España naufraga en el selecto club de las empresas unicornio
La falta de financiación y de pulso innovador, la aversión al riesgo y el estigma sobre el fracaso empresarial frenan el crecimiento de las startups nacionales
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Muchas lo intentan, pero muy pocas lo consiguen. Las empresas unicornio , con un valor estimado superior a 1.000 millones de dólares y que no cotizan en Bolsa, se cuentan en España con los dedos de una mano. La agencia de viajes ... online eDreams fue la primera que alcanzó este hito hace ya seis años . Hoy solo tres startups nacionales forman parte de este selecto club: Cabify , especializada en el transporte urbano, que lo logró en 2018; Glovo , dedicada al reparto a domicilio, que obtuvo este estatus el año pasado; y el portal inmobiliario Idealista, adquirido en septiembre por el fondo sueco EQT Partners por 1.321 millones de euros ... Negocios «made in Spain», muy apoyados en la tecnología e internet, que han convencido a los inversores y han escrito su nombre en la historia de éxito del emprendimiento patrio, pero que, de momento, son una «rara avis».
La exigua cifra de compañías españolas contrasta con la del mercado estadounidense, que acapara la inmensa mayoría de las startups englobadas bajo este término mitológico. Allí, cuna de la innovación por excelencia y donde existe una larga tradición emprendedora, se concentran casi la mitad (236) del total de unicornios mundiales , según el último ranking de CB Insights, de septiembre de este año, aunque hay otra potencia que le pisa los talones: China. Con algo más de un centenar de firmas, el país asiático puede presumir, además, de contar con las dos empresas más valiosas : Bytedance, matriz de TikTok, y Didi Chuxing, un gigante en el segmento de la movilidad. Si España tiene una presencia testimonial en la clasificación, Europa en su conjunto tampoco va sobrada, si bien es cierto que países como Reino Unido, con 25 unicornios, o Alemania, con 13, nos superan.
A la vista de los números, es evidente que algo falla. Francisco González Bree , profesor de innovación de Deusto Business School, comienza por destacar que España tiene un problema de innovación . Según el Índice Global de Innovación 2020, elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, la escuela de negocios Insead y la Universidad de Cornell, nuestro país ocupa el trigésimo puesto de la clasificación, pese a que, «por el potencial que tiene por PIB debería estar más arriba». Mientras que en parámetros como las infraestructuras España posee una mejor puntuación, «en sofistificación del mercado y de la tecnología salimos mal y eso impacta en nuestra capacidad para innovar y para emprender». Al lastre de la innovación se une la falta de un ecosistema de startups maduro . «Hace 20 años los jóvenes españoles querían ser funcionarios o trabajar en la empresa privada. Los pocos que deseaban emprender tenían el problema adicional del estigma que suponía fracasar a la primera », explica González Bree. Una realidad que nada tiene que ver con la cultura emprendedora propia de Estados Unidos: « En Silicon Valley si fracasas en el primer intento no pasa nada porque lo consideran un aprendizaje . De hecho, los venture capital buscan precisamente emprendedores que hayan fallado varias veces».
Un punto de partida desfavorable al que se suma la dimensión de nuestro mercado . «No es comparable ni de lejos con China o Estados Unidos. Al ser pequeño las empresas tienen que irse fuera, a mercados más grandes, con el esfuerzo y mayor financiación que eso conlleva», apunta Miguel Ángel Díez Ferreira , director de ISDI Accelerator. El problema de acceso a la financiación es otro de los grandes obstáculos para el ecosistema digital emprendedor. «Tradicionalmente, el volumen de financiación disponible en España era muy pequeño, diez veces por debajo de lo que podía conseguir una startup en Estados Unidos. Eso siempre ha sido un hándicap que, por suerte, se está corrigiendo», matiza.
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Según la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión (Ascri), la actividad inversora llevada a cabo por fondos de «venture capital» (79 entidades nacionales y 68 internacionales) en empresas españolas emergentes se situó en 2019 en 721,9 millones de euros distribuidos en 588 rondas de inversión y 431 empresas , lo que supone un 42,8% más respecto al volumen alcanzado el año anterior (505,5 millones) y un 174% superior a los 292,2 millones de 2014. En la primera mitad del año, ya con el impacto del coronavirus , el «venture capital» alcanzó un volumen de inversión de 307,2 millones de euros, lo que supone un 3,4% menos que en el mismo periodo de 2019. No obstante, los expertos confían en que este atípico 2020 se cierre en niveles próximos a lo del ejercicio anterior y que en 2021 fluya la inversión, teniendo en cuenta, además, que el Instituto de Crédito Oficial (ICO), a través de Fond-ICO Global, ha aprobado la mayor movilización de recursos para el sector: 430 millones de euros, de los que 150 irán destinados a «venture capital».
Mercado en auge
«La cultura de emprendimiento tecnológico ha llegado tarde a España, pero en los próximos dos o tres años tendremos, sin duda, varios unicornios más. Son compañías de altísimo crecimiento y no necesitan periodos de maduración muy largos para alcanzar este tipo de valoraciones », señala Miguel Kindelán , responsable de GP Bullhound –banco de inversión especializado en tecnología– para España y Portugal.
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¿Cuáles son las startups españolas más prometedoras? «Algunas de las que tienen todas las papeletas para convertirse en unicornio en los próximos años son Wallapop (compraventa online), TravelPerk (gestión de viajes de negocios) o TypeForm (software online)», dice Kindelán. Para Díez Ferreira también entran en la quiniela de candidatos Spotahome, centrada en el alquiler de viviendas para estancias de media y larga duración y Ontruck, que pone en contacto a empresas con transportistas independientes. Carlos Blanco , fundador del fondo de inversión Encomenda Smart Capital, coincide en señalar a TypeForm, aunque recuerda que otras startups que lo están haciendo muy bien son Badi, Housy (inmobiliario), Factorial (software de gestión de recursos humanos) y Holded (automatización de procesos administrativos). « Por sectores, en finanzas, salud e inmobiliario hay más opciones de que salgan nuevos unicornios », añade.
Las nuevas necesidades surgidas por la pandemia han dado alas al ámbito sanitario y educativo . «Antes existía la duda de si las personas pagarían por hablar con un médico o por tomar clases en línea. Ahora no la hay. También el Covid-19 ha movido a la gente a la acción y a pensar en grande. Muchos de los unicornios que tenemos hoy como Airbnb se iniciaron después de los rescates financieros de 2008», recuerda Joe Haslam , profesor de IE University. Coyunturas aparte, hay aspectos de una startup que siempre son valorados. «Una frase bien conocida entre los inversores es “nada supera a la tracción”. Si ya tienes ingresos y comprendes bien por qué la gente está comprando tu producto, entonces habrá una cola para financiarlo », asegura Haslam.
El equipo también es importante: «En particular, que cada fundador tenga habilidades diferentes porque si no, discutirán todo el tiempo». Y, por supuesto, conocimiento del sector. « Es un mito que si llegas a un sector con ojos nuevos encontrarás mejores formas de hacer las cosas . Mucho más probable es que una persona que lleva diez años en un sector y después de ver el problema todo el tiempo, se vaya para montar una empresa para solucionarlo», subraya. Aquí, sí, la experiencia es un grado. «Hay quien puede pensar que esto va de veinteañeros, y tanto en Estados Unidos como en España, la edad media del emprendedor de éxito está entre los 40 y los 50. Los fondos priorizamos casi siempre emprendedores con experiencia previa », indica Carlos Blanco, de Encomenda Smart Capital. Joe Haslam lo corrobora: «Según la investigación, la mejor edad para establecer una empresa es a los 45 años y para las mujeres aún más, pero en España a menudo se considera la edad para estar prejubilado ».
Mayor respaldo
El ecosistema de startups avanza a buen ritmo, si bien es cierto que hay medidas que lo reforzarían. «Necesitamos una fiscalidad similar al resto de europeos porque estamos jugando en desventaja . En España es más rentable invertir en socimis que en capital riesgo porque tiene mejores tributaciones», lamenta Blanco, para quien también es importante «dejar de proteger a los lobbys tradicionales» . Pone como ejemplo a Glovo : «Es absolutamente ilógico que esté presente en 22 países y el único donde tenga problemas sea donde ha nacido. Le ponemos muchas más pegas a las startups digitales que otros mercados ». Reivindica también una mejor regulación de la fiscalidad de las «stock options» –remuneración complementaria a directivos o empleados mediante acciones de la empresa– para atraer talento internacional.
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