Restos visibles en la Catedral
La basílica de San Vicente Mártir, la primacía de lo cristiano
La mezquita se levantó sobre los restos de una basílica hispano-romana

Si una parte de la artillería de quienes pretenden quitar la Catedral al Cabildo habla de que se quieren borrar las huellas de la Mezquita incluso del mismo nombre del monumento, olvidan que antes que templo consagrado al culto musulmán fue una iglesia cristiana, y que los restos todavía están visibles y a la luz. La Iglesia sería así anterior y posterior en el edificio al Islam, y además con unos restos casi únicos en la Europa occidental, tanto por la época como por la calidad.
La basílica de San Vicente Mártir se levantó en el siglo VI, es decir, antes de la llegada de los visigodos. Los arqueólogos e historiadores quieren descartar así el origen asociado a esta cultura que se ha atribuido al templo que se levantó donde más tarde estuvieron la Mezquita y la Catedral. El arqueólogo Pedro Marfil dirigió los trabajos que sacaron a la luz los mosaicos y restos de esta construcción hispano-romana. Según él, debió de formar parte de un conjunto de templos, a semejanza del estilo que creó una de las figuras más importantes de la Iglesia de Córdoba: el obispo Osio, consejero del emperador Constantino, en el siglo IV.
Los trabajos para sacar estos restos a la luz y mostrarlos se realizaron entre los años 2004 y 2005, y desde entonces los visitantes de la Catedral pueden asomarse a una serie de mosaicos romanos en los que se reproducen iconografías cristianas. Así, Pedro Marfil identificó el nudo de Salomón y cráteras, un símbolo arcaico de la pureza en el que se muetran flores, además de palomas, como alusión al Espíritu Santo, y coronas de espinas que evocan la Pasión de Jesucristo.
Se trata de mosaicos que siguen la tradición romana a la que pertenecen, pues Córdoba continuaba siendo una de las ciudades más importantes y mejor comunicadas de Hispania, pero ya inscritas en el cristianismo. Los visitantes no sólo pueden conocer este mosaico, protegido por una capa de metacrilato que permite admirarlo en su integridad, sino también restos encontrados en el subsuelo y que muestran algunos de los elementos que han aparecido en los trabajos, tales como columnas, capiteles y mesas para el culto.
Pedro Marfil recuerda cómo los restos no sólo son relativos a la basílica de San Vicente, sino que muestran además vestigios de otros templos que formaron parte del mismo conjunto. Permitieron, además, certificar que no fue una iglesia visigótica, como se dijo, sino muy anterior a la llegada de este pueblo, que estuvo en España hasta la invasión musulmana. El impulso que se dio a este trabajo en tiempos del obispo Juan José Asenjo permitió no sólo mostrar que la basílica de San Vicente había dejado abundantes muestras, sino también conocer mejor el subsuelo de la Catedral, donde también aparecieron muros que se correspondían con la iglesia destruida por los musulmanes. Desde 2005 está todo a la vista en el subsuelo de la Catedral.
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