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ABC Cultural

Amador Vega: «El lenguaje de la filosofía moderna nace de la mística»

Con su «Tratado de los cuatro modos del espíritu» (Alpha Decay), el filósofo dibuja el trayecto espiritual de Occidente, a partir de un texto de Llull

ELENA CARRERAS Amador Vega, durante la entrevista

Hace quince años, cuando cursaba su doctorado en Filosofía en la Universidad de Friburgo, el profesor Amador Vega quedó prendido de un fragmento del «Compendium Logicae Algazelis», la primera obra que dio a luz el beato Ramon Llull, allá por 1271. Escrito originalmente en árabe y del que se conservan copias del mismo Llull en latín y catalán, aquel pasaje referido al filósofo persa Algazel originó una tesis doctoral y condujo a Amador Vega por territorios muy diversos del pensamiento místico: del Maestro Erkhart, al budismo de la Escuela de Kioto.

Pasaban los años y el pensador catalán fue dibujando la geometría de la compleja experiencia del conocimiento que ahora ha sintetizado en el «Tratado de los cuatro modos del espíritu», un libro que estos días ha tenido como marco unas jornadas en la Universitat Pompeu Fabra sobre «Mística Europea y Budismo Zen»: Amador Vega ha mantenido encuentros con pensadores como el suizo Alois M. Hass o el japonés Shizuteru Ueda.

Mística y modernidad

La Mística, explica Vega, es la gran tradición espiritual de Occidente: «Surge en el siglo XIII en la cuenca del Rhin y tiene su momento álgido con Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz... La filosofía moderna nace en su lenguaje con la Mística».

Otra cosa son las mistificaciones, «como la literatura mística, la Escolástica decadente que se expresa en un latín apelmazado, o, en la actualidad, epígonos baratos como la autoayuda». Como ejemplo de la Mística aplicada a la literatura moderna, menciona Vega «El hombre sin atributos», de Robert Musil quien recoge para su personaje un término del Maestro Erkhart: «El hombre que no tiene «atributos» o «cualidades» constituiría el máximo ejemplo de desasimiento».

La mistificación de las palabras ha llevado a la confusión. Ejemplo: la religión y lo sagrado. «La religión es un modelo cultural para abordar lo sagrado, pero lo sagrado no debe limitarse a lo religioso», puntualiza Vega. A partir de los colores y su plasmación estética, el filósofo se enfrenta al gran reto: aplicar lo espiritual al mundo real. Como Zaratustra, dejar la cima de la montaña para sumergirse en la plaza pública.

En su «Tratado de los cuatro modos del espíritu», Amador Vega reivindica las tres potencias del alma: Memoria, Intelecto y Voluntad. «La memoria no juega ningún papel en la enseñanza, cuando fue la fundadora de la cultura europea. El intelecto no debe confundirse con la razón: se refiere, como en el Medievo, al espíritu y no se limita al racionalismo de Descartes. La Voluntad no es el deseo sino el motor que lleva al Entendimiento...», matiza.

Quince años después de aquella enigmática lectura luliana, Amador Vega ha dibujado en un cuadrado la experiencia de la vida creadora, entre lo sensible y lo inteligible.

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