Billie Holiday, la voz infeliz del siglo
JUGUETES ROTOS
Prostituida desde la adolescencia y adicta a la droga y el alcohol, la mítica cantante llevó una existencia marcada por la infelicidad
El descenso a los infiernos de Billie Holiday
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Tuvo una vida desgraciada. Desde su nacimiento hasta su muerte, cuando había cumplido solamente 44 años, Billie Holiday sufrió incontables penalidades y amarguras. Pero se convirtió en una leyenda, en la más grande cantante de jazz de todos los tiempos, en un mito ... que ha sobrevivido hasta hoy. La revista Time eligió su 'Strange Fruit' como la mejor canción del siglo XX.
Hay muchas biografías truncadas por la incapacidad de asimilar el éxito y la fortuna, pero no es el caso de esta mujer. Siempre fue infeliz. Billie Holiday nació en 1915 en Filadelfia. Su padre, que era guitarrista en una orquesta, tenía 15 años. Y su madre quedó embarazada con 13 años. El matrimonio se desintegró a los pocos meses de venir al mundo. Billie creció al cuidado de unos familiares puesto que su madre tenía que ausentarse para ganarse la vida. A los diez años, fue violada.
Tres años después, Billie emigró junto a su madre a Nueva York tras haber sido internada en una escuela católica. Empezó a hacer algunos trabajos domésticos para sobrevivir, pero, como no era capaz de salir de la miseria, comenzó a ejercer la prostitución. Apenas había cumplido 14 años cuando ya frecuentaba las calles para obtener unos pocos dólares.
No hay una fecha exacta para saber cuándo se hizo adicta a la droga y el alcohol. Probablemente poco después de 1930 en la época en la que empezó a cantar en los clubes de Nueva York. Su voz era prodigiosa y su manera de interpretar, única. En 1932, el productor John Hammond la descubrió en el Monette y convenció a Benny Goodman para grabar con ella.
Fue el comienzo de una carrera triunfal, de una década prodigiosa en la que actuó con los mejores músicos de la historia del jazz. Ben Webster, Lester Young, Count Basie, Artie Shaw y otros se peleaban en los años 40 por estar junto a ella en los clubes de las grandes ciudades del país. Pronto firmó un contrato con Columbia y, más tarde, con Verve y otros sellos que se disputaban su talento. Su voz se convirtió en un icono mientras los soldados luchaban en las trincheras de la II Guerra Mundial.
Si el éxito sobrepasaba todas sus expectativas, su vida personal era tan desgraciada como en su adolescencia. Se casó en 1941 con el trompetista Jimmy Monroe, pero a los pocos meses ya tenía otra relación. Tras divorciarse en 1947, contrajo matrimonio con un mafioso llamado Louis Mckay, un hombre muy violento que la maltrataba. McKay intentó sin éxito sacarla de las drogas cuando ya era adicta a la heroína. Las malas lenguas decían que Billie mantenía un vínculo sentimental con la actriz Tallulah Bankhead, algo que ella siempre desmintió, aunque reconoció que era bisexual.
Fue en los últimos años de su vida una activista contra la segregación racial, lo que probablemente fue el motivo de la persecución policial que la llevó a la cárcel. 'Strange Fruit' se convirtió en un himno de los negros. Fue detenida a principios de los años 50 y condenada a ocho meses de prisión por tenencia de heroína. La persona que denunció a Billie fue un inspector de policía que era su amante y que quería conseguir méritos para ser ascendido. Tras salir de la cárcel, no podía actuar en público porque su licencia había sido revocada por las autoridades federales.
«Estoy harta de esta mierda de vida. Lo he intentado todo, pero no he podido dejar la droga», le dijo al guitarrista John Collins unos meses antes de morir
«Estoy harta de esta mierda de vida. Lo he intentado todo, pero no he podido dejar la droga», le dijo al guitarrista John Collins unos meses antes de morir. Billie había vuelto a Estados Unidos desde Europa cuando fue de nuevo fue advertida que estaba siendo investigada por tenencia de estupefacientes.
Cirrosis y las cuentas vacías
No fue detenida, pero entró en una depresión tras la muerte de Lester Young, el saxofonista que había sido su amigo y confidente. En su funeral, Billie predijo su muerte inmediata: «Todos lo que amo están muertos y yo, también». Había perdido casi 20 kilos de peso y tenía cirrosis, insuficiencia coronaria y un aspecto cadavérico.
Dos meses después, fue internada en un hospital de Nueva York. Estaba bajo arresto domiciliario y llegó a haber un policía vigilando su habitación pese a que era incapaz de levantarse de la cama. Murió el 17 de julio de 1959. Tenía sus cuentas vacías y 750 dólares atados a una pierna en un sobre. Fue enterrada en el Bronx, donde todavía su tumba es objeto de culto.
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