palabras contadas
Contra mi mismo (cojuelo)
Hay ocasiones en las que resulta incómodo este oficio, el mismo que Mariano José de Larra asoció con el diablo cojuelo en sus andanzas carnavalescas
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Hay ocasiones, lo confieso, en las que resulta incómodo este oficio, el mismo que Mariano José de Larra asoció con el diablo cojuelo en sus andanzas carnavalescas fuera de temporada. Como él, uno toma frecuentemente la pluma con ímpetu de elogio y todo se ... malbarata, de improviso, algo llama su atención de manera incesante, un eco, alguna máscara, una grieta en la realidad que conviene observar de cerca.
Son otros tiempos los que vivimos, claro; ya no hace falta levantar los tejados de las casas —menos aún de los museos de arte contemporáneo— para percatarse de lo que ocurre. Tenemos otras palancas para enfocar la mirada: la hemeroteca, las redes, la conversación inacabable, los 'papers', la broma infinita.
No es una guerra cultural argumentar, no puede serlo tampoco la crítica constructiva. Lo cierto es que hay una parte de la cultura—así dicho, suena a bosque de cabezas lectoras—, una multitud que vive en un nuevo malestar, más allá del freudiano porque tiene raíces militantes: han echado raíces sus elogios en la crítica y no toleran injertos, ni que florezcan críticas en sus elogios. Por las ramas se agrandan, por las raíces se entenebrecen.
Y el diablo cojuelo nos empuja a mirar detrás de cada máscara, sin estar libres de pecado y crítica, por supuesto. De todos los espíritus que niegan es el risueño, agridulce periodismo quien mejor nos permite comprender y contrastar. Se puede criticar a quienes critican tanto, a veces. Algún día es bueno pensar contra uno mismo. Cojuelo sí, pero no soldado.
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