LA GRAN COMEDIA NORTEAMERICANA
Se llama Simon Rich
Después de Harvard, se consagró como uno de los guionistas más jóvenes en colaborar con el mítico programa de 'sketches' 'Saturday Night Live'
Otros textos del autor

Simon Rich procede de las élites liberales de Nueva York —su padre, Frank Rich, excolumnista de ‘The New York Times’ y productor ejecutivo de ‘Succesion’ o ‘Veep’; su hermano, Nathaniel, aclamado ensayista— y estudió en Harvard, donde fue compañero de clase de Mark Zuckerberg. ... Y aunque podría haber acabado en el mal absoluto siguiendo la senda del creador de Facebook, se decidió por el bien: regalarnos risas a los demás. Después de Harvard, se consagró como uno de los guionistas más jóvenes en colaborar con el mítico programa de sketches ‘Saturday Night Live’, creado por Lorne Michaels a mediados de los setenta.
Vayamos a su tradición: el humor judío del que el propio Rich destaca los esenciales libros de cuentos ‘Sin plumas’ y ‘Cómo acabar de una vez por todas con la cultura’ de Woody Allen en su papel formador y, a un tiempo, de meta. ‘Ríndete’, la compilación de relatos de diferente origen que ahora presenta ‘Libros Walden’ en España, resalta esta relación no sólo con el cineasta nacido en Nueva York sino también con autores cercanos: S. J. Perelman, Groucho Marx o Woodehouse. No se olviden tampoco de los que cita en la entrevista con este diario y que, aunque alguno pueda sonar tangencial, guardan conexión completa con su obra: Philip Roth, Cervantes, Scott Fitzgerald, Hemingway, Kafka, Foster Wallace o Franzen.
Hay que alegrarse que un mundo capaz de producir a Mark Zuckerberg nos conceda a Simon Rich
«Cada chiste, cada historia, es una exposición del problema, un enfoque para resolverlo», escribe Jeremy Dauber en su ensayo ‘El humor judío’ (Acantilado). Aquí, Rich resume lo aprendido en ‘SNL’ sobre los básicos de escribir humor: «[Lo] más importante fue aprender a escribir de la manera más económica posible. A ser directo, breve, conciso». La construcción del humor —y de cualquier narrativa— se asimila a un puzle cuya resolución no se halla en uno mismo: el público debe decidir si el humorista lo ha finalizado bien. En ese punto se concentra la efectividad de los relatos de Rich: en esas piezas absurdas, en esa economía del lenguaje y en esa resolución necesaria para conseguir la risa.
Los complementos circunstanciales deberían estar prohibidos cuando escribes comedia, avisa. De ahí que muchos ofendidos actuales reprochen al humor pecados como «es que no todos los [escríbase aquí el nombre del oficio supuestamente denigrado] son así», «es que el humor no debería usar estereotipos» o «es que ese cómico no debería usar palabras tan maleducadas [en realidad, impactantes]». Estos lloros infantiles recuerdan al habitual y repetitivo «¿cuándo llegamos?» de los niños en un viaje que debe durar lo que debe durar. En el caso del humor, la sencillez y la rapidez, esenciales. Pedirle lo contrario convertiría al género en otro cantar: en plañidera o manifiesto moral.
Su sustituto: Hitler
Regresemos a Rich y la siguiente de sus escuelas: ‘Los Simpsons’. Rich escribió ‘El reloj de un padre’, capítulo decimoséptimo de la vigésimo octava temporada. Su arranque forma parte de la mitología springfieldiana: dos ranas hablan en el cielo de las ranas, una vieja y otra recién aterrizada. En ese primer minuto se condensa lo mejor de la escritura cómica y del arte de Rich. Ustedes tienen fácil conseguir su visionado: Disney+ alberga todo el universo creado por Matt Groening. Su carrera continuó por los vericuetos de la animación: trabajó un tiempo en Pixar, productora responsable de obras maestras indiscutibles -’Toy story’, ‘Up’ o ‘Wall-E’-.
Y su culminación audiovisual, tan necesaria en USA: la serie ‘Man seeking woman’, no disponible en España, firmada por él mismo y basada en su libro ‘The last girlfriend on earth’. Los conflictos amorosos en esta ficción se resuelven —¿quizá sea así en la vida real?— con surrealismo: al protagonista su ex le deja por Adolf Hitler, su mano derecha le habla de masturbación o su madre le tortura al estilo Guantánamo para sacarle datos sobre sus nuevas relaciones. Deliciosa.
Con cuarenta años recién bordeados, Rich no para de plantearse retos. Entiende que el arte cómico se puede entregar en diversos formatos pero que en todos ellos debe acabar en risa —y cuanto antes, más premio—. Repito: hay que alegrarse que un mundo capaz de producir a Mark Zuckerberg, nos conceda algún premio de consolación. Se llama Simon Rich.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete