La autopsia de Amy Winehouse no determina la causa de su muerte
Los forenses deben realizar nuevas pruebas toxicológicas. Los resultados estarán en dos o cuatro semanas
BORJA BERGARECHE
CORRESPONSAL EN LONDRES
Muchos reaccionaron a la muerte de Amy Winehouse con un deseo: que encontrara la calma que la vida le había negado. Pero la paz interior tendrá que esperar porque se alargan los interrogantes. La autopsia realizada ayer a la cantante no ofreció resultados concluyentes sobre las posibles causas de su muerte, y los forenses deberán realizar nuevos tests toxicológicos. Los resultados podrían conocerse no antes de quince días, incluso un mes según otras fuentes, por lo que la ruleta post mortem de rumores sobre si fue la coca, el «crack», las pastillas, el alcohol o todo a la vez seguirá durante un tiempo.
Los tabloides británicos han encontrado (presuntos) amigos de la artista para apuntar a casi todas las drogas del mercado como posibles causas de su dramático final en su domicilio del norte de Londres, donde todavía ayer decenas de personas se acercaron a homenajear a Amy Winehouse con mensajes, flores y botellas de ron vacías. Un velatorio popular para esta reina del pop británico que visitaron ayer sus padres. «No os puedo decir lo que esto significa para nosotros, nos está haciendo todo mucho más fácil», dijo el padre, Mitch, a su llegada al domicilio de la cantante. «Estamos destrozados y no tengo palabras, pero gracias», dijo a los presentes, acompañado de su otro hijo, Alex, mientras la madre, Janis, entre lágrimas e incapaz de pronunciar una frase, revisaba las velas, los dibujos y las botellas que centenares de desconocidos han dejado estos días en esta triste dirección del barrio de Candem, en el norte de Londres.
Junto a los padres de la cantante, ayer apareció también el último novio de Amy Winehouse, el director de cine Reg Traviss, una personalidad mucho más discreta y «aseada» que el exmarido de la artista, Blake Fielder-Civil, a quien los padres y allegados de Winehouse culpan de su descenso a los infiernos. Frente a la obscena quiniela sobre este nuevo trágico final de una historia más de drogas y rock and roll, otros prefieren recordar el difícil tránsito de la «alegre, astuta y rebelde chica judía de clase trabajadora del norte de Londres» que respiraba en su primer disco, «Frank», a la artista detrás del «Black to Black», «una mujer cuya vida estaba fuera de control, según escribe el crítico Will Hodgkinson en «The Guardian». Un tránsito hacia el éxito musical interrumpido, por un lado, por las idas y venidas a la droga y, por otro, por los vaivenes financieros. Entró con solo 24 años en la lista de los más ricos de 2008 de «The Sunday Times», después de que el álbum que arranca con «Rehab» elevara su fortuna por encima de los 11 millones de euros. Un subidón material que el bajón posterior de la espiral de alcohol y drogas partió por la mitad al tener que sufragar los casi 4.000 euros semanales que costaba cada estancia en la clínica Priory, donde tantas veces intentó «quitarse» la cantante.
Desde los medios de la industria musical han comenzado a surgir, por otro lado, críticas al equipo de la cantante por permitirle iniciar la última gira, que abortó con una patética actuación y borrachera en Belgrado. «No estaba lista para actuar», dice un ejecutivo citado ayer por «The Times». «Fue una locura», cree Darcus Beese, de Island Records, la discográfica de Winehouse.
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