Tiros Largos
Chonismo ilustrado
«Bigas Luna era una mezcla entre Fellini, Goya y el Vaquilla. Tal vez por esta razón se adelantó al legitimar en la estética bakala un nuevo paradigma que hoy se impone como un riguroso canon»

La filosofía siempre llega tarde, por el mismo motivo por el que el arte es capaz de preludiar el futuro demasiado pronto. Hegel supo verlo con de la metáfora del búho de Minerva que sale siempre al anochecer, cuando ya todo ha ocurrido. Por eso ... el pensamiento teórico sólo pinta gris sobre gris levantando un acta de defunción de lo ya acontecido. Como una disciplina registral. Casi como una taxidermia.
El verdadero creador, y a fe mía que Bigas Luna lo fue, y de los buenos, suele ver las cosas antes que nadie. Aunque la peor maldición para quien crea es confiar en lo que nadie ve. Esta es la causa de que las vanguardias artísticas tengan un nombre casi redundante. Prometeo le robó el fuego y las artes a Hefesto porque fue capaz de ver con anticipación. Una anticipación que el director de Barcelona dejó sobradamente demostrada.
Bigas Luna era una mezcla entre Fellini, Goya y el Vaquilla. Tal vez por esta razón se adelantó al legitimar en la estética bakala un nuevo paradigma que hoy se impone como un riguroso canon. A Rosalía le celebramos ahora los polígonos como una adaptación esencial de la música urbana estadounidense en sede patria. Pero hubo un tiempo en el que los macarras de verdad ocupaban un margen sin que nadie los redimiera.
Fue allí, en ese contexto de linde civilizatoria donde el director catalán, una suerte de jabalí lúbrico y mediterráneo, supo distinguir unas formas y unos ritmos que entonces y hoy muchos gozaban pero que casi nadie representaba. Hace justo dieciséis años que se estrenó Yo soy la Juani y aquella película fue capaz de profetizar mucho de lo que después nos pasaría. Y bien que estuvo.
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Volver a aquella cinta nos permite recordar lo que todo el mundo después sabría: que el tuning y el trueno de Chimo Bayo tenían una sensualidad propia. La licra y una combustión lisérgica de periferia sirvieron para enmarcar un amor que yo creo que pudo ser de cierto. Dani Martín hacía de malote sensible. Verónica Echegui, que era como una Penélope pero más menuda y más eléctrica, hizo de choni. El viejo Bigas supo verlo antes que nadie.
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