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BALONCESTO

Blanco llama «Ikea» a Ibaka al anunciar su nacionalización

ANDRÉS ARAGÓN

El extravío del pasaporte y de la partida de nacimiento retrasó el proceso. La dicción de José Blanco trajo estupor. Pero Serge Ibaka —que no «Ikea», como dijo el ministro portavoz del Gobierno— obtuvo la nacionalidad española por carta de naturaleza y podrá disputar el Eurobasket de Lituania a las órdenes de Scariolo.

A falta de mes y medio España es un poco más favorita para revalidar el Europeo. Ibaka apareció en el radar del baloncesto español en 2006, cuando el ex jugador Anicet Lavodrama le descubrió en el Campeonato de África sub 18. Niega tener prisa, pero su carrera es tan meteórica que ya es uno de los mejores defensores de la NBA. Y desde ayer, español.

Destaca en su biografía la infancia compartida con una guerra civil y unos antecedentes familiares que ya apuntaban hacia la canasta. Su debut se demoró por problemas en la tramitación de la ficha, pero desde que empezara a jugar en la 2007-08 con el CB L'Hospitalet de la Adecco Oro, su ascenso ha sido imparable.

Tan pronto como disputó su primer partido, cualquier intento de mantenerle en secreto quedó obliterado: no había manera de sujetar aquello. Ese mismo verano era seleccionado en el «draft» de la NBA por los Seattle Supersonics (hoy Oklahoma City Thunder) y en otoño se estrenaba en la ACB con el Manresa, su segunda casa. Con él, el equipo se quedó a las puertas de los play offs.

Existe un dicho en el mundillo que no por desgastado pierde su altura como piropo: «Ha nacido para jugar al baloncesto». En el caso de Ibaka es una evidencia. Posee una condición atlética extraordinaria, que adorna sus 2.08 metros de altura con una rapidez de movimientos prodigiosa. Salto y agilidad hacen de él un intimidador de primer nivel.

Tiene hambre y año a año pulimenta su juego. Su combinación en la pintura con los hermanos Gasol y el oficio de Felipe Reyes concede a la selección un juego interior sin parangón en el escenario europeo. Junto al regreso de Calderón, España es dueña de un potencial que no sólo acerca, sino que casi «obliga» a volver de Lituania con medalla.

Eclipsadas por el desliz de Blanco, las palabras de Serge Ibaka testimonian lo que ha demostrado con hechos: «En España me he formado como jugador y como persona. Sería un honor devolver en la pista todo lo que me ha dado en la vida».

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