El Dardo
Guerra Nuclear
«La novela de Annie Jacobsen es el tratado de un terror que podría acaecer mientras acariciamos a nuestros hijos»

'Guerra Nuclear', novela publicada en la editorial Debate y escrita por Annie Jacobsen, es el tratado de un terror que podría acaecer mientras acariciamos a nuestros hijos, del que no se escapa y cuyos pocos supervienes preferirían estar muertos. La periodista también es ... guionista, lo que se nota en la robusta construcción del relato, que tiene mucho de ensayo.
La lista de entrevistados a modo de documentación resulta abrumadora, todos relacionados con el diseño de las bombas o con el consejo de cómo, cuántas y donde lanzarlas al presidente de EE.UU., el propietario del balón nuclear, la maleta donde van el botón y los códigos, añadido un menú de objetivos, siendo el plato fuerte la destrucción total del país agresor, suerte denominada decapitación. En la ficción el país atacante es Corea del Norte. La escritora explica que es la única potencia nuclear que no avisa de una prueba nuclear a las demás. En las tripas del libro se escribe sobre la teoría del rey loco, el norcoreano, el mandamás de una nación que sin razón aparente lanza las bombas, en este caso dos, al Pentágono y a una central eléctrica californiana; lo último multiplica hasta el infinito los daños. El agredido tiene seis míseros minutos para decidir la respuesta. En seis minutos debe concluir cómo responder o no, salvando con la negativa al planeta, algo que no serviría ya que otro miembro del gobierno posee una de las claves de la bomba, la que permite lanzarlas todas juntas. Para más inri no hay marcha atrás ni mando de desactivado. Las bombas siempre aciertan, se guían por la posición de las estrellas, inalterables al genio humano.
También existe, al parecer, lo único que no se sabe a ciencia cierta, el botón del hombre muerto; significa que la IA, reducido el enemigo a hollín, puede disparar. Lo que sí está claro es que Rusia y Corea del Norte, de EE.UU. en este caso no se habla, tienen bombas nucleares en el espacio, dentro de satélites, al menos una por potencia. Esas bombas, disparadas, estallan a gran altura, mandando el pulso electro magnético propio del monstruo a toda la nación agredida, aunque después de lanzar la primera andanada. Así, los pocos supervivientes se encuentran en la edad de piedra. Si no los liquida el inmediato invierno nuclear, los elimina la carencia de cualquier instrumento moderno.
Una novela abrumadora que les producirá pesadillas, basada en la realidad sin cortafuegos, valga la expresión. La guerra y el mundo duran tan solo dos horas.
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