ópera
Ser lasciva y parecer honesta
Bieito y Savall coinciden en una producción de 'La incoronazione di Poppea' de Monteverdi en el Liceo

Tiene su guasa que, mientras Sánchez y Feijóo andaban a la greña en un plató televisivo, el Liceo estrenase una producción de 'L'incoronazione di Poppea', una de las tres óperas de Monteverdi que conservamos. La última, para ser más exactos, la más política y la primera cuyos protagonistas no son personajes mitológicos sino seres humanos. Muy humanos. Cegados por la lujuria y el ansia de poder, Nerón y Poppea arrasan media Roma, empezando por sus propios cónyuges, para lograr estar juntos en el trono. Y dicen que lo de Feijóo y Sánchez fue crispado…
Ópera
L'incoronazione di Poppea

- Música: C. Monteverdi.
- Intérpretes: J. Fuchs, D. Hansen, M. Kozena, X. Sabata. Le Concert des Nations, C. Bieito, dir. de escena. J. Savall, dirección musical.
- Fecha: 10 de julio.
- Lugar: Gran Teatro del Liceo, Barcelona.
Tal libreto estaba pidiendo a gritos que Calixto Bieito le metiera mano, y el resultado pudo verse primero en Zurich y ahora en el Liceo. El director propone un escenario que recuerda a los de los conciertos pop, con una pasarela ovalada que se inserta en la platea y con parte del público ubicado en el escenario. Enmedio del óvalo, la pequeña orquesta barroca que nos recuerda que esta historia va camino de cumplir los cuatro siglos, aunque suene tan sumamente actual. A los lados y al fondo, varias pantallas que proyectan tanto vídeos grabados que ahondan en los sentimientos de los personajes como imágenes en directo, al más puro estilo Rosalía. Las fronteras entre géneros y siglos quedan, pues, pulverizadas para ponernos ante el espejo.
El director musical, Jordi Savall, en la rueda de prensa en la que tenía que exponer las virtudes de su regreso al Liceo, afeó a Bieito (como si no supiéramos quién es) haber puesto «un par de puñetazos y un par de asesinatos de más» en escena. Esperemos que no vaya a ver nunca una tragedia de Shakespeare, porque el susto va a ser descomunal. Lo cierto es que, tratándose de Bieito, es un montaje comedidísimo y, sobre todo, que sirve a la perfección a una trama truculenta y difícil de resolver con ritmo en un escenario, cosa que él logra con creces gracias, en buena parte, a una encomiable dirección de actores. Contemporaneidad, efectismo, elegancia y crudeza se dan la mano para lograr un montaje excepcional.
Bieito cuenta con la complicidad y entrega de unos cantantes que entienden que una ópera de casi cuatro siglos de antigüedad puede y debe interpelarnos, si se usan los códigos adecuados. La Poppea de Julie Fuchs tiene una presencia escénica poderosa, que hace honor lo que que Tácito, en sus 'Anales' comenta del personaje: posee el don de la palabra y un ingenio que le permite a la vez «ser lasciva y parecer honesta». A ello se une una voz perfectamente trabajada para adecuarse al estilo de Monteverdi. Algo nada fácil para una cantante que hace solamente un año nos fascinó en el 'Pelléas et Mélisande' de Debussy.
A su lado, David Hansen brilla también como Nerón. Algo limitado en volumen y en tesitura, la calidez de su canto suple con creces los que podrían ser puntos débiles. Memorablemente preciosa e intensa la Ottavia de Magdalena Kozena, que lució sus tablas en el escenario. Lo mismo se aplica al Ottone de Xavier Sabata, de enorme belleza musical y capacidad emotiva, y a la Arnalta de Mark Milhofer.
Lástima que Savall no entrase en el juego. En la mencionada rueda de prensa quedó claro lo que piensa de la producción de Bieito, y a esto hay que añadir que ninguno de los cantantes protagonistas es de su confianza —apenas ha contado con ellos para sus producciones, lo que hace deducir fácilmente que no fue él quien los seleccionó. Quizás por todo esto, pareció ausente, con una dirección vaga en la que apenas daba entradas ni ayudaba a los cantantes en los pasajes más expuestos. Él y los excepcionales músicos con los que cuenta ofrecieron una lectura exquisita de la partitura, de una perfección impecable pero carente de tensión dramática y distante del concepto de Bieito.
Quizás, citando nuevamente a Tácito, se sienta en este montaje como Poppea, quien «solamente encaminaba su afición adonde imaginaba que había de sacar provecho». No viendo, pues, provecho posible en una producción de estas características, es comprensible que a nivel humano no se sienta motivado para dejarse demasiadas energías en cuidar el fraseo, marcar las entradas, acentuar los ritmos y seguir el arco dramático de la partitura. Aun así, el público le dedicó una cálida ovación, reconociendo el respeto que su carrera y su talla artística sin duda merecen.
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