LOS SIETE PECADOS CAPITALES DE...
Maxi Iglesias: «Mi mantra es que mis actos no tengan consecuencias negativas en los demás»
Estrena el viernes 'Punto Nemo', una serie en la que tendrá que enfrentarse a sus propios límites en una isla remota
Los siete pecados capitales de Manuel Mañero

Maxi Iglesias estrena en Prime Video, el próximo 28 de marzo, la serie 'Punto Nemo', en la que, como miembro de una expedición oceanográfica, tendrá que enfrentarse tanto a circunstancias adversas como a sus propios límites en una isla remota. Y nosotros aprovechamos para ... enfrentarle a sus propios pecados.
—Le perdono un pecado.
—Hablemos de todos.
—¿Cuál es el que perdona con mayor facilidad?
—Creo que la gula. Un muy buen amigo mío, que es como mi hermano, cuando te quieres dar cuenta, se ha comido todo y te ha dejado sin nada. Así que he tenido que practicar mucho con él.
—¿Es también el pecado que se perdona a sí mismo?
—Conmigo soy bastante duro, en ese sentido. Intento ser considerado con lo que necesito y lo que me apetece, pero teniendo en cuenta siempre si eso va a suponer un problema después, o si es lo más coherente.
—Pero algún pecadillo cometerá…
—Pues, quizá, también la gula. Mis amigos y yo somos muy aficionados a eso de irnos de comida, a pegarnos una buena cena.
—No sé si habría apostado por ese, precisamente.
—Bueno, luego tengo que meterle una buena dosis de gimnasio.
—Cualquiera podría pensar que, en una profesión como la suya, lo más sencillo es entregarse a la soberbia, o a la envidia. Incluso a la avaricia.
—Pues, fíjese, esos tres los he tenido cerca desde muy joven. Y quizá fue gracias al deporte -en el que también se da todo eso- que aprendí a sobrellevarlo. En el deporte también siempre quieres más, otra posición mejor que crees que mereces más que otro. Con 16 años ya me encontré con algún compañero así. Creo que tuve la suerte de sacar de eso la parte positiva y decir: «Esto no lo quiero yo para mí, no quiero seguir ese camino».
—¿Son más difíciles de manejar los pecados carnales?
—A ver, pienso en la pereza, por ejemplo. En un rodaje hay mucha gente y, si yo tengo la pereza de no llegar o de no estar al 100%, que tengan que estar pendientes de mí me parecería muy injusto. Eso es mi mantra, ¿sabe? Que mis actos no tengan consecuencias negativas en los demás. Al final está muy bien ser el protagonista, ser al que más fotos le hagan, el que en títulos de crédito aparezca el primero, pero eso conlleva que también tienes que estar el primero. Esa responsabilidad yo la llevo muy a rajatabla.
—Tendrá que lidiar con la envidia…
—La envidia no sirve para nada. Pero le voy a reconocer que yo he pecado de ello: desde pequeño he tenido una envidia sana por la gente que tiene facilidad para los idiomas. Digo sana porque es una envidia de esas de decir: «Joder, cómo me gustaría». Y hace ya un tiempo me dije: «¿Cómo que me gustaría? Me voy a poner».
—Eso no es ni envidia, es más bien admiración.
—No llega a pecado, es verdad. Y eso que los tengo muy presentes.
—Cuénteme.
—Pues ahora estreno 'Punto Nemo', pero vengo de hacer de cura durante seis meses. Y mucho de mi texto iba sobre los pecados del pueblo que me rodea, de cómo la gente se maneja o no se maneja, los problemas que hay en todo eso.
—Ahí ha habido reflexión, entonces.
—Sí, sí, créame. Porque al final yo tenía que defender ese texto. Y cuando estás en contacto con eso también te cuestionas a ti mismo. Yo quería tener claro lo que significaba todo eso, y verme yo ahí. No eximirme de responsabilidades. Y me di cuenta de que, quizá, a los veinte fui más soberbio. Pero hacia mí creo que nunca lo he sido con nadie.
—Me ha salido usted muy poco pecador.
—Fíjese, una parte de mi texto decía: «Puede que sea un pecador, pero eso no me impide escuchar y ver los pecados de los demás».
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