FÚTBOL / MUNDIAL FEMENINO
Claudia Zornoza: «Antes me afectaban los fallos, ahora sé que hay que hacerlos y aprender»
La centrocampista del Real Madrid disfruta por fin de la recompensa de su primer Mundial mientras estudia oposiciones y vive por los que no están
El silbato pionero de Marta Huerta de Aza

Pasando las temporadas, los buenos encuentros, los buenos datos, pero la llamada no llegaba. Hasta ahora. Seis años ausente de cualquier convocatoria internacional, sin Eurocopa 2022, Claudia Zornoza (Madrid, 1990) encuentra recompensa a esa entrega y a la constancia con 32 años. En su ... charla con ABC muestra la madurez con la que afronta la cita, alejada de disputas y críticas, con recuerdos de su niñez y de quienes ya no están. Consciente de que el fútbol es importantísimo, y que hay vida más allá.
—¿Cómo sienta un primer Mundial?
—Llevo muchos años jugando el fútbol. He trabajado muy duro este año en el club y creo que hice un gran año, y el año pasado también. Y esto me llega ahora. Es una oportunidad única. No he jugado ningún torneo hasta ahora, así que hay que disfrutarlo al máximo. Estoy contenta. Intento entrenar al cien por cien. Y cuando el entrenador lo requiera será la oportunidad para mí de poder hacerlo bien. Y ojalá ganarlo.
—¿Qué es lo que más le sorprende?
—Toda la gente que ves en el campo. Parece que no vienen, pero luego ves y sí que hay muchísima gente. Y la cantidad de aficionados que han venido de todos los países. Es bonito ver que el fútbol femenino gusta.
—Le llega ahora esta oportunidad, del 1 al 10, ¿su nivel de exigencia cuál es?
—Buf (risas) diría que un 9. Me exijo mucho y a veces sé que tendría que exigirme menos porque con tanta exigencia no disfrutas del todo. Pero mi personalidad es así y no lo puedo evitar.
—¿Se queda más con los fallos o con los aciertos?
—Tengo una madurez que antes no tenía. Antes sí que me afectaban más los fallos. Ya no. Ahora los fallos están para hacerlos y para aprender de ellos.
—¿Con quién se entiende en el campo con solo una mirada?
—Me es muy fácil entenderme con Jenni Hermoso. Coincidimos en el Rayo en mi primer año de fútbol en Primera división. Con ella todo es muy sencillo. Sabe dónde estás, sabes que te la va a devolver. Es un juego muy asociativo y me gusta.
—¿Pase, regate o gol?
—Pase. Sin duda.
—¿Está en su mejor momento?
—Sí, sí, totalmente. Durante la etapa del Levante y Real Madrid he alcanzado una madurez deportiva que antes no tenía. Me han enseñado sobre todo otros roles defensivos, antes yo era más ofensiva. Y ahora veo que defender me encanta. Creo que soy una jugadora más completa.
—Tuvo dos lesiones graves en el pasado, ¿enseñan algo o es una faena y ya?
—Te enseñan muchísimo. He pasado dos cruzados y aprendes a estar sola porque son muchas horas sola con tu recuperador. Estás apartada del equipo, de la rutina. Es bastante duro emocionalmente y aprendes muchísimo a valorar todo. Es lo que se dice, cuando no tienes las cosas es cuando las extrañas. Lo dije alguna vez. Incluso me quité todas las manías. Antes era una jugadora muy maniática y no ayudaba nada.
—¿Qué queda de la Claudia que jugaba con los chicos en el pueblo?
—Con los balones Mikasa, sí. Yo creo que queda la sencillez. El valorar todo, porque he vivido todo el proceso, todo lo que nos están dando. Aunque falta un poco de avance, bastante. Pero incluso añoro un poco ese fútbol, porque ahora es mucho más intenso, redes sociales, muchas entrevistas. Antes creo que era más bonito el fútbol.
—Ha habido una gran evolución física en el fútbol femenino. ¿Le gusta el gimnasio o prefiere otros ejercicios?
—Me gusta el gimnasio. Todo va subiendo y te tienes que adaptar a todo lo que viene nuevo. Te ves fuerte, ves que ganas musculatura, ves que ya vas al choque. Es una parte bonita del deporte.
—¿Ser vegetariana le ha ayudado?
—No pienso mucho en si es mejor que antes o no. Cambié mi alimentación hace seis años. Dicen que te ayuda a estar mejor. No he tenido lesiones desde las dos gordas y el peroné por un golpe. Y veo que recupero antes, no me siento tan cansada. Creo que he ganado mucha musculatura. No sé si es la alimentación, pero algo me ha ayudado porque estoy mucho más fuerte que hace años.
—¿Qué ha desayunado hoy?
—Mi tostadita de tomate y aguacate y huevo revuelto.
—¿Es una decisión que también toma por el medio ambiente?
—Soy mucho de ver documentales, sobre todo de cambio climático y animales. De repente vi todo eso y mi conciencia cambió. No pude hacerlo cuando quise, tuve que esperar a acabar la temporada. Y ahí tomé la decisión. Simplemente es mi conciencia. Es algo mío personal. Respeto que cada uno elija su alimentación. Yo estoy bien así.
—Entrena mucho la cabeza. ¿Necesita el equilibrio entre estudio y fútbol?
—Sí, es que no puedo estar quieta. Es verdad que soy perezosa, pero siempre he intentado estudiar algo cada año. Estudié Magisterio, luego el Máster de Gestión Deportiva, incluso hice dos años de Fisioterapia que dejé por la lesión. Intento tener mi cabeza despejada. Este año estoy con la oposición (a Policía). Tengo pensado también meterme otra vez en la pintura o aprender piano. Creo que es importante tener la cabeza fuera del fútbol cuando sales de entrenar.
—¿Cansa un poco el fútbol?
—Sí es cansado. Quien diga lo contrario miente. No es solo cuando estás entrenando. Vas a casa y el fútbol está aquí (señala la cabeza). Son 24 horas al día.
—¿Verá el clásico?
—Sí, sí, por supuesto. Es verdad que no soy mucho de ver fútbol, pero el Madrid lo veo. Prefiero desconectar, pero si son partidos importantes sí los veo.
—¿Le ayudan las oposiciones al fútbol y al revés?
—No tiene nada que ver lo de policía con el fútbol, pero de alguna manera ayuda porque me despeja la mente y no me deja pensar en otras cosas. A lo que me quiero dedicar se necesita mucha disciplina y el fútbol me ha dado eso. Soy una persona disciplinada, sacrificada y me ayuda a estudiar, a centrarme.
—¿Nota la diferencia generacional en el vestuario?
—Hay diferencia de edad con muchas, pero yo tengo espíritu joven. A veces soy muy alocada y muy niña por decirlo así. Tengo 32 pero me siento mejor que hace tres años. Sí, sí, de verdad.
—¿Es de redes sociales?
—No me gustan mucho la verdad. Intento no ver Twitter. Es cierto que notas el cariño de la gente, pero hay veces que los comentarios no son agradables y yo me desvío de eso.
—Hay muchas madres en este Mundial, ¿es un avance? ¿Quiere serlo?
—Cuando encuentre un novio, me lo planteo (risas). Es un avance muy grande, hay varios casos y que encima están rindiendo al máximo nivel.
—Si fuera ministra de Deportes...
—Haría muchas cosas en la liga española. Deberíamos seguir los pasos de otros países como Inglaterra, que tienen muchísimo reconocimiento, va muchísima gente a los partidos, tiene campos increíbles. Es un avance que debería estar ya en España.
—¿En el Real Madrid se está bien?
—Muy bien, no puedo decir otra cosa.
—¿Se han acabado los piques con el Barcelona?
—La gente habla mucho por las redes sociales. Estoy muy apartada de todo lo que pasó con las quince. Soy una persona que desvía todo eso. Ni siquiera se hablaba en el vestuario ni nada. Me dedico a entrenar, me voy a mi casa, disfruto de mi familia. Ojalá todos los clubes puedan llegar a como están el Madrid, Atlético, Barcelona. Que tienen unas instalaciones increíbles.
—¿Puede contarme sus tatuajes?
—Tengo uno enorme en el brazo izquierdo que es de mi familia. Hice yo el diseño. Y otro de mis abuelos, que fallecieron en la pandemia. Tengo varios. Casi todos son de familia, de cosas que me pasan y quiero llevar siempre.
—Se relativiza el fútbol, ¿no?
—Fue muy duro. A mí me pilló en Valencia y no pude despedirme de ellos. Fue de golpe. Sí, fue bastante duro. Hay cosas mucho más importantes que estar pensando que tienes un mal entrenamiento o que tienes un partido el fin de semana. La familia para mí es lo más importante y cuando te faltan y estás lejos es cuando dices 'ay, va, tenía que haber disfrutado otras cosas'.
—Ha dicho que diseñó su tatuaje, ¿se dedica a la pintura?
—Sí, estoy aprendiendo. Me ha gustado siempre pintar paisajes. A mi padre, Paco, le encanta, pinta muy bien. Desde chiquitita lo veía a él y me gustó.
—¿Qué le dijeron sus padres antes de venir aquí?
—Tenían un orgullo enorme de 'por fin te ha llegado tras tanto trabajo'. Que lo disfrutara al máximo y que pasara lo que pasara, siempre sonriendo. Aquí están mis tíos y mi hermano, pero en Auckland. Quiero que disfruten de todo lo que hay aquí; es una vez en la vida.
—¿Su familia es muy de deporte?
—No, no, se dedican a otras cosas (maestra y jardinero). Mis hermanos, César e Ismael, que ha sido papá ahora, sí hacían deporte. Pero el mediano tuvo que dejarlo por las rodillas. El mayor hace voleibol. Algo totalmente diferente. Mis padres no, pero me han seguido desde pequeña. Mi madre, Maite, odiaba el fútbol, y ahora le encanta porque juega su hija. Hablo con ellos todos los días con videollamadas. Como tienen a mi perrito Bobby, a los pobres les estoy diciendo todo el rato, enseñadme a Bobby.
—Si cierra los ojos y digo Bochones (su pueblo), ¿qué le viene a la cabeza?
—Bua, pues los que no están conmigo. Mi tío que falleció, mis abuelos, mi familia. Siempre que voy es una añoranza enorme. Es disfrutar de las cosas sencillas.
—Si quiere desconectar, ¿dónde huye?
—Paseando a mi perro. En Madrid voy a la montaña y a la Casa de Campo.
—Tenía un huertito, ¿no?
—En Valencia, en Madrid no, es más difícil. Nos daba para alimentarnos y nos sobraba mucha verdura; y yo la llevaba al entrenamiento para la gente. Les daba lechugas y tomates. Había muchas risas.
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