crónicas herrerianas
De La Manga Club a Portmán y de Lorca a El poli en Águilas
Carlos Herrera pasa por alguno de sus bares favoritos de la Región de Murcia hasta entrar a Andalucía por Almería, donde descubre algunos rincones para disfrutar la vida
Un caldero en casa rico y la luna de Benidorm

La Manga Club es un pequeño paraíso en la costa de la Región de Murcia. Solo lamento no haber tomado en mis manos un palo de golf en toda mi vida cuando me dejo caer en ese hotel lleno de virtudes y encanto. Mis ... escapadas por la Unión, por La Manga, por el Cabo de Palos lo tienen como centro indiscutible de operaciones, igual que ha ocurrido hace poco cuando mi buen amigo Paco Bernabé, senador del Reino de España, se dispuso a mostrarme la bahía de Portmán, de la que había oído hablar pero que no había visitado. Portmán debe su nombre a 'Portus Magnus', tal como le bautizaron los romanos hace algo más de cuatro días y es pedanía de La Unión, donde el Cante de las Minas. Su bahía podría ser incomparable de no haber sido por los criminales vertidos de residuos mineros que la empresa explotadora Peñarroya soltó al mar desde el año 57 hasta el 70, con la complacencia absurda y cegata del régimen de la época. El lodo ganó terreno al mar y dejó la bahía colmatada de estériles mineros. Su rehabilitación es lenta, muy lenta, agravada por la falta de interés y colaboración del muy inútil Gobierno de España, que prefiere dejar las cosas como están. Los murcianos no son los catalanes de ahora mismo. Otro gallo cantaría…
Pero en la playa de El Lastre, en uno de los extremos de la bahía, mora un chiringuito de calidad que compensa cualquier visión llena de lamento. Lleva el mismo nombre, El Lastre, y ofrecen un producto de calidad no propio de una simple estructura de maderas y toldos. La ijada de atún a la plancha que nos zampamos la recuerdo como uno de los picos más altos alcanzados en lo que llevamos de año. No dejen de probarla, su recuerdo me sigue paseando por el paladar. Son atunes de almadraba o de viveros de una empresa de dimensiones que conviene conocer: Atún Rojo Fuentes, la mayor exportadora de atunes del planeta, sita muy cerca, en Cartagena. La mitad del atún que se vende en los mercados de Japón –insisto, la mitad– sale de las más de 15.000 toneladas de atún rojo que manejan los Fuentes. Los japoneses tienen en el atún rojo una de las patas de su alimentación, tanto que en todas las maniobras de captura y traslado de todas sus artes y sus barcos hay permanentemente unos señores del Sol Naciente: seleccionan, ultracongelan y se lo llevan. Saben lo que hacen.



Tras la felizmente inevitable parada en Villaricos –Cuevas del Almanzora, su pueblo y el mío– para mi cita ineludible con el arroz de Tadeo, recorrí a la inversa algunos kilómetros para acercarme a Lorca: sus productos embutidos son para este juntaletras los mejores de España. No dejo pasar la oportunidad de hacerme con morcillas, blanquillo y longaniza roja, delgada y anisada, en su mercado de abastos.
Y de Lorca a Águilas hay un salto. Águilas es el límite costero entre la región de Murcia y Andalucía. El de interior es Puerto Lumbreras. Entre Águilas y Cuevas media un paseo delicioso a la orilla de la mar saltando de Cala Panizo al Calón y otros lugares secretos que se conservan como la memoria de lo que fue la España costera. Pero quería quedarme en la cuna de Paco Rabal y de Alfonso Escámez para visitar a una leyenda: El Poli. Encontrar una mesa en verano es más difícil que visitar la Casa Blanca. No obstante, inténtelo. José Rodríguez 'El Poli' es uno de los mayores expertos y conocedores del pescado, al que examina con la vista como si fuera un veterinario. Sólo he conocido otro individuo con una sabiduría semejante: Antonio 'El Gordo', del ya clausurado El Brillante en el Puerto de Santa maría. El Poli no solo sabe de un vistazo cuál es el pez idóneo, sino que sabe qué técnica merece cada uno, y así me hizo disfrutar de una musina a la plancha y de unos letones –lo equivalente a las huevas en las hembras pero en el macho– que no olvidaré en años. Y por supuesto me sumergí en su incomparable tomate frito y en la fideuá de fideo fino que se me antojó un regalo inesperado. Todo en El Poli está condenadamente bueno. Déjense llevar por lo que le aconseje Juanfran o él mismo. Si encuentra sitio, claro. La semana que viene, a ver al legendario Antonio, en Zahara. Más atún.
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