La "guerra de divisas"
China también ataca la política monetaria de EE.UU.
El Banco Central chino «comprende» la inyección de 600.000 millones de dólares de la Reserva Federal, pero advierte de que tendrá un impacto negativo para el resto del mundo

Desde Latinoamérica hasta Asia pasando por Europa, la reacción no se ha hecho esperar y ha sido unánime contra el nuevo plan de la Reserva Federal estadounidense , que pretende inyectar 600.000 millones de dólares (425.000 millones de euros) para incentivar su alicaída economía mediante la compra de bonos de deuda pública. Una jugada que bajará aún más los tipos de interés en EE.UU. y disparará de nuevo la presión de los inversores internacionales sobre otras monedas, avivando la “guerra de las divisas” a una semana de la cumbre del G-20 en Seúl.
Aunque el gobernador del Banco de China, Zhou Xiaochuan , ha tachado la medida de “comprensible” por el débil crecimiento económico de EE.UU., se ha sumado a las críticas de sus colegas japoneses y alemanes. “ Si la política doméstica es buena sólo para EE.UU., pero no para el resto del mundo, entonces puede provocar un impacto negativo ”, advirtió durante una conferencia Zhou, quien recomendó “resolver este problema reformando el sistema de cambio internacional ”.
El “Gran Timonel” de la política monetaria china no señaló los cambios que eran necesarios, pero este nuevo episodio vuelve a poner de manifiesto las diferencias entre el régimen de Pekín y la Casa Blanca, que también se está enfrentando a sus hasta ahora socios de la Unión Europea.
Controversia internacional
En Alemania, su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble , acusó a Washington de haber roto los acuerdos internacionales y lamentó que pretenda resolver sus problemas económicos elevando su ya abultada deuda pública. “Hablamos de una política común a la que los países industrializados, incluido EE.UU., también se comprometieron expresamente en la cumbre del G-20 en Toronto”, recordó Schäuble, quien anunció que “trataremos el tema críticamente con nuestros amigos americanos bilaterales, pero también en la reunión de Seúl”.
El jueves y el viernes de la próxima semana, las potencias industrializadas y los países emergentes vuelven a verse las caras, esta vez en la capital de Corea del Sur. Sobre la mesa quedan numerosas asignaturas del encuentro anterior, celebrado a finales de junio en Toronto, y otros problemas que se han ido agravando durante los últimos meses, como la “guerra de las divisas” y los crecientes desequilibrios comerciales entre exportadores e importadores.
Mientras EE.UU. insiste en su propuesta de limitar los déficits y superávits de la balanza comercial al 4% del PIB, naciones exportadoras como Japón, Alemania y China se oponen drásticamente. Washington también acusa al régimen de Pekín de mantener devaluado el yuan hasta un 40% para favorecer sus exportaciones, pero China se niega a apreciarlo bruscamente y remolonea amparándose en su subida gradual y en sus reservas de divisas, las mayores del mundo con 2,4 billones de dólares (1,7 billones de euros).
En medio de este fuego cruzado se encuentra el euro, el más perjudicado al elevarse un 15% desde los mínimos marcados en agosto . Ello se debe a la actitud pasiva del Banco Central Europeo, que sólo se ha pronunciado en contra de la “elevada volatilidad” de los mercados pero no tiene previsto intervenir en las divisas.
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