La preocupación por la salud acerca al sector de la comida ecológica a su punto de ebullición
El alza del 21% prevista este año en el mercado nacional ayudará a rebajar la gran brecha con los principales países consumidores
España es la despensa ecológica de Europa. Somos el primer productor «bio» del Viejo Continente y el cuarto del mundo. Pero he aquí que el consumo doméstico de este tipo de alimentos no se corresponde con esas magnitudes. A pesar de contar con una industria ... tan potente, y de que el mercado interno creció un 81% en los últimos cinco años (de 2014 a 2018), pasando de 1.203 millones de euros a 2.178, el consumo percápita alcanza tan solo los 46,6 euros, una cifra muy alejada de los grandes consumidores como Dinamarca y Suiza, donde cada ciudadano se gasta 312 euros al año en esos artículos, como también ocurre en Austria que dedican 205 euros y Francia 136.
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Así han sido las cosas hasta ahora en el sector ecológico español, que viene creciendo a un ritmo sostenido en los últimos años, un comportamiento que puede acelerarse, ya que la pandemia ha impulsado con fuerza la venta de estos productos. Con datos de Ecovalia (la asociación profesional española de la producción ecológica), el consumo de productos orgánicos (así también se denominan) aumentó un 37% durante marzo y abril. Y las estimaciones apuntan a terminar el año con un incremento del 21%, rozando el doble del alza de 2019 (12,75%).
Apuesta sostenible
Lo cierto es que la crisis sanitaria ha dejado un buen poso en los hábitos alimenticios de los españoles, ahora más preocupados por su salud, por ser más sostenibles y comprometidos con el medio ambiente. Algo que se espera sea duradero. La alimentación ecológica ya no es una moda, es una tendencia muy consolidada y un mercado con largo recorrido. Sobre todo teniendo en cuenta que la UE también tiene por objetivo que el 25% de la superficie agraria del continente se destine a la producción ecológica en 2030 (Estrategia del Campo a la mesa) y que esta actividad tenga más peso en la Política Agraria Común (PAC) 2021-2027 (barajando incluso que un 40% de los ayudas estén ligadas a acciones contra el cambio climático).
Solo el 2,5% de los productos alimentarios que se consumen son ecológicos
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A España le queda camino por andar para alcanzar esos objetivos. La superficie dedicada a la producción ecológica representa el 9,3% de la Superficie Agraria Útil (SAU) total. En concreto, fueron 2,3 millones hectáreas en 2019, un 4,8% más que el año anterior (crecemos a un ritmo medio de un 7,5% anual), según datos provisionales del Ministerio de Agricultura. Aún así, estamos por delante de países como Francia e Italia. «El objetivo europeo requiere una profunda reconversión en el sector para transformar un campo que tiene que estar dos o tres años sin cosecha hasta que sea ecológico», valora Ignasi Aguiló, responsable de Comunicación de Asobio (Asociación Española de Elaboradores y Comercializadores Ecológicos).
Crece la industria
Los operadores también aumentaron un 6,4% más en 2019, hasta los 47.108. Hay más granjas agrícolas y ganaderas, más explotaciones dedicadas a la apicultura y a la acuicultura, más industria elaboradora y envasadora, más tiendas especializadas, más mercados en las ciudades, más cooperativas de consumo, más ventas a pie de finca, más ferias ecológicas... «Las estadísticas ponen de relieve el mayor incremento del número de operadores en las fases posteriores de la cadena alimentaria, debido a una mayor demanda», aseguran desde el Ministerio de Agricultura . Y se calcula que todo ello genera 96.000 empleos.
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Si es una industria que no para de crecer ¿por qué solo el 2,5% de los productos alimenticios que se consumen en España son ecológicos? «Históricamente nuestra producción se ha basado en ofrecer materia prima a Centroeuropa, nos hemos dedicado a la exportación de nuestras frutas y verduras», cuenta Ángeles Parra, presidenta de la asociación Vida Sana y directora de la feria BioCultura. Hay razones también culturales: «Al tener una dieta mediterránea no hemos visto tan necesario como hasta ahora consumir productos ecológicos», cree Rosario Pedrosa, gerente del área de Estrategia Comercial y Marketing de Aecoc (Asociación de Fabricantes y Distribuidores). Y además «la seguridad de nuestros productos es muy buena. Sin olvidar que ha existido una España rural donde la gente sabía comer», indica Álvaro Barrera, presidente de Ecovalia.
Pero todo eso cambió hace unos cinco años cuando entró en escena un nuevo consumidor «que ha pulverizado el consumo de la producción ecológica», considera Barrera. Ahora, el mercado crece a un ritmo de dos dígitos cada año. «Es un consumidor no estricto, se alimenta de lo bio y de lo convencional», cuenta Barrera. También existe una nueva conciencia. Ya no solo se consume orgánico por una cuestión de salud, sino que lo hacen «personas preocupadas por el medio ambiente, por la sostenibilidad del planeta y que tienen hijos a su cargo, y las que tienen un poder adquisitivo alto», cuenta Arancha Eslava, socia de la empresa BioQualis, que presta servicios a compañías agroalimentarias del sector ecológico. «Los seniors también son un target muy interesante», añade Ignasi Aguiló.
Todos están convencidos de que la llave del futuro la tienen los «millennials». «Con menos de 35 años, son ya aproximadamente el 30% de los consumidores de los productos "eco". Cambian drásticamente sus hábitos de consumo hacia la ecología cuando se convierten en padres», sostiene Ángeles Parra. «Estas nuevas generaciones jóvenes son las que van a aumentar el consumo», augura Arancha Eslava.
La gran distribución ha olido el negocio. «Las grandes cadenas empezaron a crear sus propias marcas ecológicas y a llevar más gamas, más variedad y más categorías de productos a sus lineales. Esto ha contribuido al crecimiento de este consumo», sostiene Rosario Pedrosa, de Aecoc. También otras empresas dedicadas a la ganadería, «y hortofructícolas convencionales abrieron su línea ecológica», recuerda Eslava.
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Eso ha llevado a que en los últimos cinco años seis de cada diez consumidores se haya iniciado en este sector. Algo que tiene también sus consecuencias, explica Barrera: «El consumo crece a un ritmo de dos dígitos cada año, pero la producción crece a un 4% el último año. Es un desajuste. Por otro lado, tenemos momentos del año con exceso de oferta, con picos de producción. Hay que ordenar la oferta, es algo clásico de un mercado en crecimiento».
Seis de cada diez consumidores se han iniciado en este sector en los últimos cinco años
Tampoco es suficiente para satisfacer la demanda «bio» nuestra industria de elaboración, transformación y envasado como lo ha demostrado el hecho de que, por primera vez, en 2018 importamos más de lo que exportamos. «Exportamos materia prima e importamos alimentos ecológicos transformados. Un craso error ya que no solo perdemos valor añadido sino que debilitamos nuestra industria alimentaria», considera Parra. Por eso, «el foco de las empresas transformadoras y elaboradoras es el mercado nacional», asegura Aguiló.
Productores «desbordados»
La pandemia puede dar un giro a la radiografía de este sector y su tejido industrial. Sin duda, ha dado un gran empujón en el consumo. Hay datos que lo corroboran: «En esos meses un 20% de consumidores han comprado más productos ecológicos», según Rosario Pedrosa. También el canal especializado «bio» creció: «En el primer trimestre del año un 6% en valor respecto al mismo periodo del año anterior y en el segundo trimestre un 12,15%», ilustra Aguiló. «Las tiendas especializadas son de proximidad —explica—, además ha aumentado las ocasiones de consumo en el hogar y lo relacionado con la salud. Por eso el consumidor compra en este tipo de establecimientos». Durante el confinamiento, hubo momentos, cuenta Sandra Verdu-Bütikofer, presidenta de Intereco (asociación que agrupa a las Autoridades Públicas de Control de Agricultura Ecológica), que «los productores se vieron desbordados por la demanda de productos ecológicos, sobre todo frescos y de primera necesidad».
Esa tendencia ha llegado para quedarse. Es la opinión mayoritaria en el sector, consciente de que también debe hacer un esfuerzo. «A las empresas les falta mucha formación en marketing y promoción de sus productos», estima Verdu-Bütikofera. «Y más profesionalización. Los agricultores tienen que hacer estudios de mercado antes de sembrar cualquier cultivo», afirma Eslava. Pero, ante todo, es necesario «dar a conocer el valor añadido de estos productos —defiende Parra— no solo por salud sino porque contribuyen a mitigar el cambio climático, cuidan de la biodiversidad, ayudan a la conservación de paisajes...». El recto camino para lograr una futura economía más sostenible.
Precios con valor añadido
El consumidor es sensible al precio de los productos ecológicos. Sin embargo, hay que ser conscientes de que «generan un valor añadido», afirma Álvaro Barrera. «No se utilizan fosfatos ni herbicidas, ni antibióticos de síntesis química —explica—. Tenemos límites de animales por metro cuadrado, de tiempos de destete y de sacrifico. Por ejemplo, una gallina no puede ir al matadero con menos de 81 días y una convenional va con 25, ni tenemos once lechones en una paridera sino siete». A veces es cuestión de elegir, sugiere Verdu-Bütikofera: «El precio de un producto de proximidad no tiene por qué ser más caro. A veces está al mismo precio que el convencional, pero si quieres un café ecológico cultivado en la otra punta del mundo es más caro».
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