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ABC Cultural

Irene Márquez: «Mi humor es muy negro, pero también es muy tierno»

La historietista habla sobre el desarrollo de su personal estilo de dibujo y de los límites del humor

VÍDEO: DAVID CONDE

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Los lapiceros de Irene Márquez (Valdepeñas, 1990) llevan más de un lustro impregnando las páginas de la revista satírica que la hizo debutar en el mundo profesional del humor gráfico. Sus viñetas se han atrevido a retratar de manera caricaturizada los temas de actualidad más candentes con una agudeza cómica más corrosiva que el ácido sulfúrico y un particular estilo de dibujo que recuerda a las perturbadoras estampas de los cromos de 'La pandilla basura'. La historietista atiende a ABC vía telefónica desde la comarca de Huéscar, en pleno Levante Granadino.

– Cuando entraste en la carrera de Bellas Artes, ¿ya sabías que te querías dedicar a dibujar viñetas de cómic?

No, porque yo no he sido lectora de cómics infantiles. Los cómics que cayeron en mis manos fueron a partir de los 14 años, pero tampoco era muy consciente de ellos. Fue precisamente a través de la universidad cuando empecé a entrar en contacto con ello. Muchos compañeros y profesores me decían: «Tú vas a dibujar cómic, ¿no?». No lo veía como una opción y apenas lo conocía. Pero en la carrera me empecé a poner más en contacto con el mundo del cómic, aunque de una manera muy superficial.

– Háblame sobre la evolución en tu estilo de dibujo ¿El hecho de tener unos plazos de entrega hace que se preste menos atención al acabado final?

Pues es curioso porque debería ser así, deberías adoptar un estilo cada vez más suelto porque no tienes tiempo. Pero en mi caso es al contrario. Lo que haces es aprender a dibujar mejor, y eso implica que tu forma de adaptarte a los tiempos de entrega sea haciendo lo que ya sabes hacer. No te arriesgas a hacer cosas nuevas, pero el nivel de dibujo es más alto que antes de comenzar a trabajar para El Jueves. Antes tenía un estilo mucho más punky y en cambio ahora me dicen que tengo línea clara. El estilo de dibujo se depura una barbaridad y tratas de ser muy funcional. Lo importante es que el chiste se entienda, y yo he tratado de buscar una claridad en el dibujo y depurar todas esas líneas más sucias, esas tramas, esos puntos…

– La actualidad marca gran parte de vuestras viñetas. ¿Eso hace que no podáis dedicarle todo el tiempo que os gustaría a perfeccionar el guion de las viñetas?

Sí, totalmente. Antes las entregas eran semanales, y desde hace menos de un año son mensuales, pero igualmente tú te pones unos plazos porque no puedes estar 15 días para hacerte una doble página. Al final somos autónomos y tenemos que asumir muchos tipos de encargos diferentes y tratas de darle salida en un tiempo que te parezca razonable. Hay compañeros que tienen un estilo de dibujo más simplificado que les permite pasar más tiempo depurando una idea o tratando chistes con un tono concreto. Yo siempre le he dado mucha importancia al guion. Trato de ser ambigua, me gusta mucho que no se vea por dónde voy. Siempre me ha gustado tener tiempo para poder tomarme con calma esa parte.

– ¿Cómo gestionas tu creatividad y cuáles son tus inspiraciones?

Es algo que va moviéndose bastante. Por ejemplo cuando estaba a tope con 'South Park', era muy consciente de su humor, analizándolo mucho y viendo de qué manera podía filtrar para quedarme algo, pero ya apenas lo hago porque no es una referencia para lo que estoy haciendo justo ahora. Pero eso es lo bonito de los oficios creativos, que puedes estar descubriendo cosas todo el rato. El año pasado me puse a ver todas las películas de David Lynch, me leí también su autobiografía y saqué muchas ideas de ahí, y en cambio a priori no tiene nada que ver conmigo. Ahora estoy dándole mucha caña a las películas de miedo y la mezcla que hay entre el terror y el humor.

– Cuando dibujas un gag, ¿lo enfocas según lo que te haga gracia a ti o según lo que piensas que le pueda hacer gracia al público que vaya a leerte?

Me tiene que hacer gracia a mí. A mí hay cosas que no me gustan nada. Por ejemplo el humor inglés, me parece una cosa contenida, que nunca explota. Pero no me refiero a que sea poco brutal, hay bromas que son muy naif y son más chisposas. Este humor que tiene una base sofisticada, como una puntada mal tirada, no me gusta nada. Pero está bien que haya gente para todo, no podemos reírnos todos de las mismas cosas.

– Tus viñetas desprenden un humor negro muy ácido. ¿Cómo se hace humor en los tiempos de la censura?

Yo no soy una experta, aunque la gente se piense que sí lo soy por mi profesión. Yo misma detesto muchas veces el humor negro, porque se ha convertido en una búsqueda del escándalo. Todo se arregla con un bebé muerto o con follarse a una gallina, y no hay nada más por debajo. A mí eso no me interesa. No te puedes quedar ahí, no me gustan las sobradas por las sobradas. Mi humor es muy negro, pero también es muy tierno. Incluso muchas veces no me parece ni tan negro. Yo creo que la etiqueta del humor negro parece que significa muchas cosas, y en verdad no significa tantas. Puedes estar haciendo unos buenísimos chistes y que ocasionalmente sean más ácidos o te transmitan a una realidad un poco más perturbadora, pero que puedan perfectamente encajar en el marco de 'Los Simpson', que es una serie que ve todo el mundo. Al humor no hay que pedirle tanta negrura, sino chispa.

– ¿Da miedo meterse en temas demasiado pantanosos o susceptibles de ser criticados por la opinión pública a causa de la cultura de la cancelación?

Sí, sí que da miedo. También es cierto que los problemas que he podido llegar a tener no han sido por chistes de humor negro, han sido por chistes de actualidad y de temas ideológicos, por meter caña a determinados conceptos o burlarte de determinadas cosas. La gente se pone muy hooligan. La sátira es lo que da más problemas. También es cierto que yo creo que se puede decir cualquier cosa, siempre y cuando sepas cómo lo dices. El formato Twitter es un formato histérico. Por eso en ese formato de discusión, si sabes que las aguas están revueltas conviene ser lúcido. El trabajo de un buen autor de ficción es esconderte en una ambigüedad que te sirva para decir lo que te dé la gana. Y eso es lo que han hecho los grandes, siempre. Es que lo ha hecho hasta Cervantes eso.

– ¿Has cambiado alguna vez un chiste o has dejado de publicar algo por miedo a la cancelación?

Lo que sí he hecho ha sido dejar de subir cosas a redes que yo sí hubiera subido. Y no lo he hecho porque sé lo que son las redes. Prefiero ponerlo en la revista, que al final el papel tiene una dimensión mucho más libre. No olvidemos que internet es el Gran Hermano constante, siempre estás vigilado. En cualquier momento puede saltar la liebre, puede que no pase nada o puede que se te monte un pollo enorme por una tontería que simplemente está fuera de contexto. Ahí si me he censurado. El contexto lo es todo en este tema.

– ¿Te gusta generar una incomodidad sana que perturbe al lector?

Eso es algo que ocurre. Pero yo lo que busco es hacer un giro y que el lector no se espere el final. Cruzar ideas que entre ellas tienen un diálogo y que igual al principio ni siquiera te estás dando cuenta, pero de ahí viene luego la sorpresa. Cosas que a priori no tienen ninguna relación pero que estás siendo capaz de mezclarlas.

– Tus viñetas en ocasiones tienen un claro enfoque violento. ¿Qué opinas de la violencia como vehículo del humor?

Pues que es súper ágil, porque es el vehículo con el que más rápido llegas (risas). Me gusta mucho recrearme en eso, pero quizás porque tengo un estilo de dibujo un poco cartoon, porque hago humor gráfico y me parece que queda genial. Cuando estás dibujando de una forma un poco suave, con línea clara y tienes que meter sangre… Vamos, yo cada vez que tengo que dibujar algo con sangre, le dedico todo mi tiempo a que esa sangre sea abundante, brillante, llamativa y que sea exagerada porque me parece un recurso humorístico cojonudo y al mismo tiempo muy escandaloso. Me parece muy divertido.

– ¿Es sano que existan límites en el humor? ¿Cómo los aplicas en tus viñetas?

Yo lo he pensado mil veces como cualquiera que se dedique a esto. El humor, en el sentido de provocar una risa, no tienes límites porque tú te puedes reír de cualquier cosa en tu fuero interno. Pero lo que tiene límites es el mundo en el que vivimos y eso es perfectamente comprensible. No nos vamos a poner en plan fundamentalistas del humor gráfico. ¿Es que si no puedo reírme de lo que me dé la gana en público no merece la pena? Tampoco hay que poner por encima de todo la libertad que tú tienes para decir lo que quieras. Entiendo que existan unos límites a la hora de vivir en comunidad. Pero también me parece surrealista que una persona un día tenga un resbalón y pueda vérselas en los tribunales. Es un tema complicado, pero a mí no me gusta refugiarme en la libertad de expresión para tirar la piedra y esconder la mano. Considero que cuando te dedicas a esto, le das una importancia al oficio por el amor que sientes por él. Una vez escuché a Ignatius Farray decir que a él le parecía importante que el humor tuviera límites, porque esos límites le ayudaban a trabajar y a hacer un humor mucho mejor, y eso es absolutamente verdad.

– ¿Se ha vuelto mainstream el humor negro?

No sé si mainstream, pero tengo que reconocer que es una etiqueta que me da un poco de rabia. A pesar de que se me relacione con esa etiqueta porque es lo que he hecho mucho tiempo, considero que yo lo que hago ahora es mi propio humor, que quizás sea un poco negro. Pero a veces me pongo a mirar memes de cuentas que son de humor negro y pienso que me resultan pesados. Para hacer algo de calidad tienes que pensarlo, darles vueltas y no quedarte con la primera idea. Hay humor negro muy pocho.

– ¿Cómo ves el futuro del humor gráfico a largo plazo?

Yo creo que el humor gráfico siempre va a estar ahí. Y ahora en redes hay un montón de gente que hace viñetas y las suben a sus cuentas. Lo que no sé es en qué se va a materializar. Las revistas ya son una cosa prácticamente del pasado y los autores al final tenemos que vivir de alguna remuneración. Pero en redes no paran de aflorar dibujantes y humoristas buenísimos que igual al principio lo hacen gratis, pero luego sacan de ello un oficio y una remuneración. Es un momento de mucho cambio de los formatos y de ver de dónde sale la pasta, pero seguir, seguirá. De eso estoy segura.

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