LIBROS
Stephen King, en la cima del terror
Es un superventas y un maestro en hacernos pasar miedo. Hablamos de Stephen King, un escritor popular que, para horror de puristas, empieza a ser reconocido como un gran autor
«Dejemos de lado lo de ser best seller y los estereotipos: este hombre es un genuino escritor de nacimiento. No es Tom Clancy. Escribe oraciones y tiene un gran sentido de la literatura y su prosa desborda Historia literaria. Lo que hace no es algo sencillo, no es mero palabrerío contemporáneo, y no es una tontería. Y lo anterior tal vez sea una forma torpe de decir que algo es inteligente; pero eso es lo que quiero decir.» Quien habló así no fue un colega en lo más alto de las listas de ventas, o un periodista perfilando un fenómeno de masas que ya ronda las cuatro décadas, o un editor intentando seducir al monstruo para que se vaya con él. Quien así habló fue la sofisticada escritora y refinada intelectual y ensayista de alta gama Cynthia Ozick. Y se refería a Stephen King , de quien se acaba de publicar en España la novela 22/11/63 (Plaza & Janés)..
El «efecto Dickens»
Ozick no es la única que piensa lo mismo y la Historia –a pesar de más de un histérico– ha aprendido a reconocer al Rey King no solo como el terrorista literario más consistente de nuestros tiempos sino; también como el autor más cerca de emular el efecto radiactivo más allá del tiempo y del espacio de un tal Charles Dickens. Es decir, el influjo sin fecha de vencimiento de un gran escritor popular, haciendo hincapié en gran. Influjo acompañado por una vida con ribetes legendarios, dickensianos. A saber: pobreza extrema ; repentino y duradero éxito cósmico; adicciones varias a casi todo durante buena parte de la década de los ochenta; accidente casi mortal al ser atropellado por un irresponsable conductor que pareció salido de uno de sus libros; pionero del libro electrónico con su Riding the Bullet (Plaza & Janés acaba de publicar su primer título inédito para descargar en español: Área 81 ); titiritero diabólico detrás del alias del aún más siniestro que él Richard Bachman; miembro de la rock-band de escritores The Rock Bottom Remainders ; inevitable turista invitado a la Springfield de Los Simpson y –otra vez, como Dickens– hombre amado por millones de seguidores en todo el mundo que ya han adquirido, sin protestar y con agradecimiento, más de 350.000.000 de sus libros... y a seguir sumando.
«Área 81» es su primer título inédito para descargar en español
Además, los últimos tiempos han sido más que generosos con King en lo que hace a medallas y honores. Más allá de todo trofeo disponible para un escritor de su raza y género, King (Portland, 1947) ganó un codiciado Premio O. Henry , es colaborador habitual de The New Yorker , The Paris Review le dedicó su consagradora entrevista y –para horror de puristas y de académicos y de Harold Bloom– en 2003 la National Book Foundation , hogar del National Book Award, le concedió su canonizadora medalla a toda una carrera por su «distinguida contribución a las letras norteamericanas» , recibida, entre otros, por Faulkner, Bellow, Cheever, Philip Roth, Sontag, DeLillo, Pynchon y Updike.
¿Placeres pasajeros?
Pero –digámoslo– una prolífica carrera que ya supera ampliamente el medio centenar de títulos ha tenido, inevitablemente, altibajos y claroscuros . Apunte personal: no hace mucho, un tanto preocupado por el relativo entusiasmo que me producían sus recientes novelones La historia de Lisey, Duma Key y La cúpula (siendo este último el primer libro de King que dejé sin terminar; en todos ellos, las partes realistas me parecían más interesantes que las partes de «dar miedo»), volví a los libros de King que me hicieron fan incondicional desde 1974. Tenía curiosidad por comprobar si, en realidad, serían tan buenos o, simplemente, placeres pasajeros en la vida del adolescente que yo ya nunca volvería ser. Sorpresa y alivio: seguían pareciéndome excelentes, didácticos y perfectos y admirables mecanismos de relojería narrativa.
Éxito cósmico: King es un autor amado por millones de lectores en todo el mundo
Sépanlo: entre 1974 y 1979, King disfrutó e hizo disfrutar con la más triunfal y, seguramente, irrepetible de las buenas rachas. A saber: Carrie ; ese Drácula en pueblo pequeño que es El misterio de Salem’s Lot (que leí por primera vez como La hora del vampiro); El resplandor (para mí muy por encima de muchas de las supuestas «Grandes Novelas Americanas» de la actualidad); la colección de relatos El umbral de la noche; ese El señor de los anillos en país grande que es Apocalipsis (en la que me sumergí por primera vez cuando se llamaba La danza de la muerte) y La zona muerta (una de sus/mis favoritas, con un protagonista trágico y entrañable).
El primer temor
Un año después, en 1980, empezaron los problemas y mi primer ligero desencanto con Ojos de fuego. Pero seguí leyéndolo con placer y disciplina y, claro, abundaron las nuevas alegrías –Christine; la maravillosa colección de nouvelles reunida en Las cuatro estaciones; Cementerio de animales (para King, su libro más monstruoso ); Misery , La milla verde , Corazones en la Atlántida– y buenos momentos y malos finales en It, Tommyknockers, La mitad oscura, Un saco de huesos y Cell. Pero lo cierto es que ya nada había vuelto a ser como el primer temor. Hasta ahora, con 22/11/63.
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