El veredicto de 'La pasajera'
Los hechos adheridos a esta obra van más allá, pues penetran en la vivencia del Holocausto
El Teatro Real estrena 'La pasajera', una «estremecedora ópera sobre el horror de Auschwitz

La presencia en el Teatro Real de 'La pasajera' del muy desconocido Mieczysław Weinberg, es un acontecimiento del que cualquier teatro puede sentirse orgulloso. En una época tan proclive al descubrimiento de músicas olvidadas y a la reformulación de otras conocidas, la llegada del compositor de origen polaco, del que tanto queda por destapar, adquiere una dimensión colosal. Por la honradez personal, por el sufrimiento que marcó su vida al socaire de las lamentables condiciones ambientales que le tocó vivir y, sobre todo, por su indiscutible magnitud artística.
El entorno general fue aquella Unión Soviética de silencios sospechosos y miradas asesinas en el que Weinberg vivió y compuso, un lugar que (¿quién lo habría pronosticado?) todavía retumba en la Rusia que hoy amenaza al mundo con la impunidad del sátrapa. Pero con toda su repugnancia, los hechos adheridos a 'La pasajera' van más allá, pues penetran en la vivencia del Holocausto. Y lo hace con tal fuerza que incluso en la función de estreno de ayer, habitualmente social, acrítica e inocente, varios segundos de silencio, apenas había terminado la obra y antes de que sonaran los aplausos, pusieron de manifiesto la profunda impresión de lo contemplado.
Proyectos como 'La pasajera' están muy lejos de aquel noble deseo ilustrado de deleitar los oídos. Weinberg, como agente final de la obra, no deja espacio a la negociación. Sucede también con sus cuartetos de cuerda, su «diario clandestino» que estos días programará la Fundación Juan March, institución que ya anticipó al compositor en un ciclo pionero en 2012. Porque lo que se vive en el Real tiene mucho más que ver con el propósito, asimismo culto y realmente trascendente, de conmover el ánimo. Lo logra la directora musical Mirga Gražinytè-Tyla, defensora a ultranza de la música de Weinberg, con una propuesta imponente ante una orquesta que pocas veces suena con semejante tersura. Entre el sonido descerrajado del principio y la suspensión final quedan por medio mil sonoridades dispuestas a apoyar una representación particularmente compacta.
Lo consigue también el director teatral David Pountney, quien vuelve sobre la coproducción que estrenó en Bregenz en 2010, en la que se reaviva la idea original del libretista Alexander Medvedev, mediante una adaptación textualmente políglota. La exacta superposición de ambientes coloca en un plano superior un vencido transatlántico en el que se reencontrarán Lisa, la carcelera nazi, y Marta, la prisionera judía. Por debajo queda el campo de concentración. Y, a partir de ahí, la obra crece en un constante entrecruce de escenas, y apariciones de un tren que solo transporta muerte. La robustez del reparto no es una cuestión menor.
Por centrarlo en las protagonistas, la atormentada intimidad de Lisa tiene en Daveda Karanas a alguien poderoso y particularmente inquietante. Amanda Majeski interpreta a Marta y, salvo alguna esporádica y circunstancial destemplanza en la función de ayer, se impone con una dignidad y convicción muy importantes. 'Pensará la gente en nosotros en el futuro', se dice frente al barracón.
'La pasajera'
- Música Mieczyslaw Weinberg
- Libreto Alexnder Medvedev, basado en la novela de Zofia Posmysz
- Intérpretes Amanda Majeski, Gyula Orendt, Stephen Waarts, Anna Gorbachyova-Ogilvie, Krystina Lidia Vinyes-Curtis, Marta Fontanals-Simmons, Nadezhda Karyazina, Olivia Doray, Helen Field, Liuba Sokolova, Daveda Karanas, Nikolai Schukoff, Coro y Orquesta Titulares de Teatro Real
- Director musical Mirga Grazinyte-Tyla
- Director de escena Johan Engelds
- Lugar Teatro Real, Madrid
Afortunadamente, aunque Weinberg se mostrara indiferente con el destino de sus obras, quizá resignado ante el terror que le atenazó, el descubrimiento en su día de 'La pasajera', y su actual puesta en escena en Madrid, tiene mucho que decir al respecto. Lo averiguarán quienes vean esta producción y, como hizo Dante, penetren en la oscuridad del bosque para luego descender al Infierno obligándose a mantener viva la memoria de los sometidos.
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