Luna y su esplendor

Ayer y hoy, la zarzuela lucha por la dignidad mientras el chiste fácil, el retruécano o la paronomasia sirve a algunos morcilleros que hacen de las obras un propósito personal. Los hubo famosos y con personalidad: desde Juan Rana, el gracioso más vivo del Siglo ... de Oro, hasta Ramón Rosell, de quien se decía que podía encontrar el chiste en un sarcófago. Todos negociaron el asunto a su propio albedrío. Hoy lo pretende Enrique Viana, quien busca el hueco para monologar sobre lo real, lo imposible y la decrepitud ruinosa de su aspecto.
Viana vuelve al Teatro de la Zarzuela para estrenar su versión de «Benamor» obra de Paso, González del Toro y Luna, ausente de este escenario desde el estreno en 1923. La Zarzuela ha repuesto hace poco «Las calatravas» en versión de concierto, pero tiene muchísima más enjundia, gracia y optimismo este acercamiento orientalista firmado por un compositor que perteneció al exquisito grupo de quienes pusieron su sólida cultura musical al servicio de un espectáculo honorable. En el programa de mano, Ignacio Jassa Haro traza un soberbio perfil del autor al socaire de la obra y sus cómplices. Tantea su carrera internacional y obliga recordar a quien trabajó en el Eslava junto a Martínez Sierra y se codeó con Diaghilev, Falla o Stravinsky. Luna quiso elevar la calidad de la zarzuela sin perder popularidad y este espectáculo lo confirma, pues engancha al espectador allí donde mejor se engrana lo musical y lo visual.
Centran la atención el imaginativo, elegante y colorista vestuario de Gabriela Salaverri, la sólida arquitectura escénica de Daniel Bianco, en una Persia tan irreal como evidente; la inmediata coreografía de Nuria Castejón y la consistente propuesta musical de José Miguel Pérez-Sierra. Mientras, las partes habladas se acoplan con escasa imaginación ante un argumento equívoco de sexos, príncipes y sultanes. Se nota en la endeble personalidad de varios personajes, desde el Darío que Carol García pavisosea en paralelo a Amelia Font, extrañamente apagada, y los dispuestos Vanesa Goikoetxea y Damián del Castillo. Tiene otra dimensión el empeño personal de Gerardo López, Gerardo Bullón, Francisco J. Sánchez, y Emilio Sánchez. Y entre todos ellos circula el gesto decadente de Viana, vivo retrato de un desmayo que sigue coleccionando aplausos.
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