Liliana Colanzi: «La literatura tiene algo de espiritismo, de convocar al pasado»
La escritora boliviana, ganadora del Premio Ribera del Duero por el libro de relatos 'Ustedes brillan en lo oscuro', defiende que «hay un ejercicio arqueológico para dar voz a las autoras que en otras décadas fueron ignoradas»
«No me interesa que mis personajes piensen como yo», asegura la también periodista y editora

Para la escritora Liliana Colanzi (Bolivia, 1981) lo personal es político. Y también, como no podía ser de otra forma, literario. Profesora de literatura latinoamericana y escritura creativa en la Universidad de Cornell (Nueva York), se ha alzado recientemente con el VII Premio Ribera del Duero ... gracias al libro de relatos 'Ustedes brillan en lo oscuro' (Páginas de espuma). El volumen recoge un conjunto de seis cuentos que abren un inmenso abanico de temas gracias a una escritura sin aditivos y directa que habla de ecología, de feminismo y del tiempo. «No me interesa que mis personajes piensen como yo» , asegura la también periodista y editora, autora de libros como 'Vacaciones permanentes' (2010) y 'Nuestro mundo muerto' (2016) y que este fin de semana firmará ejemplares en la Feria del Libro de Madrid (FLM).
-¿Ya ha digerido que le otorgaran el Premio Ribera del Duero? ¿Qué le ha supuesto la consecución del galardón?
-Estoy especialmente agradecida por el hecho de que el libro se ha publicado simultáneamente en varios países. Aquí en España, por supuesto, pero también en Bolivia, en Colombia, en México... Y próximamente va a estar en librerías de Argentina y Uruguay. El premio proporciona una distribución espectacular y me entusiasma mucho la posibilidad de que llegue a lectores de varios países de manera simultánea.
-Da la sensación que con este volumen busca o intenta jugar constantemente con el lector. En los seis relatos, lo lleva del pasado al presente; lo sumerge en historias de fantasía pero también violentas; hay miedo, ternura, hay ecologismo... ¿Es premeditado?
-Lo que me interesa es explorar las posibilidades que ofrece el cuento. En un cuento como 'La Cueva' hay seres humanos, pero son una pequeña parte de la historia. En realidad es la cueva a través del tiempo y todos los seres que la van atravesando a lo largo de miles de años. En otro de los cuentos, la historia está contada por un mosaico de voces también en diferentes momentos, porque me interesa explorar los eventos a lo largo de un periodo grande y las diferentes perspectivas. Al final, son cuentos que están escritos en algunos casos en modo de ciencia ficción, fantástico u horror, pero que exploran diferentes cuestiones políticas que a mí me interesan.
-Al final, pese a esa mezcla de géneros y la casi obsesión por hablar del tiempo, ¿lo personal es político en su literatura?
-Exacto. En uno de los cuentos, 'El camino angosto', se habla de una colonia religiosa en la que las mujeres tienen prohibido salir. Hay un control sobre los cuerpos de las mujeres, una idea muy rígida de la pureza. A pesar de que se trata de ficción, hay mucho contacto con nuestra realidad. Ahora mismo en Estados Unidos, que es donde yo vivo y donde doy clases, hay todo un movimiento para limitar el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos.
«Géneros como la ciencia ficción o lo fantástico son maneras desplazadas de hablar de lo político, porque justamente están en el horror», asegura
-Entonces, ¿entiende la literatura como altavoz social?
-No de una manera directa, porque si bien yo puedo apoyar muchas causas y tener una opinión sobre diferentes temas políticos y sociales, la literatura es un terreno más resbaloso, más contradictorio, en el que no me interesa que mis personajes piensen como yo. Creo que géneros como la ciencia ficción o lo fantástico son maneras desplazadas de hablar de lo político, porque justamente están en el horror.
-Asegura que, pese a que se decanta por este género, enfrentarse al relato le genera resistencia. ¿Por qué?
-Cada relato es una búsqueda. Yo nunca sé, a priori, qué es lo que voy a contar sino que espero que el cuento me revele un algún tipo de verdad que intuyo pero que que no conozco. Y en ese sentido sí es una lucha o una búsqueda en la oscuridad para tratar de llegar al hueso de la historia. Para realizar esa búsqueda tienes que perderte mucho, pasar por caminos secundarios hasta que de pronto hay algo que hace clic y te lleva a aquello que estabas intuyendo.
Literatura y feminismo
-Ha dicho que, a lo largo de la historia, las escritoras no han sido olvidadas sino silenciadas, que no va a participar en ferias ni eventos en los que no estuviera representada la mitad de la población, es decir, las mujeres; coordinó la edición del ensayo 'La desobediencia'... ¿Hay realmente un cambio en el sector editorial en lo que se refiere a dar visibilidad a las autoras?
-Es producto de una conciencia política que se ha dado cuenta de que no podemos hablar de democracia sin tener la voz del 50% de una población y es el resultado de luchas feministas que se han dado durante un largo tiempo. Me parece muy interesante que ese micrófono que se le ha dado a muchas autoras no se está quedando simplemente en una celebración de la escritura contemporánea de mujeres sino que hay un ejercicio arqueológico para dar voz a las escritoras que en otras décadas fueron ignoradas. Ese es un trabajo que están haciendo tanto editoriales como críticos, en especial las críticas y también las escritoras. De hecho, yo misma he llegado a la obra de muchas autoras gracias a la recomendación de otras escritoras. Gracias a Verónica Gerber, por ejemplo, conocí la obra de Amparo Dávila, racias a la recomendación de Brenda Lozano accedí a la obra de Nellie Campobello o gracias a Mariana Enríquez conocí a Silvina Ocampo.
-¿Pesa la etiqueta, la responsabilidad, de ser una de las autoras latinoamericanas a tener más en cuenta en la actualidad?
-Yo me siento acompañada por muchísimas escritoras con las cuales estoy en diálogo y en deuda, tanto autoras del presente como del pasado. La escritura es un proceso solitario pero el hecho de sentarte frente a una computadora también te hace luchar contra unas fuerzas muy colectivas. La literatura tiene algo de espiritismo, de convocar al pasado. Yo leo y admiro mucho a escritoras actuales como Fernanda Trías, Mónica Ojeda, Giovanna Rivero, Verónica Gerber y Clyo Mendoza. Un sinfín de escritoras que están trayendo al debate tanto formas como temas nuevos. Pero también me siento en deuda con todas aquellas que han tenido que pelear por tener una voz pública y que han abierto camino a las que vinimos después.
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