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Gómez de Liaño y los tres cabecillas de la tiranocracia

ensayo

Se enfrenta, otra vez, en su nuevo trabajo, 'El eclipse de la civilización', a algunas de las lacras que acompañan el discurrir de la humanidad por el primer tercio del siglo presente

Ignacio Gómez de Liaño (Madrid, 1946) isabel permuy
Luis Alberto de Cuenca

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Entre los pensadores españoles más distinguidos por su incesante labor en el terreno de la filosofía y del ensayo se encuentra el salmantino Ignacio Gómez de Liaño (1946), quien ha efectuado también a lo largo de su carrera brillantes incursiones esporádicas en narrativa y poesía. En estas mismas páginas comenté su espléndido libro ‘Democracia, Islam, nacionalismo’ (Ediciones Deliberar, 2018), donde se enfrentaba, con ese estilo suyo tan próximo al de los enciclopedistas dieciochesco —mezcla de sencillez, amable claridad y contrastada erudición—, a algunas de las lacras que acompañan el discurrir de la humanidad por el primer tercio del siglo presente.

ENSAYO

'El eclipse de la civilización'

Imagen - 'El eclipse de la civilización'
  • Autor Ignacio Gómez de Liaño
  • Editorial Siruela
  • Año 2023
  • Páginas 368
  • Precio 24,90 euros

En esta nueva entrega, ‘El eclipse de la civilización’, Gómez de Liaño insiste en los mismos planteamientos críticos, utilizando en esta ocasión para ello el ‘exemplum’ de seis personajes que figuran, para bien o para mal, en las gradas más altas de la escalinata de la Historia, ejemplificando tres de ellos posiciones eticocráticas (la democracia se convierte en un mero vocablo sin sentido cuando no se sustenta en bases éticas) y los tres restantes, ideales totalitarios.

Las tres primeras figuras son Cicerón, Séneca y San Pablo. De cada una de ellas proporciona el autor una breve y sustanciosa biografía que se ilustra, además, con un selecto florilegio de sus aforismos más célebres (y menos célebres también, porque la selección de textos es generosa en número de páginas). En esas biografías se insiste, sobre todo, en los aspectos más positivos de sus respectivas trayectorias, teniendo en cuenta siempre los muchos y destacables beneficios que la sociedad ha extraído de sus enseñanzas en el plano moral, pero sin renunciar a la anécdota brillante ni al detalle curioso.

Todo ello junto hace de la lectura de esta primera parte un delicioso recordatorio de lo que acaso ya supiéramos los que disfrutamos antaño de un bachillerato no lesivo para la cultura como el actual, pero es algo que se agradece, porque refresca la memoria y ayuda a fijar datos y a remediar olvidos.

Termina con una contundente y necesaria recomendación: «Urge regenerar»

Las tres figuras benéficas de este libro murieron de muerte violenta. Cicerón fue decapitado por orden del entonces triunviro Marco Antonio, a quien los asesinos entregaron la cabeza y las manos del asesinado, estas últimas por haber escrito contra el lugarteniente de César en términos hipercríticos y descalificatorios.

Séneca fue condenado a suicidarse por su antiguo discípulo, Nerón, condena que cumplió con diligencia en su propia casa, rodeado de deudos y amigos; su único delito fue ejercer la virtud en el ámbito de la filosofía estoica y no alentar la deriva totalitaria de su pupilo el ‘imperator’. En cuanto a San Pablo, fue arrestado también en tiempo de Nerón y decapitado poco después; al ser ciudadano romano, no pudieron ajusticiarlo como a San Pedro, que fue crucificado boca abajo por propia voluntad, para diferenciar respetuosamente su crucifixión de la de su Maestro. Vuelvo a insistir en que las tres biografías citadas incluyen un extenso florilegio de sus pensamientos, citados a partir de las mejores traducciones al castellano de su producción escrita.

Fragmentos

A las tres figuras que representan en el libro la eticocracia se les oponen otras tres que, según Ignacio Gómez de Liaño, son auténticos paradigmas de lo que él llama tiranocracia. Se trata de Mahoma, Karl Marx y Adolf Hitler, tres figuras históricas muy diferentes, pero unidas, para Liaño, por elementos comunes como la apología de la violencia, el tribalismo y los ideales totalitarios. También de ellos se ofrece al lector un ramillete de fragmentos de sus respectivas autorías, pero de menor extensión que las antologías precedentes.

Hay un capítulo, el IV de la primera parte, en el que se estudian las coincidencias entre Cicerón, Séneca y San Pablo, mientras que el capítulo IV de la segunda parte no analiza las semejanzas entre la tríada totalitaria, sino las diferencias entre la primera tríada y la segunda. Por último, ‘El eclipse de la civilización’ se cierra con un interesantísimo epígrafe, rotulado ‘Tiranocracia frente a eticocracia. Variaciones de la democracia’, que termina con una contundente y necesaria recomendación: «Urge regenerar».

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