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ABC Cultural

Quincena Donostiarra

Pablo Sorozábal vive en Donostia

La 83 edición del festival rinde homenaje al compositor en su 125 aniversario

Los participantes en el homenaje, durante su presentación en el Kursaal de San Sebastián ABC

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La Quincena en Aránzazu

  • Autor Pablo Sorozábal
  • Intérpretes Easo Abesbatza. Oñatiko Ganbara Abesbatza. Lorea López, soprano. Luken Munguira, tenor. Eider Pérez, narrador. Iñaki Salvador, David de Oliveira, piano. Oñatiko Aita Madina Txistu Taldea. Gero Axular Dantza Taldea. DAB konpainia.
  • Lugar Santuario de Aránzazu, Guipúzcoa

Entre los diversos escenarios ocupados por la Quincena Musical donostiarra, el santuario de Aránzazu tiene identidad propia. El festival, que este año celebra su 83 edición, incluye más de setenta conciertos y espectáculos a desarrollar en cuatro semanas y, fiel a viejas costumbres, ordena sus programación en ciclos muy diversos, desde la música contemporánea, a la Quincena andante, el ciclo de órgano o la música de cámara. El habitual concierto en Aránzazu se escapa a cualquier clasificación y surge como proyecto independiente demostrando la exclusividad de un espacio único, reservado, conmovedor: el feliz encuentro entre la universalidad de Oteiza, Lucio Muñoz, Chillida o Basterretxea, quienes a final de los cincuenta dieron un nuevo significado al templo como referente indiscutible de la cultura espiritual guipuzcoana.

Aránzazu ha alojado este año el homenaje al compositor Pablo Sorozábal en su 125 aniversario. La música y el nombre del autor donostiarra empapa la Quincena Musical con presencia en diversos conciertos, incluyendo el estreno de la obra ganadora en el concurso de composición para cuarteto de cuerda Pablo Sorozábal que promueve la asociación vasco-navarra de compositores Musikagileak y que este año ha recaído en el compositor turco Egemen Kurt (2002) y en su 'Loquela Codex' que interpretó el Quartetto Maurice. En una perspectiva más colorista se sitúa la versión en concierto de 'La tabernera del puerto', que ha significado el regreso de la zarzuela al festival, después de veinticinco años.

Sorozábal es una fortaleza de la ciudad y su aniversario se recuerda también por otras instituciones como la asociación Donostia Musika con conciertos, representación en diciembre de 'Adiós a la bohemia' y la edición de un libro en el que la perspectiva familiar se funde con varios comentarios sobre su obra. La música bien merece un mínimo análisis y más en casos tan inmediatos, algo que choca de pleno con el espartano criterio con el que la Quincena plantea la edición de sus programas de mano.

Los homenajes a Sorozábal mantienen vivo el repertorio más obvio, como pueda ser la música escénica incluyendo la zarzuela, pero también indagan en otros asimismo representativos (la obra camerística, la canción o la coral) y necesarios a la hora de perfilar el retrato de un autor imprescindible ante las grandezas y profundas debilidades de la vida musical española en el primer siglo XX. Sorozábal fue un luchador por la causa musical y el rigor creativo: formado en Alemania, dispuesto a desarrollar una obra con personalidad propia e inevitablemente limitado a la fama del divertimento escénico, como forma de éxito y fortuna. Pero sus muchos aciertos en este terreno no le apartaron de los suyos, demostrando (quizá muy a pesar suyo) que tras el hombre adusto, determinado y sin disimulo, había alguien de enorme sensibilidad. Alguien definitivamente vasco.

El concierto en Aránzazu, mezcla un poco híbrida de varios intereses, ha caminado por esa senda proponiendo con sentido argumental y en un solo trazo varias canciones y otras tantas obras vocales en euskera prologadas e intercaladas por dos 'intrusos': el muy temprano 'one step' titulado 'The Odoro', extraño en ese contexto por lo que supone de observación del horizonte internacional marcado por la fulgurante moda del baile americano, y el dúo 'Me caso en la mar salada', extracto del postrero y superficial sainete 'Entre Sevilla y Triana' interpretado a solo por el tenor Luken Munguira Santos, solista que compartió arrojo con la soprano Lorea López Ederra.

La narración en euskera con detalles de la vida de Sorozábal, la danza popular a cargo de la Axular Gero Dantza Taldea y en fusión con el gesto contemporáneo de dos bailarines de la DAB konpainia, el txistu (Zerizan Txistu taldea) y el apoyo del piano (en ocasiones a cuatro manos) llevaron el espectáculo desde una selección de los 'siete lieder' vascos y las muy evocadoras 'canciones a dos voces' hasta varias obras corales, a veces armonizaciones a partir de fuentes folclóricas. La base de toda la ciencia musical de Sorozábal está inscrita en estas obras y dieron forma a una manera de ser perseverante en su defensa de la cultura sentimental vasca.

Que estas obras se puedan cantar más exacta y refinadamente, con un punto de distinción más aristocrático, no niega que en el trabajo del Easo Abesbatza Mistoa y el Oñatiko Ganbara Abesbatza permanezca incólume el orgullo del movimiento coral que, si en su día (y eso es lo que aprendió el joven Sorozábal), fue proyección hacia un ideal colectivo, hoy se sostiene como elemento identitario. La Quincena Musical, tan internacional en sus ciclos más aparentes, se ha reafirmado en la idea convocando el homenaje a Pablo Sorozábal, autor de voz inconfundible (y así se ha comprobado) y música obstinadamente emocionante.

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