ARTE
Elena del Rivero: De la ruina y el sortilegio
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A comienzos de octubre, la valenciana quemó en una aldea de la España Vaciada su antigua obra pictórica. Celebración –jovial– del desastre y un renacer de las cenizas
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La realidad –desvirtuada por su torpe relato– de la 'España vaciada' llevada al límite: en San Pedro Fiz de Vilar (Orense) viven entre quince y veinte personas (casi menos habitantes que hórreos, preciosos por cierto, y a punto de derrumbarse); y conjurada: Mateo Feijoo logró ... que el sábado 5 de octubre regresaran cientos de vecinos deglutir juntos un cerdo de 114 kilos asado por cocineros portugueses.
A Casa do Pozo, sede de su proyecto relacional –'La estética relacional' (1998) de Bourriaud se centra en los consensos que propicia la obra de arte y no en la obra en sí, que requiere del público para existir–, ha acogido ya a varios artistas desde su fundación en 2022: Txema González y Ximena y Sergio, el Colectivo Estudio 8, Luz Pichel y María Puertas...
Se trata, dice este veterano artista, profesor, gestor y curador (Teatro de La Laboral, Festimad, Uferestudios de Berlín,Naves de Matadero…), de dar por finiquitadas ciertas fórmulas institucionales y encontrar un 'nuevo paradigma': «Los artistas invitados parten del territorio y del diálogo con la comunidad para abordar los procesos. Cada proyecto tiene que ver con la identificación, la observación en detalle y el encuentro directo y participativo con los habitantes de la aldea».
En peligro de extinción
Porque «la participación activa de la población local en los procesos creativos [permite] recuperar un conocimiento en peligro de extinción y que el presente no pone en valor» y porque desde la expresión artística se puede «formular un pensamiento que nos permitirá consolidar y reforzar el conocimiento del entorno, explorar relaciones perdidas, atender y entender la periferia desde la diferencia, teniendo en cuenta otras dimensiones del trabajo en relación con el entorno social y geográfico». Se pretende, en suma, abordar el problema de la 'España vaciada' desde posiciones más vanguardistas e informadas. El éxito de este reencuentro en torno al arte lo dice todo.
Primero fue el desayuno en el aula de la escuela –por supuesto, cerrada hace años–, con presentaciones, agradecimientos y arenga revolucionaria de Llorenç Barber. Luego, la misa –con la banda de música de Lodio– en la ermita abarrotada, que se alza en medio del diminuto cementerio y en la que había tres grandes cuadros (de aires kieferianos) de Elena del Rivero; se leyó el 'Libro del Génesis'; el párroco insistió en que Dios «puso en igualdad» a hombres y mujeres. A su término, la actuación memorable de Barber: con un cimbal en la cabeza, cantando bajo la lluvia, dirigía al vecino encaramado al campanario y a la orquesta que tocaba dentro; luego él y Montserrat Palacios cantaron y tocaron desde los balcones; luego cerró la procesión subido en un remolque, calado hasta los huesos, medio cubierto con un hule, tocando campanas como un poseso.



La procesión la encabezaba otro tractor en cuyo remolque se iban amontonando los cuadros de Elena del Rivero que llevaban un mes colgados en casas, cuadras, establos, pocilgas y garajes. En los callejones, sus paños de cocina-bandera ornados con la palabra 'Madre' y sus esculturas con perlas falsas (su seña de identidad), aperos y objetos viejos. Tras el ágape, La quema: una hoguera con todos los cuadros de gran formato de los años 70 y 80 de Elena del Rivero.
Son muchas capas (Del Rivero cita a Berger, a Duchamp, a David Hammons…). Construya el lector el relato. Aquí han participado todos los vecinos, pero también las ruinas, el barro y la lluvia. Y el relato de la España vaciada. O la antropóloga portuguesa Cristiana Bastos; y actuó como archivera Carmen Santesmases; y apoyó –único apoyo– Paula Sánchez, de la Fundación Cañada Blanch. Y todo, desde el principio, lo filmaron unos jóvenes cineastas. Se solapan además los trabajos de Mateo Feijoo (Portugal, 1968) y de Elena del Rivero (Valencia, 1949), que tras su conocido 'Archivo del polvo', desarrollado a partir de los atentados del 11-S (es conocido que tenía su estudio frente a las Torres Gemelas y lo que significó para ella la tragedia), culmina con esta quema una celebración –jovial– del Desastre: habrá necesariamente un resurgimiento.
Continuará...
De hecho, ha estado meses viviendo en la aldea, hablando con los lugareños y escuchando las historias de sus casas, aperos y muebles, sacando fotos y elaborando 'assemblages' con objetos oxidados, telarañas, memorias y trapos. Con estos utensilios donados por los vecinos y las cenizas de sus pinturas de juventud se crearán nuevas obras que se expondrán, a lo largo de 2025, en el museo antropológico de Miranda do Douro en Portugal y el Museo Tàpies (antes Fundación Tàpies) en Barcelona.
Pero hay algo más. Hay por parte de ambos una renuncia explícita –hay directamente una quema de obras– a actuar por y para el mercado y la institución y una apuesta por recuperar el trabajo para y con la gente. Esto es fundamental, y la arenga de Barber (artista de vanguardia eternamente arrinconado) fue oportuna. A este punto nos ha traído la docilidad de galeristas, coleccionistas y curadores. Pero se resurgirá porque al fondo de un callejón había una pintura que rezaba: 'O Meilghalho'. Y todo se conjuró adecuadamente.
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