El llanto de Tolstói, un canto a la virtud
Katia Gushina escribe '100 razones por las que lloró Tolstoi', una biografía emocional y visual del autor ruso
Toda la verdad sobre Tolstói, su mujer y su familia

León Tolstói siempre fue un llorón. De niño le apodaron 'El chillón' y cuando creció no quiso quitarse la costumbre de desahogar sus emociones enjugándose las lágrimas. El novelista escribió dos monumentales obras de la historia de la literatura: 'Guerra y paz' y ' ... Ana Karenina', en las que se puede observar que gozaba de una sensibilidad fuera de lo común, que empatizaba con sus semejantes y sus miserias, que detestaba la guerra y los conflictos entre iguales.
El llanto fue su refugio, su modo de afrontar un mundo de crueldad y de conocer lo que ocurría en su interior. Esta es la tesis que sustenta el libro '100 razones por las que lloró Tolstói' (Impedimenta), una peculiar biografía en la que un collage de dibujos, recortes de fotografías y textos retrata al monumental autor como alguien que tuvo la singular educación y convicción de no truncar nunca sus momentos lacrimógenos. «Tolstói llora de rabia, de tristeza, de miedo, de vergüenza, de ternura, de compasión», explica la autora del libro, Katia Gushina, una artista de 27 años nacida a orillas del río Volga.
En esta biografía visual se presenta un Tolstói con la emoción siempre a flor de piel; un personaje cuyos descubrimientos, desdichas y victorias las celebra con lágrimas. Yásnaia Poliana, a unos 200 kilómetros al sur de Moscú es el lugar donde nació Lev Nikoláievich Tolstói, en una época de abundantes conflictos en territorio zarista. El propio 1828, año de nacimiento del autor, supuso el inicio de la guerra ruso-turca. Casualidad o no, los combates armados provocaron una fuerte atracción al literato, que se inspiró en testimonios e historias de las contiendas para construir algunas de sus narrativas. Historias que sumaron otro motivo para sus llantos, cuenta Gushina.
Pero antes de convertirse en el gigante de la escritura en el que se consagró, fue un joven aristócrata a quien le costaba lidiar con los infortunios. La infancia de un chico que creció sin madre desde los dos años y sin padre desde los diez, fue melancólica y tierna, con la que contrasta de forma remarcable su adolescencia desenfrenada y derrochadora, a caballo entre Moscú y Kazán.
Incluso, los que consideraba mejores pasajes de sus libros lo eran cuando le provocaban su aguada catarsis. El conocido escritor llora cuando a Turguénev no le gustan sus textos. Lo hace también cuando vende la casa de su infancia para pagar deudas contraídas por el juego. Las discusiones con su mujer, con la que se casa cuando esta tiene 18 años, solían terminar en llanto coral y así sería hasta la muerte del escritor. Incluso llorar con Tchaikovsky, cuando toca su andante del cuarteto nº.1, es un preciado recuerdo del novelista.
Las vidas de una artista
Gushina ha escrito tres libros y este es el primero que se publica en español. Salió del anonimato con su primera publicación, 'Moscú-Vladivostok', en 2014, un diario ficticio que narra visualmente la travesía del exprés transiberiano. Un viaje real que recorre más de nueve mil kilómetros: desde la capital de Rusia hasta el mar del Japón y pasa por Nizhny Novgorod, la ciudad natal de la autora. Asimismo, algunas de las anécdotas que se cuentan en '100 razones por las que lloró Tolstói' están mezcladas con ficción, sin que ello impida sembrar en el espectador una duda pretendida: «¿A qué viene este empeño nuestro por dejar de llorar?».
La artista actualmente prepara un libro sobre Maksim Gorki, titulado 'Gorki, que quería volar'. Este autor dejó inmortalizado en una serie de cartas que sentía gran envidia por la manera en que Tolstói tenía la capacidad para crear personajes realistas e interesantes basados en la observación de la naturaleza y el comportamiento animal en su granja. Es de prever que algunos de estos comportamientos le provocasen algún sollozo de cuando en cuando.
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