Arturo del liderazgo o abre la caja de Pandora y todos los demonios del Tratado vuelve a emerger, rompiendo la delicada estructura de la legitimidad de la Unión Europea.
Merkel no ve peligro sino necesidad “esencial” en un nuevo paquete de medidas que, tras la crisis financiera y el riesgo de desestabilización en el euro, asegure la supervivencia de una arquitectura financiera y económica con un futuro en la zona del euro.
Determinados enmiendas en el tratado deberían contemplar los desequilibrios estructurales en la economía del euro: desde el enfermizo superávit exportador alemán, al no menos congénito desempleo español, o la deuda púbica italiana. Los cambios deben, a su juicio, constituirse en imperativos “legalmente inviolables” y entre ellos que se ha citado posibles salidas de la moneda única y la creación de un mecanismo de rescate, con una institución propia similar al Fondo Monetario Internacional .
Después de mucha confusión, pro y anti intervencionista, Berlín se ha decidido por un “mecanismo de resolución de crisis”, con sanciones y pérdida de derechos incluido, según ha dicho Merkel en una declaración al Bundestag, que tome el lugar del fondo de ayuda acordado por los ministros de Hacienda la pasada primavera y que asciende a 440.000 millones.
Ajuste histórico
Por su parte, Alemania se ha embarcado en un recorte histórico de gastos, con el fin de para no ahogar su legendario estado del bienestar. “No es ahorro”, insiste el ministro de Hacienda, “es dejar de gastar lo que no tenemos”, respecto a los 80.000 millones de recortes en cuatro años para equilibrar las cuentas del Estado.
La población alemana va a reducirse entre 12 y 17 millones en los próximos 50 años, según Eurostat, cuando el mayor país de la UE será superado por Francia y Reino Unido. Distintos informes aseguran que debido a ello el presente estado del bienestar no será pronto sostenible, mientras, en el último ejercicio la población dependiente de la ayuda social, 1,2 millones, ha vuelto a verse incrementada en un 6,2%.
Pero Alemania tiene un déficit fiscal de 86.000 millones y el gobierno, diciendo preferir recortes a subir impuestos, se ha embarcado en un plan radical de reducción general del estado del bienestar, criticando especialmente la proporción coste/eficacia del sistema de oficinas de empleo.
“El estado del bienestar tiene que ser antes que nada sostenible y no una carga”, dice el ministro principal de Baviera Horst Seehofer. La reducción de gastos afecta a todos los departamentos y negociados, incluido el fin del servicio militar obligatorio, y salvo educación, investigación e infraestructuras: “Es fundamental reajustar el equilibrio entre inversión en el futuro y ayuda social presente”, aduce Merkel, argumentando que el bienestar no sólo puede aumentar de precio sino, antes que nada, en eficiencia.
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