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Del Milan de los 'inmortali' al de los 'meravigliosi': «Berlusconi no quería fichar a Ancelotti»
Lo hizo convencido por Sacchi, el último día de mercado de 1987. Jugó cinco años de rossonero y luego lo entrenó ocho temporadas. Hoy se mide por primera vez a ellos como entrenador del Madrid

El 31 de agosto de 1987, a falta de pocos minutos para que se cerrara el mercado de fichajes, el Milan depositó en la sede de la liga italiana un contrato de cinco años con Carlo Ancelotti con el que ponía fin a su ... etapa como futbolista de la Roma, tras ocho temporadas de 'giallorossi'. Un movimiento que nunca hubiera tenido lugar sin la insistencia de Arrigo Sacchi: «Tu cómprame a Ancelotti y yo te gano el Scudetto», le dijo a Berlusconi para convencerlo de su fichaje. El dueño del Milan no quería comprar a Ancelotti y sin Sacchi, eso jamás hubiera sucedido. Ahí empezó el intenso vínculo de Carletto con el club lombardo, al que se enfrenta hoy por primera vez como entrenador del Madrid, en la jornada cuatro de la Champions.
Berlusconi no quería fichar a Ancelotti porque consideraba que tenía las rodillas destrozadas. Carlo se había roto la derecha en 1981 y la izquierda en 1983, dos graves lesiones que, en algunas etapas, condicionaron su rendimiento. El propio Ancelotti ha confesado en alguna ocasión que se le quedaban bloqueadas cuando la temperatura era fría y necesitaba aplicarse calor para que no fuera así.



«¿Tú como estás, Carlo?», le preguntó Berlusconi a Ancelotti en una llamada del presidente al jugador, justo antes de darle a Sacchi el visto bueno. «Yo estoy perfecto», le contestó Carletto. Ahí se cerró el trato y se puso la primera piedra del Milan de los inmortales, que era como se apodó a ese histórico Milan de Sacchi, campeón de dos Copas de Europa de manera consecutiva (1989 y 1990), dos Intercontinentales, dos Supercopas de Europa, una Serie A y una Supercopa de Italia: «Fue un grandísimo entrenador. Cambió la historia del fútbol italiano. Se focalizaba en el aspecto defensivo, pero no hacía 'catenaccio', sino que ponía la línea defensiva en el centro del campo», explicó Ancelotti en 'Universo Valdano', donde recordó que el Madrid-Milan, ida de semifinales de 1989, el equipo blanco cayó en 24 fueras de juego.
Ancelotti, autor del primero de los cinco tantos que el Milan le endosó a los blancos en la vuelta de aquella eliminatoria, fue un mediocentro de buen trato con el balón, inteligente tácticamente, con personalidad y carisma. La extensión de Sacchi sobre el césped. Un entrenador que ejercía de jugador. Un líder silencioso que tenía en Maldini y Baresi a sus dos grandes amigos en un equipo en el que brillaban Van Basten, Gullit y Rikjaard.
La premonición de Capello
Cinco años como milanista a los que puso fin en junio de 1992, el primer año de Capello en el banquillo 'rossonero'. Lo hizo tras un año complicado en el que no solo Albertini le quitó la condición de titular, lo que nunca acabó de comprender, sino que además hubo partidos en los que ni siquiera llegó a entrar en la convocatoria: «Yo no lo entendía, pero Capello me dijo 'cuando seas entrenador, lo entenderás'. Y así fue». Se despidió en un Milan-Verona en el que en solo cinco minutos anotó dos goles, la única vez en su carrera que logró un doblete. También fue el último partido de su carrera, a pesar de que solo tenía 33 años. Sus rodillas dijeron basta.
Nada más colgar las botas, Ancelotti recibió la llamada de Sacchi, que tras dejar el Milan se hizo cargo de la selección italiana. Fue su primera experiencia en los banquillos, como ayudante de Arrigo, con quien estuvo hasta el Mundial de Estados Unidos, en el que Italia acabó subcampeona tras perder con Brasil en los penaltis. Luego, dirigió a la Reggiana (1995-1996), al Parma (1996-1998) y a la Juventus (1998-2001), su última aventura antes de volver al Milan, pero esta vez con traje y corbata.
Llegaba con la fama de ser un entrenador perdedor, sobre todo por las dos ligas (2000 y 2001) perdidas con el equipo 'bianconeri' en la última jornada. Una, por dos graves errores de Van der Sar, y otra, por un partido en Perugia que acabó siendo una encerrona por una tromba de agua, que suspendió el partido durante una hora, y luego terminaron perdiéndolo: «En en el verano de 2001, Ancelotti tenía un acuerdo verbal para volver a entrenar al Parma, pero cuando iba camino de firmar ese acuerdo, Galliani le convenció para dar marcha atrás y fichar por el Milan», desvela Carlo Pellegatti, histórico periodista italiano que durante cuarenta años ha seguido el día a día del Milan, amigo personal de Ancelotti y, ahora, youtuber de éxito.
El Milan había despedido a Fatih Terim y Berlusconi le pidió a Galliani que trajera a Ancelotti: «¿Por qué debería romper mi acuerdo con el Parma?», le preguntó Carletto al director general del Milan. «Porque Berlusconi me ha dicho que el Milan te necesita», le contestó. Y así empezó la etapa de Ancelotti como entrenador 'rossonero'. Siete años en los que conquistó dos Champions, un Mundial de Clubes, dos Supercopas de Europa, una Serie A, una Copa de Italia y una Supercopa de su país: «Berlusconi ha sido uno de los grandes presidentes de la historia del fútbol. Siempre fue un genio», recuerda Ancelotti, que también le daba su voto como presidente de Italia.
Berlusconi era lo que Ancelotti llamaba un presidente-aficionado. Ese tipo de dirigente que estructuraba un club de fútbol como una familia, que es lo que le gustaba a Carletto, a pesar de las discusiones de fútbol que tenían. Berlusconi le insistía que el equipo debía jugar con Kaká más dos delanteros, y no solo uno, como hacía en bastantes ocasiones Ancelotti: «Siempre tuve una buena relación con él, y eso que me ha dado palos. Pero me ha dado palos cuando las cosas iban bien, no cuando iban mal. Sabía perfectamente elegir el momento».
Berlusconi, a su lado en 2005
Se lo demostró tras la dramática final de Champions en 2005, en la que el Liverpool le igualó un 3-0 y acabó ganando la orejona en la tanda de penaltis. Aquella misma noche, Berlusconi bajó al vestuario y le dijo a Ancelotti que el equipo había jugado muy bien y que no tenía ninguna intención de echarle. Y así fue. Dos años después, en 2007, el tiempo le dio la razón a Berlusconi y Ancelotti le dio una nueva Champions (la otra la ganó en 2003), vengándose en la final, precisamente, del Liverpool de Benítez.
Esa final de 2003, que ganó en Old Trafford a la Juventus, en la tanda de penaltis, guarda una de las anécdotas más divertidas de la relación Ancelotti-Berlusconi. En la charla técnica previa al partido, Carletto invitó a Silvio a presenciarla in situ. Fue la primera y única vez. Berlusconi se fue al fondo del salón, para pasar desapercibido y no molestar en un momento tan íntimo entre cuerpo técnico y plantilla. Al acabar, Ancelotti se acercó a Berlusconi y le dijo: «¿Qué te ha parecido? ¿He estado bien, verdad?». Berlusconi le respondió: «Has estado bien, pero yo lo hubiera hecho mejor».
«El Milan de Sacchi fue el de los 'inmortali', el de Capello el de los 'invincibili', y el Milan de Ancelotti, con Kaká, Shevchenko, Pirlo Seedorf, Inzaghi o Nesta, fue el Milan de los 'meravigliosi'», recuerda Pellegatti.
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