Balonmano
El laboratorio de Jordi Ribera: el cerebro de una selección irrepetible
Mundial de Polonia y Suecia
Mientras los jugadores descansan, el equipo técnico trabaja con decenas de estadísticas y vídeos para procurar toda la información posible y encontrar soluciones inmediatas en cada partido
España choca con Dinamarca en las semifinales del Mundial

En cuclillas, una rodilla casi en el suelo, un brazo apoyado en la otra, ojos bien abiertos, atento a todo. Jordi Ribera. Todo tensión durante los encuentros, de hablar reposado cuando la pelota no está en juego. En sus discursos, análisis pormenorizados de cada jugador, ... de los rivales, de lo que salió bien y lo que no. Un cerebro a mil por hora. Seleccionador nacional desde septiembre de 2016, tenía el listón muy alto; Valero Rivera entronizó a España en el Mundial celebrado en casa (2013), además del bronce en 2011. Manolo Cadenas sumó un bronce (2014) y una plata (2016) europeas. Ribera la ha llevado a otra dimensión: recuperada la ilusión tras el fracaso de no estar en Río 2016, cinco semifinales, dos oros europeos (2018 y 2020) y una plata (2022), un bronce mundial (2021) y un bronce olímpico (Tokio 2020). Y a un paso de su segunda medalla mundial, quinta en total para la selección (hoy, ante Suecia, 18.00 horas, TDP).
El grupo de jugadores sigue hasta el último día esta rutina que cada vez pesaba más, pero que los ha mantenido alerta, centrados, descansados lo máximo posible para lucirse en la pista: 9.45 desayuno; 13.00 medios; 13.45 comida; 18.00 entrenamiento; 20.00 vídeo, 20.45 cena. Pero el equipo técnico tiene otro horario, sin horas. «Durante un partido no hay espacio para la relajación. Y cuando no hay... Juegas cada dos días, así que no paras. Si jugábamos a las 20.30, vuelve al hotel, termina la cena a las doce y pico y comienza a preparar el siguiente partido esa noche. Y siempre un paso por delante. Antes de empezar un choque, ya estás con el rival de dos días después. Si no se hace así, te come la competición», explica a este periódico César Montes, mano derecha de Ribera desde 2019.
El cordobés apura las horas por la noche -«prefiero terminarlo todo antes de dormir, si no, tengo un sueño más agitado, a veces me despierto sobresaltado por si me he dormido»; Ribera, en cambio, prefiere madrugar. Da igual cuándo se levanten o se acuesten. Hay tantas variables que el trabajo puede ser infinito. «Visualización de partidos. Análisis individual de cada jugador rival, y de los nuestros. Visionado táctico de las jugadas de ataque del otro equipo, de las de defensa. Cortar los vídeos. Darles a los porteros los lanzamientos de los rivales. Muchas horas».
Los programas informáticos ayudan a llevar un orden que Ribera exige en la pista y en la mesa de trabajo. Con cada vez más tecnología, hay datos sobre todo. «Las estadísticas de la organización aportan el porcentaje de lanzamiento, desde los seis metros, nueve metros, contraataques, pérdidas, asistencias, paradas… Del rival y nuestras. Todo eso se analiza y te haces una idea de qué jugadores pueden tener un peso más grande en el equipo contrario y qué combinación de los nuestros puede ser mejor. Es muchísima información. Toda la que necesiten los jugadores para afrontar los partidos técnica, táctica, física y psicológicamente en las mejores condiciones», indica Montes. Pero hay líneas rojas: «Intentamos no caer en el exceso de datos porque te pueden perturbar e incluso llevar a engaño. Las percepciones personales son tan importantes como una estadística».
Sobre todo en un deporte en el que todo cambia en un segundo y los rivales tienen acceso a los detalles de cómo juega España. «Puedes plantear una manera y el equipo contrario responde. Sobre la marcha hay que buscar soluciones, innovar con lo que tienes: qué puedes hacer mejor. Es un deporte de tomar decisiones casi cada segundo, y que sean aceptadas y llevadas a cabo».
Una de las estadísticas que guía a Ribera es el número de minutos en pista. Montes afirma que no llevan un cronómetro, pero sí se estudia a conciencia que nadie tenga una sobrecarga de tiempo en las piernas. Por eso España llega mejor a los minutos finales. Por eso España llega mejor a las rondas finales. «Es muy importante equiparar. Con tantos partidos en tan poco tiempo, llegar lo mejor posible es vital. Tener un bloque fuerte, en el que prime el conjunto sobre las individualidades nos permite aportar ese valor añadido». Pero en este Mundial, el partido de cuartos ante Noruega, hizo saltar los cronómetros por los aires: un choque durísimo a 80 minutos (dos prórrogas) que se pagó en la semifinal ante Dinamarca. Aun así, nueve españoles llevan más de tres horas de juego; en Suecia, doce.
Son datos, números, acciones, vídeos, pero también psicología. «Mucha. Con los jugadores y con los compañeros. En una competición en la que todo se vive con tanta intensidad, hay momentos muy buenos y otros no tanto. Estás tomando decisiones continuamente y hay que lidiar con muchas situaciones. Saber tratar a la gente en cada momento de tensión, de tranquilidad o de estudio es fundamental». Para Montes es una de las claves de esta selección que se mantiene en la élite desde hace más de una década. La otra, la gestión de grupo que hace Jordi Ribera. «Tiene mucha responsabilidad en un equipo al que siempre se le exige lo máximo. La carga es enorme. Pero la gestiona muy bien. Es muy buena persona, transparente, nos pide opinión y te dice que te mojes en las decisiones. Es muy exigente, con él y con los demás. Como técnico, tiene unos conocimientos tremendos de todos los países a todos los niveles. En España no solo con la selección absoluta, sino con todo el balonmano. Lo trata como un proyecto global, por lo que exige que también se impliquen los Centros de Alto Rendimiento para implantar el modelo a los jóvenes».
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Obligado por el paso del tiempo, Ribera ha tenido que dar vueltas y más vueltas para que la esencia quedara como está: más que un equipo, un grupo de amigos; más que un grupo de amigos, una familia. Y que las ausencias de peso en ciertas posiciones (Entrerríos, Aginagalde, Viran Morros) no fueran una puerta por la que se pudiera debilitar el conjunto, sino una oportunidad para construir otro bloque más fuerte. Así definen los hermanos Dujshebaev esa labor de reconstrucción: «Nos mantiene muy unidos como grupo. Facilita mucho las cosas dentro del juego. Nos deja improvisación, pero nos da muchos detalles para saber qué movimientos podemos hacer para marcar y buscar soluciones», indica Álex. «Busca apartar los egos y que todos nos centremos en lo mejor para el equipo. Cada uno tiene su rol, pero nos compromete a todos para ser importantes juguemos más o menos», dice Dani. Hoy en la pizarra de Ribera hay dibujado un bronce, la sexta medalla de su laboratorio.
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