Ismael Serrano: «Un artista se mide por su capacidad para emocionarse»
El cantautor madrileño Ismael Serrano, que acaba de cumplir 28 años, no está dispuesto a crecer y renunciar a las utopías u olvidarse de lo que ha sido. De ahí que en su cuarto trabajo discográfico, «La traición de Wendy» (Polydor), haya recurrido al mito de Peter Pan para reivindicar los sueños y su particular territorio de Nunca Jamás.

MADRID. «Uno de mis miedos es el paso del tiempo y la posibilidad de traicionarme a mí mismo, como hizo Wendy con Peter Pan», confiesa Ismael Serrano. Hacerse mayor no implica volverse acomodaticio, ni perder la conciencia. Ese es el mensaje que transmite en uno de los cortes, «Ahora». «Ya soy mayor, ya no sirve de nada vivir de lo que seré en el futuro, porque éste ya es presente. Es el momento de empezar, de tomar las riendas de mi existencia», explica quien ha querido también plasmar unos «deseos e ideales que quiero preservar por encima de todo».
Si en «Prende la luz» expresa el convencimiento de que «es posible construir otro mundo diferente al actual», en «Un hombre espera en el desierto» canta al Polisario y a un pueblo -el saharaui- que reclama desde hace años su territorio, como en «La ciudad de los muertos» se refiere a los vivos desheredados que habitan los cementerios de El Cairo, en «Cobertura: 95% del territorio nacional» aboga por la poesía o en «Buenos Aires 2001» habla de su añoranza de la capital argentina.
Aprendizaje personal
Ismael Serrano asegura que le conmueven las historias de amor y desamor, pero también otras cosas, «como lo que leo en un periódico o lo que veo en el metro de mi ciudad». A su juicio, «un artista se mide por su capacidad para emocionarse». Reprocha a otros cantantes su exceso de introspección. «Es una forma de estancarse. Hay que salir a la calle y mirar alrededor».
Las texturas sonoras de «La traición de Wendy» son mayores que en anteriores discos. «He querido contextualizar las canciones, que los arreglos no fueran impostados, para que existiera un equilibrio entre lo que se dice y cómo se dice». De ahí que haya recurrido a coros árabes, percusión oriental, bandoneón o programaciones. «En este álbum recojo mi aprendizaje personal, pero también musical». Acude a referencias brasileñas, mediterráneas, a Pat Metheny, Sting, Portishead o Massive Attack, sin perder de vista la canción de autor, a nombres como Silvio Rodríguez, Cat Stevens, James Taylor, Joaquín Sabina o Joan Manuel Serrat.
No se considera una persona pesimista. «Reconozco la dureza de mis composiciones, pero porque la realidad es dura. Quiero que mis canciones sean el reflejo de la época en que vivo». Cronista de los tiempos que corren, deja siempre abierta una ventana a la esperanza. Opina que la «música no sirve para cambiar conciencias, sino para no sentirnos tan solos, para hacer compañía con sentimientos de amor, desamor o solidaridad».
Renovar el repertorio
Hasta el momento, Ismael Serrano tenía en el mercado tres trabajos: «Atrapados en azul» (1997), con el que debutó y que era «una llamada a la movilización personal y general», «La memoria de los peces» (1998), en el que miraba hacia atrás y «observaba el camino recorrido hasta entonces» y «Los paraísos desiertos» (2000), por el que fue nominado a los Grammy Latinos 2001, en el que cantaba «a los edenes que todos tenemos y a los que o no nos atrevemos a entrar o a los que no nos dejan pasar los pocos privilegiados que los habitan».
Desea volver a estar sobre un escenario, compartiendo con su público los nuevos temas. «Fundamentalmente, la salida de un disco coincide con la necesidad del intérprete de renovar su repertorio». El 18 de abril Ismael Serrano iniciará en el Palacio de Congresos de Murcia la gira de presentación de este trabajo por distintos teatros y auditorios españoles. El 7 de mayo estará en Sevilla, el 20 actuará en Valencia, el 28 ante el público de Madrid y el día 1 de junio recalará en el Palau de la Música, de Barcelona, entre otras fechas de un tour aún no cerrado.
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