PUES DICES TÚ
Hay que caer
Una nueva nueva conversación de las dos personas 'normales', en esta ocasión en una ferretería de las grandes. Como siempre 'profundas' reflexiones

Las dos personas normales se encuentran en una ferretería; no en una de las pequeñas y entrañables, reducto de días más confiados, sino en una de las grandes, con pasillos y estanterías altas, con mangueras enrolladas, cadenas de diferente grosor y cartelitos para identificar cada ... sección.
La primera persona normal ve cómo la segunda estudia un objeto esférico.
—Hola.
—Ah. Hola. ¿Qué tal?
—Yo bien. ¿Y tú?
—Yo normal sólo. ¿Qué es eso?
—¿El qué?
—Eso que tienes en la mano. ¿Es un grifo?
—Pues no lo sé, eso me estaba preguntando. Un pomo de puerta, me parece. O un tirador de cajón, ¿no?
—No lo sé, parece un poco grande. Igual es un adorno.
—¿Un adorno en una ferretería?
—Igual sí. Igual hay sección de adornos. ¿No lo pone?
—¿El qué?
—¿No pone qué es?
—No pone nada, sólo está. Aquí, mira, en la caja.
—¿Y qué sección es esta?
La primera persona normal se inclina hacia atrás en busca de un cartel inexistente. Localiza, como mucho, el carril vacío que quizá lo albergó una vez.
—Igual es la sección de cosas.
—¿La sección de cosas?
—Igual. Igual hay una sección para las cosas. Igual tienen los tornillos, las arandelas, las brocas y las cosas. O las cuñas, los enchufes, los cuelgafácil y las cosas.
—¿Y las cosas qué son?
-Pues no lo sé, las cosas. Las cosas que no se sepa qué son. Las cosas que sobren de otras secciones, las que no sirvan para nada. Las que les lleguen los martes, cuando les llegue lo que hayan pedido y no se acuerden muy bien de para qué son. Igual les pasa mucho, tanto que ha habido que poner una sección. Igual es una sección que ha estado siempre aquí y nos estamos dando cuenta ahora.
—Qué lío, ¿no?
—Pues sí, pero es que la vida es muy liosa a veces, piénsalo. La vida no es que te lo den todo mascado. La vida es darle vueltas al coco.
—Pero si le das vueltas al coco, ya no es vida, ¿no? Eso ya es pensar.
—¡Es que hay que pensar!
—¿Hay que pensar?
—¡Hay que pensar! ¡Estás en la casa de la ciencia!
—¿No es una ferretería?
—¡Es el templo del saber! Mira esas puertas de ahí. Son el acceso a otros mundos.
-¿No son para cerrar el armario?
-Me vale. Mira esas sierras de allá.
-¿Las redonditas?
-Y las otras. Son para despiezar la realidad. Para verla como es.
—¿Estás bien?
—Aquí viven Arquímedes y los otros. Como se llamen. ¿Cómo se llama el señor que tiró no sé qué desde la Torre de Pisa para demostrar no sé qué? Igual tiró cosas de estas. Igual las compró en una ferretería de Pisa, en una ferretería inclinada. Igual esta cosa que ahora vemos, esta cosa redonda de aquí, es para que desarrollemos teorías y descifremos la naturaleza, desde lo de la gravedad hasta lo otro, lo que sea, la energía centrípeta, me parece que era.
—¿Lo de las lavadoras?
—Eso mismo.
—Aquí no hay lavadoras, ¿no?
—Aquí no. Hay que irse a Carrefour, a la parte de fuera, el corral ese que tienen.
—¿El de los televisores?
—Ese mismo. Aquí están los misterios del universo. Las verdades de la física y la química. Bueno, más las de la física, para lo otro ya están las droguerías. Yo me entiendo. ¿Me entiendes tú?
—Yo no.
—Porque hay gente adelantada a su tiempo, que es lo que me pasa a mí. Piensa en Galileo, por ejemplo.
—¿Cuánto rato?
—El que quieras. Piensa en cuando le quemaron en la hoguera, lo importante que sería para él tener razón.
—¿Lo quemaron?
—Me apuesto el chirimbolo este. Piensa en el que inventó la Tierra redonda, el que dijo que iba a ser mejor hacerla así, que lo de la Tierra plana tenía que acabarse, que todo eran problemas para viajar.
—¿Cambió eso alguien?
—Alguien tuvo que cambiarlo, como cuando lo del salto de altura, que dijo uno que iba a saltar de espaldas y resulta que era mejor. Que ahora parece muy fácil, pero hay que caer.
—Tienes razón. Hay que caer.
—Piensa en el que inventó las fotocopias, el tiempo que nos ha ahorrado a todos, que hay que caer también. Y luego cuestan sólo un duro.
—Pues dices tú, pero, ahora que lo dices, igual me traigo al pequeño, que quería ir al Museo de Ciencia, pero se va entretener más aquí. Igual me lo traigo luego.
—Y yo a la mía. Nunca habría imaginado que cupiera tanto saber entre las arandelas y los tacos de goma, que me dan ganas de comprarme una llave inglesa ahora mismo y ponerme a inventar.
—Pues no te cortes. La vida es eso. Comprarse algo e inventar. La vida es una caja de bombones, como digo yo.
—¿En una ferretería?
—Es una forma de hablar. Un símil. Una metáfora.
—Igual la cosa esta redonda es un símil también. Igual es un bombón de metal, un bombón de ferretería, para que le demos vueltas al coco.
—Pues igual.
—Igual es una cosa de esas cuánticas que son y no son a la vez.
—Ya empiezas a pensar como los grandes.
—Igual la sección de cosas nos hace inteligentes a todos.
—No, eso seguro que no.
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