arte
San Francisco, el santo antisistema, protagonista de la muestra «On the Road»
Se cumplen ocho siglos del viaje de San Francisco de Asís a Santiago de Compostela. Entre los actos conmemorativos del centenario, «On the Road»: una mirada contemporánea que ilustra el pensamiento «revolucionario» del santo

Hagamos el ejercicio que propone Gloria Moure, la comisaria de On the Road, y obsequiemos a experiencias del pasado con miradas contemporáneas. Imaginen que esto es Twitter y que en mis reducidos 140 caracteres les resumo que estoy a punto de recomendarles una exposición centrada en la figura de San Francisco de Asís. Lluvia de unfollows por parte de aquellos prejuiciosos que piensan que no podrán sacar ninguna lectura –no ya moderna, sino provechosa– de este pilar básico de la Iglesia Católica.
Sin embargo, las consignas del llamado Il Poverello afectaron a todos, creyentes o no, dado que conformaron buena parte de los principios de lo que hoy entendemos por «cultura europea». Y lo que es incluso más interesante: se establecieron en un tiempo crítico y contra unas jerarquías también cuestionadas. ¿No les recuerda eso demasiado a lo que vivimos ahora?
«Lo que hoy conocemos por contracultura y ecología tienen una raíz franciscana», expone Moure. La del santo fue una lucha contra unos estamentos en franca decadencia. Una apuesta por la palabra en tiempo de Cruzadas. La de un caminante y, con ello, un experimentador del paisaje. Un ser humano que otorgó valor al conocimiento sensible cuando se imponía la hegemonía de cierta razón. En el fondo, San Francisco de Asís fue un revolucionario, un «antisistema» de hace casi mil años.
Pensamiento ilustrado
Se celebran ahora ocho siglos de su viaje a Santiago de Compostela. On the Road es una exposición que celebra la efemérides, pero que no se plantea representar su figura, sino incidir en su pensamiento «ilustrándolo» con la obra de 35 artistas internacionales. Los proyectos (diseminados por cuatro sedes: Palacio de Gelmirez, Iglesia de Santo Domingo de Bonaval y cementerio, y plaza del Obradoiro) se insertan en diferentes líneas (o caminos invisibles), inestables, que se configuran y reconfiguran en función de la implicación del espectador (tal y como fluye el pensamiento hoy, cuando lo único que tenemos claro es que nada es inmutable): priman conceptos como el de pobreza; el de caminar como vía de conocimiento; la consideración de la Naturaleza como un todo en el que el ser humano es un igual; el poder de la palabra, pero también la necesidad de la experiencia...
Con todos estos mimbres, Moure plantea un recorrido que implica a toda la ciudad. Y en una ciudad que es cada año final de camiño para miles de peregrinos (de ahí el título). El proyecto se abre y se cierra en Gelmirez con dos obras que hacen referencia directa a Il Giotto , el pintor del Trecento autor de los frescos que reconstruyen la vida de San Francisco en su basílica de Asís. La primera, un monocromo de Yves Klein (Tapiz azul, c. 1956), que, tras una visita en 1948 a este centro de peregrinación en Italia, afirmó haber encontrado una de las bases de su técnica en los cielos del pintor. La última, Buon Fresco, de Tacita Dean , que ha conseguido filmar esos mismos pigmentos a una distancia inusual, descubriendo en ellos nuevas lecturas y asociaciones.
Cada una de las obras seleccionadas por Moure es una pieza perfecta en este engranaje
La de Gelmirez es una de las joyas de la arquitectura medieval española que se ha rehabilitado para esta cita, infrautilizada hasta ahora, pese a su cercanía a la Catedral (con la que está comunicada). La comisaria se alía con sus enrevesados espacios, que invitan a convertir el paseo en metafórico camino y vía de conocimiento. Conocimiento de unas obras que, en la primera planta, hacen alusión a la dignificación de la pobreza del santo (y ahí están los materiales de desecho de Tàpies, Antón Lamazares y Franz West), junto a dorados de santidad convertidos en Tragedia Civil en Kounellis , mientras que Gusmao y Paiva cuestionan en su vídeo las leyes gravitatorias, y con ello, nuestra percepción.
Pensamiento ilustrado
Varios trabajos obligan a poner en alerta los sentidos (sensación frente a razón): la habitación de laurel de Penone o los dibujos de luz de Anthony McCall . Abundan los vídeos, y entre ellos sobresalen el de Mircea Cantor , en el que un ciervo y un lobo, encerrados en la misma sala, se descubren diferentes, pero se respetan; o el de Beuys y su coyote en su histórico I love America... También el de Aníbal López (Testimonio), en el que un sicario se somete desde el anonimato a todo tipo de preguntas. Porque es fácil juzgar desde el confort de una vida feliz. Pero la metáfora más brillante llega del soberbio montaje de Francis Alÿs . El belga recorre los 118 kilómetros del Camino Inglés sin salir de su taller (purgatorio siempre de las ideas del artista), rememorando los viajes imaginarios que desde su celda hacía el arquitecto Albert Speer.
La iglesia de Bonaval recibe grandes instalaciones, como la espiral de Mario Merz (antes habíamos visto otra de Richard Long), inspirada en la serie Fibonacci, el patrón más repetido en la Naturaleza; y delicadas grabaciones, como la de Annika Kahrs, en la que un músico toca para un auditorio de aves El Canto de los Pájaros, de Liszt, inspirado en San Francisco (otro guiño a la música, al Cántico de las criaturas, lo esboza Perejaume , juntando todas sus sílabas en un único golpe).
Moure plantea un recorrido que implica a toda la ciudad. Ciudad que es cada año final de «camiño»
Cuestión de fe
Fuera, en el cementerio (y con un árbol de los deseos de Boltanski como «telonero»), Jorge Barbi se refiere al final de otro camino. O su comienzo, según se vea: la muerte. Eso lo marca el color en el que pinta cada nicho, en función de las creencias religiosas de sus ocupantes.
Y en un paraje con tantas resonancias como la plaza del Obradoiro, un pedestal invertido para sostener el mundo, el de Piero Manzoni , y uno de las mensajes de Lawrence Weiner (Después, Aquí y Allí) sobre la fachada del Hostal de los Reyes Católicos: porque el final del Camino, para San Francisco, y su idea de lo desconocido, no auguran miedo, sino asombro.
Obras de J. Cage, Nam June Paik, Boetti, González-Torres... Cada una es una pieza perfecta en este engranaje. Y a mí no me caben en 140 caracteres. Lanzo el tuit y que crezca el número de seguidores. La exposición lo merece. Palabra de santo.
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