unión europea
Bruselas, en agosto, Baden Baden
Una maquinaria administrativa cerrada por vacaciones y la inacción de los líderes europeos ahondan la crisis

No se puede decir que la maquinaria burocrática europea sea un ejemplo de eficacia. Habitualmente, cuando el problema está llegando a la meta, las autoridades comunitarias siguen discutiendo la metodología para articular las reglas que determinen cómo comenzar las tareas de precalentamiento. Pero si en período lectivo Bruselas esprinta a cámara lenta, en verano la imagen se congela. En agosto, la capital de Europa es Baden Baden. Olvidando la máxima de Gordon Gekko de que «el dinero nunca duerme» —ni tampoco despierta en bermudas— las autoridades comunitarias hicieron la maleta rumbo a destinos menos sombríos con la íntima convicción —o el feliz autoengaño— de que la tarea para contener los envites de los mercados estaba hecha tras el acuerdo del segundo rescate griego, apalabrado el 21 de julio tras infinitos tiras y aflojas en los pasillos palaciegos de la Europa de las mil facciones. Apenas dos semanas después del supuesto viaje de redención, la tercera y la cuarta economía de la zona euro se tambalean junto al abismo . En su caída pueden acabar arrastrando todo el artificio del proyecto común.
Y es que mientras el especulador piensa en minutos, Europa reacciona en semanas. Y en pleno erial agosteño, la respuesta ha sido el silencio (administrativo). Con las alarmas ya encendidas, la actuación de la CE se limitó el martes a la comparecencia de una portavoz, Chantal Hughes, que afirmó que «el rescate de España no estaba en la mesa» (innecesario gesto de aliento: los mercados saben que no hay tela para ese mantel) y proclamó que los «trabajos técnicos» del nuevo fondo europeo se alargarían «todo el verano». Un día después, su jefe, Durao Barroso, se veía obligado a instar a los jefes de Estado a acelerar la negociación sobre el fondo e incluso a considerar su ampliación. Demasiada prisa, demasiado tarde.
Merkel y Sarkozy, líderes intermitentes de una Europa que se apaga, tampoco se han apresurado a plegar la tumbona . Un portavoz del Eliseo confirmó ayer que ambos charlarán hoy por fin con Zapatero sobre la deriva de los mercados. La canciller, curiosamente, veranea en Italia. Por cuarto verano consecutivo disfruta de los paisajes alpinos del Alto Adigio. El presidente francés prefiere la Costa Azul. Olli Rehn, comisario de Asuntos Económicos, escogió Finlandia. «Solo» cinco días después de que comenzara la tormenta anunció ayer su vuelta al trabajo. No parece que le vaya a faltar.
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