Más sevillanía y menos populismo
Sólo el talibanismo residual, pese a tantos ejemplos de estulticias mutuas, encuentra placer en meter el dedo en las llagas.
No hay familia sevillana con sus integrantes aficionados al fútbol que no tengan en sus entrañas a béticos y sevillistas, y viceversa intestinal entre el grueso y el delgado. No sé las suyas como serán, pero en la mía, tras cada jornada, en las largas ... previas y post de los derbis, se dicen auténticas burradas unos a otros, que para los que hemos peinado muchas canas de rivalidad podrían ser sinónimos de fractura. Y, salvo excepciones, que las habrá, todo queda ahí; se ven, se dan unos abrazos, comparten quedadas encantados. Puede más el afecto que el color.
Siempre me ha dado la impresión de que los dirigentes de los clubes de todas las épocas no solo han vivido de espaldas a la idiosincrasia del sevillano sino que, tergiversándola, la han aprovechado para hacer demagogia populista con la que lograr adhesiones. No saben que a la mayoría le resbala y que sólo el talibanismo residual, pese a tantos ejemplos de estulticias mutuas, encuentra placer en meter el dedo en las llagas.
A estas horas, y mucho me temo que en las del próximo día 30, no habrá más representación sevillista en el Benito Villamarín que la de sus aficionados más fieles. Estoy con López Catalán en que el acomodo de los dirigentes blanquirrojos, de producirse, sólo sería posible en el palco, en cuyos alrededores tampoco estarían exentos de posibles provocaciones, que lo adinerado no garantiza educación. Comprendo que Del Nido Carrasco, aprensivo a exponerse hasta en Nervión y coherente con romper relaciones, no quiera ir (Benavente lo hacía sin chaleco antibalas, en tiempos en que le disparaban obuses desde la misma presidencia verdiblanca), pero digo yo que habría algún «echao p'alante», lo mismo desde su disidencia interna, que aceptaría la representación institucional del club. Pregunten.
El paso lo tiene que dar el Sevilla, aunque, más allá del protocolo, no estaría de más que el Betis tendiera la mano. Y luego, en torno a unas cervezas sin alcohol, ponerse de acuerdo en los códigos que rijan en el futuro: una mayúscula, una minúscula, un número y un carácter…. ESPECIAL.
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