Carlos Pacheco: «Es injusto ver que lo que tú haces genera millones de dólares y a ti no te toca ni la pedrea»
El dibujante de Marvel reflexiona sobre cómo los artistas del cómic, que alimentan las superproducciones cinematográficas de superhéroes con sus diseños y líneas argumentales, no generan derechos de autor por trabajar para las franquicias
Carlos Pacheco (San Roque, Cádiz, 1962) tiene el honor de aparecer en los créditos de agradecimiento de ‘ Vengadores: Endgame ’, la segunda película más taquillera de la historia, ahí es nada. También figura en los de ‘ Loki ’ y en los ... de ‘ Falcon y el Soldado de Invierno ’, las dos nuevas series de Marvel. ¿El motivo de todo esto? Que de su mano salieron los diseños de Falcon como nuevo Capitán América, un trabajo que publicó en cómic y por el que no ha generado ni un euro por derechos de autor, a pesar de que ha aparecido en producciones millonarias.
—En Estados Unidos los dibujantes y guionistas del cómic se han empezado a quejar de que sus trabajos se utilicen en películas y series que generan ingresos millonarios y ellos no perciban nada por derechos de autor. ¿Por qué se produce esta situación?
—Es un tema complejo. Cuando tú trabajas para una compañía que es la propietaria de los conceptos, tú cedes los derechos de creación a la compañía. Se supone que en tu construcción como artista, como escritor, como guionista, estás trabajando con conceptos que ya son populares, y entonces tú te aprovechas de eso. Pero claro, no deja de ser francamente injusto que desde una posición de creador veas que lo que tú haces genere millones de dólares y a ti no te toque ni la pedrea [ríe].
—¿Se trata de algo nuevo o ha ocurrido siempre?
—Esta situación viene arrastrada desde los tiempos de Jerry Siegel y Joe Shuster, cuando vendieron los derechos de Superman a DC en 1938. La de millones que generó Superman, y estos dos señores arrastrándose, sobreviviendo como podían.
—¿Es esta la gran lucha pendiente del mundo del cómic?
—No es un problema del mundo del cómic, es un problema de franquicias y de la gente que sostiene estas franquicias. Es una batalla que comenzó con ellos, con Jerry Siegel y Joe Shuster. Qué más da que los millones los dé una película o toallas de la playa o calzoncillos o muñecos: es indiferente, ese dinero viene de unos productos que los origina un personaje que fue creado por dos chicos y que se publicó en el año 38. Y que tuvieron la mala suerte o que cayeron víctimas de un sistema legal que defendía que no solamente vendías lo que hacías sino los derechos devengados de esos productos. Es una trampa en la que cayeron. Y eso ha sentado las bases del funcionamiento de una industria en la que los personajes son propiedad de la compañía, no de los autores.
—¿Tiene esperanzas de que esto vaya a cambiar?
—No es una situación irresoluble, en absoluto. Igual que los autores han conseguido que se reconozcan royalties y se reconozcan derechos de devolución de originales que durante décadas no han sido ni siquiera contemplados, el hecho de que los beneficios de las películas no repercutan económicamente en los derechos de los autores no quiere decir en absoluto que no sea una batalla que haya que librar y conseguir. Son derechos a los que los autores deberíamos aspirar. Conseguir que nuestras creaciones, aunque sean sobre personajes que ya existen, sean contempladas de manera económica, y no solamente con una palmadita en la espalda. Pero hoy en día, y con la legislación vigente, las editoriales no tienen que pagar a los autores. Cambiar eso significaría cambiar toda la política de propiedad intelectual en la que se basa Marvel. Y su negocio.
—En España, ¿la situación es diferente?
—Es que es un problema de franquicias. No es una cuestión de Estados Unidos, es una cuestión de Marvel y DC. En Estados Unidos el cómic de autor, de creación propia, sí deviene los beneficios en los autores... En España hubo un problema con Mortadelo y Filemón y con la mayoría de personajes de Ibáñez que eran propiedad de Bruguera, que retenía la propiedad intelectual. Cuando Bruguera desaparece, Ibáñez no puede trabajar con sus personajes, porque no eran de su propiedad. Y por eso se inventa a Chicha, Tato y Clodoveo. Para salir del paso mientras tenía un litigio con Ediciones B, que adquirió el fondo de Bruguera. Al final consiguió tener sus derechos, y ahora lo que eran personajes franquiciados en aquel momento son legalmente propiedad del autor. Y los derechos devengados de Mortadelo y Filemón pasan al creador también.
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