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«La importancia de llamarse Ernesto»: el nombre sí que importa

Alfredo Sanzol presenta en el teatro Fernán Gómez su montaje de la comedia de Oscar Wilde

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Julio Bravo

Sobre el papel, no parece que los universos de Oscar Wilde y de Alfredo Sanzol (una de las más saludables apariciones de nuestra escena en los últimos años) tengan mucho que ver. El director navarro, sin embargo, lo niega. «¿Por qué? “La importancia de llamarse Ernesto” me ha parecido siempre una de las comedias que se inventa la comedia moderna -replica-. Siempre la he tenido entre mis textos».

Alfredo Sanzol trae la obra de Wilde a Madrid (teatro Fernán Gómez) en una producción del teatro Gayarre de Pamplona, donde se estrenó hace algo más de un año. El propio Sanzol firma la adaptación junto a José Padilla ; la escenografía y la iluminación son de Tomás Muñoz , y el vestuario de Alejandro Andújar . El reparto -«magnífico» dice Sanzol- está compuesto por actores que habitualmente trabajan en Navarra: José María Asín, Iratxe García Uriz, Txori García Uriz, Marta Juániz, Patxi Larrea, Pablo del Mundillo, Aurora Moneo y Leire Ruiz (en determinadas funciones, Ana Maestrojuán y Pedro Miguel Martínez sustituirán a varios de los actores). «Es una ocasión extraordinaria -añade el director- para que se vea en Madrid a estos estupendos intérpretes».

«Comedia trivial»

Estrenada en Londres el 14 de febrero de 1895 y situada en la Inglaterra victoriana , su autor la subtituló «Comedia trivial para la gente seria». es una divertida comedia de enredo que ahonda en la necesidad -en la sociedad victoriana de entonces pero también en la sociedad actual- de mantener una doble vida : es necesario llamarnos Jack y ser formales y correctos conforme a lo que se espera de nosotros, pero también, en ocasiones, es necesario llamarse Ernesto para poder sobrevivir. Sanzol destaca que en la obra hay «una aparente frivolidad , parece que no se habla de nada y se está hablando de muchas cosas. “Nunca hablo en serio de lo que me importa”, dijo Wilde, que le tenía pavor a la pedantería y huía de ella». Su autor, añade Sanzol, «retuerce las normas y la moral hasta convertirlas en parodia de sí mismas. “La importancia de llamarse Ernesto” es una comedia despiadada y excéntrica, perfecta, bella y onírica como la vida de una rosa en las extrañas paredes de un jardín vertical».

Hacer la versión, dice Sanzol, ha sido «muy divertido», y eso convierte el trabajo en sencillo . «Nuestro objetivo fundamental es, además de intentar mantener el ritmo que tiene el original inglés, que se entendiera todo el texto, porque está lleno de juegos de palabras y de dobles sentidos que había que mantener».

La manera en que Alfredo Sanzol trabaja con los actores, basada en la naturalidad, podría chocar con el estilo del teatro decimonónico inglés. «Cuando se trabaja orgánicamente, las nacionalidades desaparecen, y lo mismo las épocas. Al trabajar en un texto que no es mío, da igual de quien sea, el asunto es meterme en su imaginario; pero tengo que hacerlo desde mi propio imaginario , y ahí se produce un encuentro que es de donde surge la puesta en escena. Siempre pasa por un acercamiento sincero al texto», concluye.

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